Bolsa

La Bolsa, según un grabado conservado en la Biblioteca Nacional de París.

De Van der Buerse, y este apellido del latín bursa, “bolsa”.

La bolsa es un mercado organizado, con reconocimiento legal, en el que se compran y venden mercancías, acciones de empresas y otros medios de inversión, sin presencia física de aquello que se negocia ni, habitualmente, de los compradores y vendedores, y en el que las operaciones son efectuadas por intermediarios, los corredores de bolsa, que perciben una comisión por la realización de tales operaciones.

En términos generales, en los países en los que rigen los principios de la economía de libre mercado la bolsa es el principal escenario de operaciones financieras. En ella se contratan generalmente valores de toda índole, si bien existen bolsas especializadas en las que se contratan mercancías y servicios, tales como productos agrícolas, metales preciosos, seguros, etc.

Principios de la actividad bursátil

Aunque la variedad de productos financieros que se negocian en la bolsa es ciertamente amplia, la base de la actividad bursátil es la compraventa de acciones, es decir, de las participaciones en las que se subdivide el capital de una empresa. Cuando ese capital se divide entre el número de acciones, se obtiene el llamado valor nominal de éstas, que se diferencia del valor de cotización, correspondiente al que están dispuestos a pagar los inversores bursátiles por ellas.

En este contexto, la primera función de la bolsa es la de proporcionar una vía a las empresas y entidades financieras para que obtengan dinero a partir de las llamadas ampliaciones de capital, por las que se solicita más dinero a los inversores, que pueden libremente acudir o no a la ampliación, a la vez que supone para los inversores un medio de aumentar sus ganancias obteniendo liquidez, es decir, convirtiendo las acciones en dinero cuando su cotización sea superior a la que tenían cuando fueron adquiridas, beneficiándose de la correspondiente plusvalía.

Otro medio de obtener ganancias para el inversor es aquel en el que la empresa de la que es accionista reparte dividendos. Es entonces cuando la empresa titular de los valores distribuye los beneficios que ha obtenido asignando una determinada cantidad a cada acción.

La evolución de la bolsa puede ser evaluada por los inversores a partir de la consulta de los índices bursátiles, que pueden ser generales, sobre la evolución de una determinada bolsa en su conjunto, o sectoriales, referidos a cada área de negocio. En bolsas de gran volumen de negocio, como la de Nueva York, ciertos índices, como el Nasdaq, de valores tecnológicos, se han convertido en productos financieros por sí mismos, en razón de su potencial valorización.

Por cuanto se refiere a la gestión de los títulos y valores adquiridos, existe la posibilidad de que el propio inversor acuda al mercado bursátil para negociarlos por sí mismo, aunque lo más común es que se opere a través de gestores profesionales de valores y fondos de inversión que, además de ejecutar las órdenes de compra y venta, prestan asesoramiento sobre cuáles son los valores más adecuados en cada momento para favorecer la obtención de beneficios.

Para elaborar su “cesta” de productos financieros, los inversores suelen combinar distintos valores, distribuidos en algunas de las siguientes categorías:

1. Fondos de renta fija pura, integrados por letras, bonos y obligaciones. Se caracterizan por poseer una rentabilidad fija y carecer de riesgo para el inversor, puesto que se percibe su valor preestablecido una vez transcurrido un determinado plazo.

2. Fondos de renta variable pura, constituidos por acciones cuyo precio está marcado por las continuas variaciones de sus cotizaciones.

3. Fondos de renta fija o variable mixta, que son aquellos en los que el conjunto de fondos pertenece a una de las dos categorías anteriores, aunque con parte de acciones o de valores de renta fija para moderar el riesgo de la inversión.

Evolución histórica de la bolsa

En la antigüedad clásica se cuenta con referentes de centros y asociaciones en los que se reunían los tratantes para establecer acuerdos comerciales, como los collegia mercatorum surgidos en la Roma imperial. No obstante, los antecedentes más directos de las actuales bolsas fueron, ya en la baja edad media, las lonjas, edificios públicos destinados a la realización de contrataciones comerciales y mercantiles, establecidos en varias ciudades de Europa occidental, como Barcelona, Palma de Mallorca, Ámsterdam y Brujas, donde comenzaron a operar los corredores de cambio, antecesores de los actuales agentes de bolsa. En la ciudad flamenca de Brujas desempeñaba esta función la familia de banqueros Van der Buerse, de cuyo nombre deriva probablemente el término bolsa.

A partir del siglo XV se fueron estableciendo bolsas de comercio en Amberes, Lyon, Londres, Berlín, París y, más tarde, en otras ciudades de Europa y en las principales de América. En 1792 se fundó la Bolsa de Nueva York, conocida por el nombre de la calle en la que se estableció su sede, Wall Street, y que con el tiempo se convertiría en el principal centro bursátil mundial.

A partir del siglo XIX, las bolsas se convirtieron en un elemento impulsor esencial de la economía, canalizando el ahorro privado hacia el marco de financiación de las grandes empresas y favoreciendo el flujo de capitales. No obstante, la naturaleza especulativa de la actividad bursátil dio también lugar a graves crisis, como el cracde la Bolsa de Nueva York tras el llamado “jueves negro” (24 de octubre de 1929), que sería el desencadenante de la Gran Depresión, uno de los mayores periodos de recesión económica de la época moderna, con repercusiones a nivel mundial.

La evolución hacia la bolsa moderna dio lugar a la diferenciación de numerosos tipos de valores e instrumentos bursátiles que determinaron el surgimiento de una serie de operaciones para inversores y empresas al que se ha designado como ingeniería financiera. En su entorno se distinguieron instrumentos financieros como los contratos a plazo, los contratos de futuros, que obligan a los signatarios a comprar o vender valores en fecha y precio predeterminados; las opciones, también conocidas como stock options, en las que el comprador tiene el derecho, pero no la obligación, de comprar o vender a precio y plazo preestablecidos, o las permutas financieras, también conocidas como swaps, en las que se acuerda un flujo de dinero entre los contratantes en fecha futura.

La transición del siglo XX al XXI ha estado marcada por el auge de las empresas basadas en las nuevas tecnologías e Internet, dando lugar a lo que se ha conocido como “nueva economía”. En paralelo, se estableció una corriente especulativa bursátil que determinó una importante crisis, la llamada “burbuja.com”, de repercusiones internacionales. Las empresas que conformaban el Nasdaq, el índice tecnológico de la Bolsa de Nueva York, pasaron de una cotización de 5.000 puntos en 2000 a una de 1.300 puntos en 2002, lo que llevó a la quiebra a muchas de las sociedades del sector y se difundió la idea de que se había creado una burbuja especulativa para obtener beneficios rápidos en la bolsa.

Ello no obstante, a lo largo de la década de 2000 algunas de las grandes empresas que operan en Internet, las llamadas empresas virtuales, se han constituido en importantes referentes bursátiles, dentro de un contexto en el que la globalización y la generalización de la aplicación de las nuevas tecnologías daba una dimensión plenamente transnacional a los mercados de valores.