Comercio

Serie de comercios en una calle de El Cairo.

Del latín comercium; de cum, “con”, y merx, “mercado”.

El comercio comprende un conjunto de actividades económicas encuadradas en el marco de la compraventa de bienes y servicios entre productores y consumidores. La diversidad del objeto de las transacciones incluye elementos como bienes y servicios de consumo, como por ejemplo alimentos o viajes; materias primas y servicios industriales, como petróleo o procesos de refinación del mismo; bienes de producción y de capital, como instalaciones industriales y maquinaria, o valores financieros, como acciones u obligaciones.

Aunque en sus planteamientos globales las actividades comerciales cuentan con una serie de principios generales aplicables a todas sus modalidades, se suelen diferenciar varios tipos de ellas, como el mayorista y el minorista. Se establece también una distinción entre el comercio interior y el internacional. Por otra parte, en los últimos años ha irrumpido con fuerza, en el ámbito de las transacciones comerciales, el comercio electrónico, realizado a través de redes informáticas como Internet.

Evolución histórica del comercio

La permuta o trueque de mercancías es tan antigua como el ser humano y constituye la base del origen del comercio. Culturas antiguas como la fenicia o la griega aportaron, en torno al siglo VII a.C., el uso de la pieza de metal como moneda de cambio, función para la que, hasta entonces, se habían utilizado objetos y productos como grano, sal, conchas o colmillos, según los diferentes entornos. El uso de la moneda no metálica perduraría en algunas culturas como las precolombinas, en las que se empleaban como tal, entre otras cosas, las semillas de cacao.

En la antigüedad, los intercambios entre las distintas regiones (el incipiente comercio internacional) se realizaba predominantemente por mar. Sin embargo, fenómenos históricos, como la expansión del Imperio romano o las cruzadas, determinaron el establecimiento de rutas comerciales terrestres. Por tierra o por mar se fueron estableciendo enlaces para crear vías de comunicación que permitiesen obtener los más apreciados productos. En la Edad Media y el Renacimiento registraron un intenso tráfico comercial rutas como la de la seda, que enlazaba China con Bizancio y con la Europa occidental, o la de las especias, que alcanzaba por mar desde Europa los puertos de las actuales Indochina e Indonesia.

La actividad comercial medieval se vio incrementada con la aparición de los cambistas, antecedentes de los banqueros que, ya en la edad moderna, trascenderían el ámbito de lo comercial convirtiéndose algunos de ellos, como los Medici florentinos o los Fugger alemanes, en financieros de reyes y emperadores. Era ésta la época de los grandes descubrimientos, en la que España y Portugal dominaron el comercio con Latinoamérica, en tanto que franceses, británicos y holandeses abrían nuevas rutas comerciales en el Atlántico norte, el Índico y el Pacífico. Estas rutas serían el sostén de los grandes imperios coloniales, que se constituyeron en elementos de dinamización del comercio a nivel mundial, aunque siempre a favor de las grandes potencias coloniales.

Este planteamiento a escala planetaria, activado en los siglos XIX y XX por los continuos avances tecnológicos, tendría su reedición, ya en nuestro tiempo, cuando se implantó la noción de globalización, entendida en este contexto como apertura de un área de libre circulación de bienes y servicios que comprende todos los rincones de la Tierra y que se encauza predominantemente a través del comercio electrónico, en el que los intercambios tienen lugar en el espacio virtual de redes informáticas como Internet.

Tipos de comercio

Como se ha apuntado, la regulación de los intercambios comerciales se planteó tradicionalmente sobre la base de la diferenciación entre el comercio interior, es decir, entre personas o entidades presentes en un país, o internacional, que es el que se desarrolla traspasando fronteras.

No obstante, también se diferencian otros tipos de comercio. Así, el comercio mayorista o al por mayor es aquel en el cual el comprador no es el consumidor final de la mercancía adquirida, sino que actúa como mediador entre los consumidores o las empresas destinadas a su transformación. En sentido opuesto, el comercio minorista es aquel en el que el comprador es el usuario o consumidor del producto con el que se mercadea. Un caso mixto entre ambos es el del comercio que tiene lugar en grandes almacenes e hipermercados (las llamadas grandes superficies comerciales), que pueden adquirir importantes volúmenes de mercancía, como los mayoristas, pero orientándolos a su comercialización directa al consumidor, lo que favorece la reducción de precios, en este caso en detrimento de los comerciantes minoristas a pequeña escala. Asimismo, se establece distinción entre el comercio por cuenta propia y el comercio por comisión, siendo este último aquel en el que la actividad de compraventa se lleva a cabo por cuenta de un tercero.

Por cuanto se refiere al medio a través del cual se produce el transporte de la mercancía destinada a la transacción, se distinguen los comercios terrestre, marítimo y aéreo. También en relación con el medio de intercambio se ha consolidado en nuestra época el comercio electrónico, en el que las ofertas de productos y las transacciones pueden realizarse a través de redes como Internet.

El comercio interior

El comercio interior tiene lugar en un espacio económico homogéneo y se halla sujeto a una regulación normativa unificada, con la salvedad de los estados federales, en los que las autoridades estatales o autonómicas pueden introducir variables. Este tipo de comercio tiene una de sus cualidades en la propia limitación de su entorno, ya que permite distribuir de manera más o menos uniforme las mercancías con las que se desarrolla la compraventa en el territorio del país, así como regular su disponibilidad en el tiempo, atendiendo a ciclos de producción, estacionales, etc.

Por el contrario, presenta como inconveniente la limitación de productos, en tanto que sólo se abastece de las mercancías producidas dentro de unas determinadas fronteras. Es en la distribución comercial interior en la que se establece fundamentalmente la distinción entre mayoristas y minoristas.

Comercio internacional

El comercio internacional o exterior es el que comprende las transacciones entre personas, empresas o gobiernos de diferentes países. Desde el punto de vista evolutivo, este comercio se ha vinculado a sucesivas doctrinas económicas. Desde la gestación de los principios de la economía moderna, entre los siglos XVI y XVIII, predominó el mercantilismo, basado en la teoría de que la riqueza de un país se fundamenta en el fomento de la actividad agrícola y manufacturera, de modo que se aumenten en la mayor medida posible las exportaciones y se reduzcan las importaciones. Para ello el estado debía establecer medidas de protección, antecedentes del proteccionismo o intervensionismo, y se debían acumular reservas de metales preciosos, fundamentalmente oro, con el fin de evaluar el nivel de enriquecimiento del país.

Como reacción al mercantilismo se desarrolló en el siglo XVIII la fisiocracia, doctrina que abogaba por el libre comercio y que constituiría el germen del capitalismo, sistema predominante en la economía moderna y que se basa en un mercado completamente libre del control del estado. Como reacción a este planteamiento se desarrollaron teorías político-económicas, como el comunismo, para los que el comercio, como los restantes aspectos de la economía, debía ser regido exclusivamente por el estado.

En el ámbito de la globalización de mercados, la primera regulación internacional se llevó a cabo con el GATT (Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles, por sus siglas en inglés), cuya primera versión nació de 1947 como un plan global de regulación de la economía tras la Segunda Guerra Mundial. Ya en la primera década del siglo XXI el comercio mundial era regulado a escala planetaria por la Organización Mundial del Comercio, fundada en 1995 por los miembros del GATT y con sede en Ginebra. En los fundamentos de estas organizaciones ha prevalecido la tendencia al libre comercio, doctrina económica cuyo principio esencial se centra en la tendencia a la erradicación de las limitaciones impuestas por los gobiernos al flujo comercial voluntario y natural de bienes y servicios. A través de él se aboga, pues, por eliminación de aranceles y por la circulación espontánea de mercancías y servicios en el marco de una economía globalizada.

Como otros aspectos de la globalización, este planteamiento tiene tanto partidarios como detractores. Estos últimos manejan como argumento esencial que las corrientes de libre comercio son favorables a los países más industrializados, en tanto que, en términos reales, ellos mantienen medidas proteccionistas dentro de sus fronteras, mientras que exigen la desaparición de tales medidas de intervención en los que se hallan en vías de desarrollo. Tal razonamiento cuenta efectivamente con varios ejemplos. Así sucede en los Estados Unidos o los países de la Unión Europea (UE) con el establecimiento de cuotas limitadas de importación o de subsidios a la producción agrícola propia, en detrimento de los productos agrícolas procedentes de los países en desarrollo.

A pesar de las tendencias opositoras al comercio libre en el marco de una economía globalizada, en las décadas de 1990 y 2000 se constituyeron numerosas áreas subcontinentales y continentales de libre comercio, con antecedentes como la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA), establecida en la década de 1950 por algunos de los países más tarde artífices de la UE, que en 2007 contaba con 27 miembros unidos en una gran área común de libre comercio.

El continente americano ha sido escenario de numerosas experiencias de este mismo tipo. Cabe citar así el Mercado Común del Sur (Mercosur), formado por la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay en 1991 y al que se incorporó Venezuela en 2006; el Tratado del Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, por sus siglas en inglés), que desde 1994 reúne en un área de Libre Comercio a Canadá, los Estados Unidos y México; o el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), planteada como gran zona comercial de escala continental y que, en la segunda mitad de la década de 2000, se encontraba en una fase de relativo estancamiento, ante la proliferación de los numerosos acuerdos bilaterales o regionales. Cabe citar entre ellos el Tratado de Libre Comercio para Centroamérica y la República Dominicana (CAFTA-RD, según sus siglas en inglés), establecido entre los Estados Unidos, los países centroamericanos (excepto Panamá) y el estado insular antillano, o los diversos acuerdos bilaterales entre la potencia económica del norte y países como Chile, Panamá, Perú o Colombia.

En este contexto se han desarrollado tendencias orientadas al equilibrio de las descompensaciones entre países ricos y pobres, como el denominado comercio justo. Se trata de una alternativa de intercambio comercial basada en la fijación de un precio justo para las mercancías producidas en los países menos desarrollados y consumidos en los industrializados, sobre la base de la no intervención de intermediarios en el ciclo comercial, la erradicación de subsidios y medidas proteccionistas, la consideración de medidas de desarrollo sostenible y protección ambiental y la dedicación de los ingresos derivados de las operaciones comerciales a la mejora de las condiciones de trabajo en los países de origen.

El comercio electrónico

Por cuanto se refiere al medio a través del cual se realizan las operaciones de intercambio, la década de 2000 ha sido escenario de un gran auge del comercio electrónico, modalidad de compra y venta de bienes y servicios a través de redes informáticas, fundamentalmente Internet, que en la actualidad constituye el principal canal de transacciones entre grandes empresas a nivel mundial. Junto al comercio electrónico se distingue también el negocio electrónico, variante en la que el nivel de integración de las organizaciones en la red es completo, de modo que cualquier operación comercial pone en marcha en el sitio web correspondiente todos los procesos contables, administrativos y de gestión que dicha operación comporta.

En este marco se distinguen el llamado comercio electrónico directo, en el que el conjunto del intercambio se efectúa dentro de la red, en áreas como, por ejemplo, la descarga de archivos de imagen, sonido o cualquier otro bien o servicio de soporte digital, y el indirecto, en el que es necesaria la intervención en algún momento de un medio de transporte tradicional para que se complete la operación comercial.

También se distinguen categorías distintas según cuáles sean los elementos que intervienen en la compraventa. Se diferencian así las transacciones electrónicas de consumidor a consumidor (C2C, del inglés consumer to consumer), de empresa a consumidor (B2C, business to consumer) o las de empresa a administración estatal (B2G, business to government).