Celtas

Urna celta del periodo Hallsatt.

Pueblos de lengua indoeuropea citados por primera vez en las fuentes griegas a partir del siglo V a.C. Los autores griegos se refieren a estos pueblos como keltoi, aunque ellos se denominan a sí mismos galiain. De este vocablo derivan otros, como galo y galaico, así como el nombre de estas poblaciones protohistóricas en latín: galii. Los geógrafos de la antigüedad los sitúan como habitantes del norte y el oeste del Mediterráneo occidental, al otro lado de los Alpes. Según éstos, este pueblo es uno de los más numerosos de entre las poblaciones bárbaras que habitaban Europa septentrional.

Orígenes y evolución

El mundo céltico surgió durante la segunda mitad del siglo V a.C. como evolución de las poblaciones indígenas de finales del bronce y primera edad del hierro (culturas de campos de urnas y de Hallsttat). Se puede decir, debido a la coincidencia territorial entre el área original hallsttática (Lorena, Borgoña y el suroeste de Alemania) y la posterior región nuclear celta, que los grupos humanos que desarrollaron la cultura de Hallsttat eran protoceltas, antepasados inmediatos de los celtas de la cultura de la Tène.

Los investigadores coinciden en señalar que el pueblo celta era un grupo étnico coherente reconocido por los autores greco-latinos por su peculiar forma de vida y su cultura, que se desarrolló desde la segunda edad del hierro, a partir del 450 a.C., hasta la definitiva conquista romana acaecida tras la guerra de las Galias, entre el 58 y el 50 a.C.

Expansión hacia el sur

Desde la región céltica primigenia, situada aproximadamente entre los ríos Marne y Rin, grupos celtas se expandieron a partir del siglo IV a.C. hacia el centro y el norte de Francia, norte de Italia, penetrando así mismo en el noroeste de la península Ibérica y ocupando la mayor parte de las islas británicas. Sin embargo, el tipo de sociedad, constituida por clanes familiares con vínculos parentales basados en costumbres y valores, impidió la formación de una organización territorial cohesionada.

El siglo III a.C. marcó el apogeo de la expansión del universo céltico, habiéndose encontrado elementos de la cultura material de la Tène en lugares tan alejados como el mar del Norte o los Balcanes. Por otra parte, la toponimia marca el límite de la presencia celta en Europa (Galicia en España, Galitzia en Polonia y Galacia en Asia Menor). La presión de los pueblos germanos por el norte y sobre todo la sistemática conquista romana por el sur puso fin al predominio cultural céltico en el continente a lo largo del siglo I a.C.

Distribución geográfica y ruta de las migraciones celtas.

Características principales

Las villas fortificadas llamadas oppida (oppidum en singular) constituyen uno de los elementos más característicos de la civilización celta. Destacan las murallas de tierra y piedras, reforzadas con travesaños de madera unidos por clavijas de hierro. Este tipo de defensa es descrito por Julio Cesar en La guerra de las Galias, denominándolo “murus gallicus” o muro galo.

Aunque los investigadores no se han puesto de acuerdo sobre la función de los oppida, parece ser que tuvieron una importancia estratégica en las grandes rutas comerciales o en la obtención de materias primas, ya que algunos estaban situados junto a importantes yacimientos de hierro, de sal o de arenas auríferas. Sobre todo a partir del siglo II a.C. existió una extensa tipología de estos asentamientos, siendo posible que algunos como el de Entremont, en Provence (Francia), pudieran haber estado ligados a algún importante lugar de culto.

Estructura socioeconómica

La base de la economía era la práctica de la agricultura extensiva y la ganadería. Los nuevos aperos de labranza, como el arado de hierro y la guadaña, la estabulación y el almacenamiento de heno, contribuyen a la mejora de las condiciones de vida. El aumento demográfico se pone de manifiesto en las necrópolis, que a partir de esta época multiplican el número de tumbas. Durante los dos primeros siglos predomina el rito de inhumación, mayoritariamente sin túmulo. Son comunes los enterramientos con carros de dos ruedas y otros objetos de prestigio, como la cerámica procedente de Grecia y Etruria. A partir del siglo II a.C. aumenta paulatinamente el rito de incineración.

La base de la riqueza manifestada en algunas de las tumbas procede del control de la producción de hierro. La sociedad está regida por una oligarquía enriquecida vinculada por juramentos de fidelidad (clientelismo) tanto a grupos de guerreros como a los agricultores y artesanos. A esta aristocracia dirigente pertenecen también los druidas, hombres sabios y guardianes de la tradición celta que tuvieron una profunda influencia en la sociedad. El druidismo, conectado con las tradiciones megalíticas de la fachada atlántica, se caracterizaba por la consideración del aspecto trascendente de los ciclos naturales y astronómicos.

La conquista romana supuso una colonización cultural que acabó en un tiempo relativamente breve con las tradiciones celtas, excepto en las zonas extremas del imperio romano, como algunas áreas de las islas británicas. La pervivencia de lenguas celtas, tales como el irlandés, el gaélico escocés, el gaélico manés (isla de Man), el galés y el córnico (condado de Cornwall, en Gran Bretaña), pone en evidencia la escasa romanización que sufrieron esas regiones.