Feudalismo

Justa feudal.

En sentido estricto, es un sistema jurídico de organización de la propiedad que se implantó en Europa occidental entre los siglos X y XIII, basado en un pacto entre el rey y determinadas personas, los caballeros, por el cual éstos recibían del monarca tierras en usufructo y a cambio se convertían en sus vasallos y quedaban obligados a prestarle auxilio militar y político.

En un sentido más amplio, se entiende por feudalismo el conjunto de relaciones económicas, sociales, políticas y judiciales que configuraron la sociedad europea durante la Edad Media, sobre la base del sistema de propiedad feudal que determinó las relaciones, no sólo del rey con sus vasallos, sino de éstos con los campesinos que trabajaban sus tierras.

Consideraciones previas

Al hablar de feudalismo, conviene precisar que este término ha suscitado un intenso debate historiográfico, en el que básicamente se pueden distinguir dos tendencias: por un lado, el enfoque institucionalista, que se centra en el aspecto jurídico del feudalismo; por otro lado, un acercamiento que entronca con el materialismo histórico y que hace hincapié en los aspectos socioeconómicos de la sociedad que surgió sobre la base de la propiedad feudal.

De acuerdo con el primer enfoque, adoptado por historiadores como Friedrich L. Ganshof, por feudalismo se debe entender, exclusivamente, la relación entre el señor (monarca) y el vasallo, y se trata por tanto de un sistema jurídico que afecta a la nobleza, grupo social minoritario, y no a toda la sociedad. Según este planteamiento, la dimensión del feudalismo se limita en el tiempo a los siglos X al XIII, y en el espacio se ciñe al territorio integrado en el Imperio carolingio.

El segundo enfoque hace hincapié en los aspectos económicos, sociales y políticos derivados del feudalismo. Para estos autores, entre los que se encuentran Marc Bloch o Pierre Vilar, la existencia del sistema de propiedad feudal creó unas condiciones particulares que estructuraron toda la sociedad medieval y perduraron durante varios siglos, a lo largo de la Edad Moderna. Las relaciones de dependencia, desde este punto de vista, traspasaban el ámbito de la nobleza y se extendían a todas las clases sociales, dando lugar a un entramado de relaciones económicas, sociales y políticas que configuraba lo que se conoce como sociedad feudal.

Para estos autores el alcance espacial del feudalismo es bastante mayor, pues alcanzó casi toda Europa occidental, y además se extendió de forma tardía hacia Europa oriental. También es mayor la dimensión temporal, pues consideran que el feudalismo hunde sus raíces en el periodo de desintegración que se produjo tras la caída del Imperio romano y se mantuvo, aunque mezclado con estructuras más modernas, hasta el siglo XVIII.

Orígenes

El término feudalismo deriva del latín feudum, un contrato por el cual los soberanos concedían tierras en usufructo, obligándose quien las recibía a guardar fidelidad al donante, prestarle el servicio militar y acudir a las asambleas políticas y judiciales que su señor convocara. Se trataba de un contrato entre hombres libres que establecían entre sí unas relaciones de dependencia y fidelidad.

Este tipo de contrato tiene su origen en prácticas reconocidas jurídicamente y utilizadas en los últimos tiempos del Imperio romano, como la encomendatio, consistente en que hombres libres, incluso pequeños propietarios, se ponían al servicio de señores más poderosos a cambio de su protección. Con el proceso de desmembración del Imperio romano tuvo lugar una fuerte ruralización de la sociedad y de fragmentación del poder político. La guerra, que se hizo endémica, convirtió la seguridad de las personas y de los bienes en un serio problema. Ante la desaparición del dominio imperial y la ausencia de un poder fuerte capaz de estructurar la nueva sociedad, el establecimiento de relaciones de dependencia se convirtió en una solución que permitió mantener cierto orden social y que, a largo plazo, desembocaría en el fortalecimiento del poder real con la creación de nuevas monarquías autoritarias.

En el reino franco, entre los siglos V y VIII se hicieron comunes este tipo de relaciones de dependencia, pero fue especialmente tras la caída del Imperio carolingio, a partir de los siglos IX y X, cuando se puede hablar de feudalismo como un sistema ampliamente extendido de cesión de la propiedad en base al cual se estructuraron la sociedad, la economía y el gobierno durante los siglos siguientes. Este sistema se implantó con fuerza en Europa occidental y se desarrolló en lo que hoy es Francia, Inglaterra, Italia, Alemania y la parte de España que no estaba en poder de los musulmanes. De forma más tardía, se extendió por Europa del este, adquiriendo allí características diferenciales que han dado lugar a que algunos historiadores pongan en duda la pertinencia de definirlo como feudalismo.

Feudos y relaciones vasalláticas

Los reinos surgidos tras la desaparición del Imperio romano eran, por lo general, débiles tanto frente a sus enemigos exteriores como interiores. La posición de los monarcas como máxima autoridad no estaba en absoluto asegurada frente a conspiraciones o rebeliones. Tanto entre la nobleza franca como entre la visigoda se produjeron numerosas luchas por el trono. El reino visigodo quedó notablemente debilitado por las conspiraciones y enfrentamientos armados entre las distintas facciones. La monarquía franca también sufrió un periodo de falta de autoridad real, y la instauración de la dinastía Carolingia no fue sino la victoria de una familia de la alta nobleza frente al rey. Para mantenerse en el trono, cualquier monarca debía contar con un grupo de fieles defensores armados que le protegiera frente a los numerosos enemigos que ponían en peligro su reinado.

La posesión de armas, una armadura y un caballo otorgaba una gran ventaja en la lucha, pero no era algo al alcance de cualquiera, pues la masa de campesinos no disponía de recursos económicos más allá del nivel de subsistencia. El contrato feudal se generalizó así, como un pacto entre hombres libres, un caballero y un rey, que proporcionaba ventajas a ambos: el caballero obtenía tierras y el monarca obtenía un útil apoyo militar.

Tras el contrato feudal, el caballero pasaba a ser “vasallo” de su rey o señor y se comprometía además a ofrecerle consejo político y a servirle en sus demandas. El rey pagaba estos servicios con la concesión de tierras, el “feudo”, que no entregaba para su plena posesión, sino en usufructo. Los feudos no podían ser vendidos ni enajenados de alguna otra forma, lo que aseguraba el mantenimiento del patrimonio real. El contrato se mantenía a la muerte del vasallo y se transmitía a sus herederos, si éstos eran considerados dignos. La regulación de las leyes de herencia constituyó uno de los elementos fundamentales del ordenamiento jurídico feudal.

La relación de vasallaje

La relación de vasallaje se oficializaba en una ceremonia llamada “homenaje”, que seguía un ritual con escasas variaciones de una región a otra. El nuevo vasallo se arrodillaba ante el rey para jurarle fidelidad y éste procedía a la investidura, concediéndole a cambio un beneficio. Lo más frecuente era que el beneficio consistiera en un feudo, pero en ocasiones también podía ser una renta o un castillo. Los caballeros nombrados por el rey constituían la “nobleza”, el grupo de mayor poder en la sociedad medieval.

Un vasallo podía ser, a su vez, señor sobre otros caballeros, lo cual era frecuente cuando se trataba de nobles poderosos. Así, las relaciones de vasallaje se entremezclaban y podía suceder que un caballero fuera al mismo tiempo vasallo de dos nobles enfrentados. Para establecer la primacía de un vasallaje sobre otros se constituía un “feudo ligio”, por el cual el vasallo quedaba subordinado a determinado señor por encima de cualquier otro pacto.

Aunque el incumplimiento del compromiso de auxilio era considerado felonía y conllevaba la pérdida del feudo, luchar a favor de otro señor del que también se era vasallo no implicaba la disolución del contrato. En ocasiones incluso podía suceder que un rey fuera a su vez vasallo de otro, por poseer feudos en su territorio. Así sucedió entre los reyes de Inglaterra y Francia en el siglo XIII: el primero era vasallo del monarca francés, en una situación de difícil equilibrio que dio origen a la guerra de los Cien Años.

El sistema feudal

Relaciones económicas y sociales

Los señores feudales, que habían recibido sus propiedades de manos de reyes o grandes señores, contaban con el servicio de sus propias redes de dependencia formadas por campesinos. Éstos, ante la imposibilidad de sobrevivir al margen de las estructuras de control de la violencia creadas por los caballeros, debían someterse a la protección de algún noble, lo que les convertía en siervos.

La relación entre el siervo y el señor se basaba en el intercambio de trabajo de los siervos a cambio de la protección otorgada por el noble. El señor cedía a sus siervos algunas parcelas para su cultivo y, con el producto obtenido, éstos debían mantenerse y pagar una renta, que esencialmente consistía en una parte de la cosecha. Además, los campesinos quedaban obligados a trabajar en las tierras y propiedades de “reserva” que el señor mantenía bajo su propiedad. Las condiciones materiales no permitían producir más allá del nivel de subsistencia, por lo que los siervos se vieron sometidos, en general, a una fuerte presión para contribuir con su excedente y su trabajo al mantenimiento de la nobleza.

El mantenimiento de la corte real y de los ejércitos dirigidos por los caballeros se costeaba con los impuestos recaudados a los campesinos, de lo cual se encargaban los señores en sus feudos. El sistema fiscal estaba por tanto configurado sobre la base de la organización feudal.

La sociedad feudal se organizaba en tres grupos estrictamente diferenciados, sobre los cuales se situaba el rey, cuyo poder se consideraba procedente de Dios. La estructura social se puede describir como piramidal, con los siguientes estamentos:

Nobleza. Por debajo del rey se situaban los nobles, encargados de mantener el orden frente a enemigos internos y externos. Eran un pequeño grupo que formaba los mandos del ejército real, además de dirigir sus propios ejércitos.

Clero. Aunque la Iglesia se organizaba internamente de forma jerárquica, el clero tenía un poder similar al de los nobles y a veces competía con ellos por mantener sus privilegios. En este sentido, cabe señalar los numerosos y prolongados conflictos que mantuvieron distintos monarcas con el Papa, para dirimir sobre quién recaía la máxima autoridad. Dentro de cada reino, las jerarquías eclesiásticas se fueron integrando en la clase dirigente y la Iglesia tenía también atribuciones fiscales y de justicia.

Campesinado. Los campesinos, que constituían la base productiva, se dedicaban en tiempos de paz a la agricultura y ganadería. En épocas de guerra formaban parte del ejército de su señor, como soldados.

Aunque la esclavitud no se suprimió y siguió habiendo esclavos durante todo este periodo, su uso se limitaba al ámbito doméstico. No constituía un elemento esencial de la economía, pues habían desaparecido las grandes explotaciones agrarias gestionadas en régimen de esclavitud que habían caracterizado al Imperio romano.

La movilidad social era prácticamente inexistente, de modo que la posición que cada persona ocupaba venía determinada por su nacimiento. También la movilidad geográfica era muy limitada durante el periodo de auge feudal, aunque se hizo más frecuente en determinadas zonas durante la Baja Edad Media (siglos XIII al XV).

Organización política y judicial

El poder supremo, emanado directamente de Dios, residía teóricamente en el monarca, pero la realidad de la organización feudal ponía límites considerables a la autoridad real. Por costumbre, la monarquía tendió a hacerse hereditaria, pero frecuentemente la elección debía someterse a la aprobación de un Consejo de nobles, lo que otorgaba gran poder a este estamento. Las cámaras o consejos formados por la nobleza constituían un poderoso órgano de decisión no sólo en cuanto a la elección o aprobación del pretendiente a la corona, sino en general, en todos los asuntos de gobierno.

Los grandes caballeros mantenían sus propios ejércitos que, aunque debían proteger a su rey, siempre podían ponerse en su contra si había un candidato que tuviera más que ofrecer. Esta situación daba lugar a numerosas intrigas y luchas por el poder, con las consiguientes alianzas y cambios dinásticos.

El poder de la nobleza alcanzó su máximo apogeo hacia los siglos XI y XII, en los años de máxima plenitud del sistema feudal. A partir de entonces algunos monarcas consiguieron reforzar su autoridad sobre sus caballeros, lo que supuso el comienzo del declive del sistema feudal. En el gobierno territorial, el poder efectivo lo poseía el señor, quien tenía derecho a ejercer el gobierno y la justicia en sus tierras.

Declive del feudalismo

A partir del siglo XIV se inició un proceso de transformación que minó las bases del sistema feudal, llevándolo progresivamente a su desaparición.

Los pequeños centros de intercambio comercial que se mantuvieron a lo largo de la Edad Media comenzaron a incrementar su actividad a partir de los siglos XII y XIII, y se inició una pequeña pero irreversible tendencia hacia la monetarización de la economía. La preferencia de los señores por las rentas monetarias provocó la sustitución de las antiguas rentas en especie que pagaban los siervos y contribuyó a este proceso. Las ciudades contribuían con sus impuestos al mantenimiento de la Corte, que se fue haciendo paulatinamente menos dependiente de la nobleza feudal.

Por otro lado, los cambios técnicos en el armamento y la aparición de nuevas tácticas militares de infantería hicieron cambiar las necesidades en el campo de batalla, de modo que la antigua caballería dejó de ser decisiva en la guerra. Su papel fue sustituido por los nuevos ejércitos que incluían arcos, picas y rudimentarios cañones, gracias a lo cual el monarca pudo disponer de sus propios ejércitos mercenarios, sin depender tanto del apoyo de sus caballeros. Esta evolución resultó patente durante la guerra de los Cien Años (1337-1453), en la que se impusieron nuevas formas de lucha utilizadas por uno y otro bando, al tiempo que se fortaleció la monarquía como poder autoritario frente a la nobleza.

A pesar de su pérdida de peso como eje vertebrador de la sociedad, la figura jurídica del feudo pervivió todavía durante varios siglos. En Inglaterra la desaparición del feudalismo se oficializó en 1660, cuando las propiedades feudales fueron abolidas por ley, pero en buena parte de Europa los derechos feudales, o al menos una parte de ellos, pervivieron hasta finales del siglo XVIII o principios del XIX, cuando se implantaron definitivamente las relaciones capitalistas.

Esquema del Feudalismo

Conjunto de relaciones económicas, sociales, políticas y judiciales que configuraron la sociedad europea durante la Edad Media. El feudalismo tiene su base en la relación de vasallaje: una persona recibe del monarca tierras en usufructo y a cambio se convierte en su vasallo y debe prestarle auxilio militar y político. La relación de vasallaje se oficializaba en una ceremonia llamada “homenaje”.