Casa de Contratación

    Organismo fundado en 1503 con el objetivo de controlar todo el comercio entre España y los territorios americanos. Su sede se estableció en Sevilla hasta que, en 1717, pasó a Cádiz. En 1790, como consecuencia de la libertad de comercio impuesta en el siglo XVIII, cesó en sus funciones.

    El descubrimiento de América en 1492 motivó que los Reyes Católicos crearan rápidamente la Casa de Contratación como órgano de control de todo el comercio con las nuevas tierras descubiertas. Poco después, este organismo abarcó mayores competencias y pasó a inspeccionar el movimiento de las personas que emigraban a América (preferiblemente hombres casados con sus mujeres y comerciantes), así como de todas las mercancías. Luego, también se encargó de la formación técnica, instructiva, náutica y cosmográfica de los marinos y, en 1539, se ocupó de administrar justicia en las causas comerciales. Por último, la Casa se ocupó de registrar todos los descubrimientos marinos por medio del llamado Padrón Real.

    Todas estas competencias, que se vieron reflejadas en las ordenanzas de 1510, 1531 y 1571, dieron como resultado que la Casa de Contratación tuviera necesidad de contar cada vez con más personal. Así, estaban los tesoreros, que revisaban las mercancías y dineros llegados de América; los contadores o escribanos, ocupados de llevar y corroborar toda la contabilidad; los factores, encargados del aprovisionamiento y revisión de los barcos; el piloto mayor, autorizado para formar y evaluar a los marinos, cargos que desempeñaron personajes tan ilustres como Américo Vespucio y Sebastián Caboto; el cosmógrafo, que debía confeccionar los instrumentos náuticos; el fiscal y el juez asesor, ocupados de las cuestiones de justicia.

    Durante algo más de dos siglos, en la época de los Austrias, la ciudad de Sevilla fue el centro de la Casa de Contratación. Sin embargo, en el siglo XVIII, la nueva dinastía Borbón impuso cambios y el rey Felipe V decidió, el 12 de mayo de 1717, trasladar su sede a Cádiz. El cambio obedeció, entre otras razones, a que el puerto gaditano era mucho más adecuado para la navegación que el de Sevilla, que requería complejas maniobras para que los barcos remontaran el Guadalquivir. Los privilegios y funciones de la Casa se mantuvieron hasta 1778, cuando el monarca Carlos III decretó la libertad comercial entre 14 puertos españoles y 34 americanos. Con esta medida, la Casa de Contratación se quedó sin objetivos claros y perdió importancia rápidamente hasta que fue suprimida en 1790.