Lengua árabe

Caligrafía árabe

Lengua semítica. Hablado en el norte de África, la península Arábiga y algunas regiones de Oriente Medio, el árabe cuenta con más de 170 millones de personas que la emplean como primera lengua (además de otros millones que la usan como segundo idioma o que la utilizan en sus liturgias religiosas, ya que sigue siendo la lengua oficial de la religión islámica).

La difusión del árabe se produjo gracias a la expansión del Islam y en ella se pueden distinguir claramente dos variantes: el árabe clásico, que es la lengua culta en la que fue escrito el Corán, y el árabe vulgar o coloquial, que presenta importantes diferencias según las regiones. Se pueden señalar cinco regiones principales: Iraq, Arabia Saudita, Siria, Egipto y el norte de África. Incluso dentro de una misma región se han generado dialectos tan dispares que provocan que en ocasiones resulte imposible la comunicación entre personas de un mismo país.

Origen y desarrollo del árabe

El árabe es la variante meridional central que sale del tronco principal de las lenguas semíticas, del que se derivan otros idiomas como el hebreo (hablado en el actual estado de Israel) y el amárico o etíope (empleado en Etiopía), además del sánscrito, que se encuentra actualmente en desuso.

Las primeras muestras de este idioma datan del siglo IV d.C. y fueron encontradas en unas inscripciones halladas en la península arábiga. Como lengua corriente parece que fue empleada desde el siglo V por una pequeña comunidad nómada que se movía por esta región. Su difusión a gran escala se produjo a partir del 622, con la expansión del Islam, cuando se extendió su uso por la zona de Oriente Medio, el norte de África y el sur de Europa. El árabe se convirtió pronto en una lengua de gran prestigio e importancia y se embelleció gracias al contacto con otras lenguas como el griego. En poco tiempo pasó a ser vehículo transmisor de conocimientos, sobre todo a partir de que muchos textos griegos clásicos fueron traducidos a este idioma y desde ahí difundidos en todas aquellas regiones dominadas por el Islam.

A partir de la época Omeya (siglos VII al IX) se iniciaron los primeros estudios sobre la gramática destinados a crear una norma lingüística que regularizase el idioma. Fue normalizado académicamente entre los siglos IX y X y para ello se tomó como obra de referencia el árabe empleado en la escritura del Corán, así como otros textos anteriores, entre ellos, antologías poéticas.

El árabe moderno (la variante culta, ya que la vernácula, como hemos señalado, presenta muchas diferencias) procede del clásico, que era el que se usaba en la edad media, pero en él se han incluido elementos estilísticos de otras lenguas como el francés y el inglés. Asimismo, el árabe ha hecho multitud de préstamos a otros idiomas, sobre todo a aquellos en cuyos países permaneció esta cultura durante un periodo largo, como fue el caso de España o de Malta.

Características principales del árabe

Desde el punto de vista gramatical, la morfología de las palabras en árabe está caracterizada por la supresión de las vocales. Los vocablos (incluso aquellos que son importados de otras lenguas) están constituidos por dos elementos: una raíz consonántica generalmente compuesta por tres letras, que es donde se encuentra el significado, y una desinencia formada por vocales que en el lenguaje escrito normalmente no se representa o aparece indicada con pequeñas marcas debajo o encima de las consonantes (sólo en los textos escolares y en el Corán aparecen siempre las marcas que representan las vocales para evitar cualquier tipo de confusión).

Para los sustantivos y adjetivos existe un sistema de declinaciones (cuenta con tres casos: nominativo, genitivo y acusativo) que sirve para indicar la función de las palabras dentro de la oración. Para la creación del plural se han desarrollado distintas formas mediante un sistema de prefijos y sufijos.

La conjugación de los verbos sigue unas normas muy regulares. Existen sólo dos formas verbales: el pretérito perfecto y el imperfecto, que se distinguen entre sí por los sufijos y prefijos que las acompañan. En ocasiones, estas partículas adheridas a la forma verbal sirven para indicar el género y el número del sujeto que realiza la acción. Además de estos dos tiempos verbales, el árabe cuenta con otras formas como el imperativo, el participio activo y pasivo y la sustantivación de los verbos.

En cuanto al orden de las palabras dentro de la oración, normalmente se sigue un esquema que empieza por el verbo acompañado del sujeto y a continuación los complementos.

Fonéticamente la lengua árabe cuenta con veintiocho sonidos consonánticos y tres vocálicos que tienen una doble pronunciación: larga o breve. Dentro de los sonidos consonánticos, existe una mayor variedad de fonemas guturales y velares que en otras familias de lenguas.

La escritura árabe, que está compuesta de dieciocho figuras, procede del arameo y sigue un orden opuesto al occidental: los renglones se leen de derecha a izquierda y las páginas se pasan en sentido contrario. Debido a que el Islam prohíbe la representación de elementos figurativos, la caligrafía fue considerada desde un principio como un arte entre los árabes y con ella se decoraron templos y todo tipo de objetos. Los textos que se usan de forma habitual para este fin reproducen fragmentos del Corán o de obras poéticas.