Lengua española

La lengua española, con casi cuatrocientos millones de usuarios, es el tercer idioma más hablado en el mundo después del chino y el inglés. Originado en la región asturleonesa y desarrollado en la zona que actualmente ocupa Castilla dentro de la península ibérica, el español experimentó su mayor expansión territorial con el descubrimiento y posterior conquista del continente americano entre los siglos XV al XVIII. A partir de entonces, se convirtió en la lengua oficial de la mayoría de estos países, conviviendo en algunos casos con las lenguas indígenas de las culturas precolombinas (sobre todo en México y en Perú). El español también es la lengua oficial de Guinea, país que fue colonia española en el África negra y es utilizado como segundo idioma o como lengua corriente en otros países como Marruecos y también en las últimas décadas, debido a la inmigración, en los Estados Unidos.

El español, también conocido como castellano por el lugar donde se originó (el uso de una u otra nomenclatura ha suscitado cierta polémica con los otros idiomas oficiales que se hablan en España: el catalán, el valenciano, el gallego y el vasco), es una lengua derivada del latín vulgar que habían implantado los romanos en la península hacia el siglo III a.C. De su evolución y de su mezcla con otras lenguas como el germano (introducido por los pueblos bárbaros) y, sobre todo el árabe, surgió el idioma que se emplea en la actualidad que, a pesar de una cierta unidad normativa en cuanto a estructuras gramaticales y ortografía se refiere, presenta una enorme variedad dialectal debido a la amplia zona geográfica que abarca.

Origen y desarrollo del español

Perteneciente a la subfamilia itálica (dentro del tronco común del indoeuropeo), la lengua española se originó como tal hacia el siglo X de la era cristiana. En su desarrollo se pueden distinguir tres periodos fundamentales: el medieval o castellano antiguo, que se extendió de los siglos X al XV; el español moderno, desarrollado durante los siglos XVI, XVII y comienzos del XVIII; y el contemporáneo, que se podría fechar a partir de la constitución de la Real Academia Española de la Lengua hacia principios del siglo XVIII, en 1713.

Periodo medieval

Durante los primeros siglos coexistieron en la península varias lenguas romances de las que se derivaron posteriormente los idiomas que se hablan en ella (excepto el vasco o euskera, cuyo origen es desconocido). Entre estas lenguas se puede señalar el leonés, el gallego-portugués (en el que se escribieron las Cantigas y que evolucionaría posteriormente hacia el portugués y el gallego), el mozárabe (lengua fuertemente influida por el árabe en la que se escribieron los primeros poemas líricos llamados jarchas), y el navarro-aragonés, que fue la lengua en la que se escribieron las Glosas Silenses, que eran anotaciones hechas a textos latinos en los márgenes y que han sido consideradas como el antecedente directo de la evolución hacia el castellano.

El rey Alfonso X el Sabio (1252-1284), fue quien institucionalizó el castellano como lengua oficial de su reino en el siglo XIII y lo dotó además de una normalización ortográfica. A partir de entonces, tanto los documentos oficiales como las obras de erudición que fueron redactadas bajo su reinado (sobre todo compendios de historia, de astrología y de leyes) fueron escritos en castellano, quedando el latín relegado al ámbito religioso (aunque de esta época también data una traducción de la Biblia al castellano).

En este primer español se habían producido ya algunas de las transformaciones que caracterizarán al idioma de aquí en adelante. Fonéticamente, por ejemplo, se produjo la supresión de la letra “f” al comienzo de las palabras, colocando en su lugar una “h” muda. También desaparecieron las declinaciones latinas que fueron sustituidas por el sistema de preposiciones que se sigue empleando hoy en día, con el que se designa la función de los sintagmas dentro de la oración. Desde el punto de vista léxico, la apertura que implicó el paso del Camino de Santiago por el norte de España, condujo a la adquisición de nuevas palabras, en su mayoría galicismos.

Periodo moderno

El punto de partida de este periodo podría situarse en 1492, a partir de la publicación de la primera gramática de la lengua castellana escrita por Antonio de Nebrija. En estos dos siglos se siguieron produciendo transformaciones que fueron acercando el idioma a su estado actual. Entre ellas se pueden mencionar algunas de tipo fonético, como la supresión de la “s” sonora, o de tipo morfológico, como la introducción de las formas compuestas de los verbos a través del uso del auxiliar “haber”. Desde el punto de vista léxico y dado que el castellano fue la lengua diplomática internacional en buena parte de este periodo, se produjo una importante entrada de nuevos vocablos tanto de origen indoeuropeo como amerindio.

El castellano le fue ganando terreno a las otras lenguas peninsulares hasta convertirse en el idioma principal del recién unido reino de Castilla y Aragón. Por eso, a partir del siglo XVI, se comenzó a utilizar de forma más habitual la denominación de “español” en vez de castellano, para significar con ello que la conquista y la nueva lengua impuesta era de la nación española en su conjunto, y no sólo de una parte de ella.

Desde el punto de vista del desarrollo normativo del idioma, de esta época datan algunos estudios gramaticales significativos como el Diccionario de Alcalá, creado por el Cardenal Cisneros, o el Tesoro de la lengua española, escrito por Sebastián de Covarrubias.

Periodo contemporáneo

Este periodo se abre con la fundación de la Real Academia de la Lengua Española en 1713 y en él se ha desarrollado fundamentalmente una normalización y regularización del idioma en su conjunto, sobre todo en lo referente a la ortografía, ya que la mayoría de las transformaciones morfológicas y fonéticas ya se habían realizado.

Características principales de la lengua española

Gramaticalmente, la lengua española es una lengua flexiva (es decir, que admite variaciones de distinto tipo en las palabras), aunque en menor medida que el latín. En la mayor parte de sus palabras el acento prosódico recae en la penúltima sílaba, lo que no implica que necesariamente lleve una tilde, ya que éstas están sujetas a las reglas de la acentuación.

Los sintagmas nominales están compuestos por sustantivos, adjetivos y artículos o determinantes que permiten variaciones de género (masculino y femenino, pero no neutro) y de número (singular y plural), aunque también existe un número reducido de sustantivos que son invariables. Estos sintagmas nominales pueden tener función de sujeto o de complemento del verbo, en este último caso, suelen ir precedidas de una preposición que indica su función dentro de la oración (en el caso del objeto directo la preposición puede desaparecer).

Los verbos, aparte de indicar la acción que se realiza, aportan a la oración información de persona (por eso se pueden suprimir los sujetos que son pronombres personales, por ejemplo, hablamos, ya que el sujeto de esa oración es siempre nosotros), de número, de modo, de tiempo y de voz. En el español actual existen tres modos: el indicativo, el subjuntivo y el imperativo, y tres conjugaciones que se diferencian por la desinencia del verbo en el infinitivo. La conjugación verbal cuenta además con formas simples y compuestas (construidas con el auxiliar “haber”), con una voz pasiva, realizada mediante el verbo “ser” en forma auxiliar, y con las formas perifrásticas, que son combinaciones de dos verbos, con o sin preposición que los una, que sirven para añadir matices de significación a la acción descrita por el verbo principal (por ejemplo, acabo de llegar).

Además de los sintagmas nominales y el verbo, las oraciones están compuestas también de otras partículas invariables como los adverbios, que acompañan al verbo o a los adjetivos; las preposiciones, que ayudan a indicar las funciones de los sintagmas dentro de la oración; y los pronombres, que pueden desempeñar función de sujeto o de objeto dentro de la oración. El orden habitual de las palabras dentro de la frase es el de sujeto, verbo y complementos, aunque no es un orden estricto y puede verse alterado siempre que no implique ambigüedad.

Fonéticamente la lengua española resulta bastante sencilla, ya que por regla general para cada grafía hay un sonido y todos ellos se pronuncian. Existen dieciocho sonidos consonánticos y cinco vocálicos que no admiten variaciones de apertura o extensión en la pronunciación. Se han desarrollado algunos matices diferenciales en la pronunciación de fonemas dependiendo del país e incluso de la región. Una de las diferencias más sobresalientes es el empleo del fonema /z/, que es privativo de la región central de España, ya que en el resto del país y en toda América Latina ese sonido ha sido sustituido por el de /s/.

El español en el mundo

Los casi cuatrocientos millones de hablantes de la lengua española abarcan un ámbito geográfico muy amplio y por eso mismo se pueden detectar en ella variaciones tanto fonéticas y de entonación, como de vocabulario. Sin embargo, la existencia de una norma establecida por la Asociación de Academias de la Lengua Española (en la que están representados todos aquellos países en los que es idioma oficial) parece garantizar por el momento su homogeneidad, al menos en el uso culto.

En los últimos años, y debido a factores económicos, el español ha experimentado un cierto auge en lo que respecta a su uso y a su reconocimiento internacional. Se ha convertido en idioma de aprendizaje obligatorio en la escuela en algunos países, como Brasil, y en otros, como los Estados Unidos, la masiva emigración de población de habla hispana ha llevado a que cada vez tenga mayor visibilidad en los medios de comunicación y en los lugares públicos.