Lenguas amerindias

Familia lingüística que incluye todas aquellas lenguas que se hablaban en el continente americano antes de la conquista del mismo por los europeos. Muchas de ellas desaparecieron debido al proceso colonizador, pero algunas se conservaron y se siguen empleando en la actualidad, aunque su número de hablantes es reducido, sobre todo si se compara con el de hablantes de lenguas de raíz indoeuropea.

La heterogeneidad que presentan estas lenguas hace imposible hablar de ellas como una familia más allá que desde el punto de vista geográfico, ya que tanto genéticamente como por razones de tipología, existen muy pocos nexos comunes que las unan. Entre los principales idiomas que todavía están en uso se podrían destacar: el nahuatl, el maya o el quechua.

En la actualidad existen aproximadamente mil lenguas amerindias: 200 en la región norte (Estados Unidos y Canadá), 350 en la región central y 450 en el sur. Estas lenguas son empleadas por más de dieciséis millones de personas en todo el continente, sin embargo, sólo una de ellas, el guaraní, es la lengua oficial de uno de los países de Sudamérica, Paraguay. Su uso y reutilización (en el caso de lenguas desaparecidas o en proceso de desaparición) ha venido en ocasiones ligado a corrientes políticas indigenistas que han favorecido la recuperación de idiomas autóctonos.

Origen y desarrollo

La familia de lenguas amerindias carece de cualquier tipo de rasgo unitario que pueda poner en común los elementos de uno u otro grupo e incluso dentro del mismo grupo.

La hipótesis que barajan antropólogos y lingüistas es la de que los primeros pobladores que habitaron el continente americano habrían llegado hacia el 12.000 antes de Cristo y serían originarios de Asia. La evolución de estos pueblos habría dado lugar a las diferentes culturas que se desarrollaron durante el primer milenio de la era cristiana y que fueron las que encontraron los conquistadores españoles y portugueses al llegar al llegar al continente. Estas culturas, de forma aislada o en ocasiones con influencias (dependiendo de la proximidad geográfica) habrían ido creando su lenguaje, fundamentalmente oral, pero también en ocasiones escrito.

La conformación de las primeras lenguas amerindias de las que se tiene conocimiento se sitúa a partir del primer milenio de la era cristiana, aunque se supone que habría habido otras anteriores a éstas. En la mayoría de los casos carecían de representación gráfica y sólo contaban con una forma oral.

Algunas culturas con un grado mayor de evolución habían desarrollado alfabetos pictográficos, que no pueden ser llamados propiamente escritura, pero que supondrían un primer paso para su creación. Éste sería el caso de las piedras con grabados realizados por los mayas, o el de la escritura ideográfica, inventada y difundida en Mesoamérica, que recurría a formas jeroglíficas para expresar enunciados.

Los primeros estudios gramaticales sobre las lenguas amerindias fueron realizados por religiosos españoles y portugueses, que utilizaron la lengua como una herramienta para llevar a cabo la expansión religiosa que tenían por objeto. Así, en 1528, fue publicada la primera obra escrita en nahuatl que era un catecismo destinado a evangelizar a los indígenas de la región de México. Casi veinte años después, en 1547, Andrés de Olmo editó el primer manual de gramática nahuatl titulado Arte para aprender la lengua mexicana. Los estudios sobre el maya tardaron más tiempo en aparecer, hasta mediados del siglo XVII no se elaboraron las primeras gramáticas.

La variedad lingüística existente en el continente cuando llegaron los conquistadores europeos era mayor de la que se conserva hoy en día, sin embargo existía cierta unidad derivada de la existencia de culturas hegemónicas. Éstas habrían hecho de su idioma la lengua oficial de aquellos territorios que controlaban. Así era el caso, por ejemplo, del nahuatl o del maya, que eran empleados o conocidos por un número mayor de personas que otras lenguas pertenecientes a culturas minoritarias. Los relatos de los conquistadores europeos así lo dejan recogido.

Características generales

La enorme variedad y diferencia existente entre las lenguas amerindias hace que no se pueda hablar de unas características generales aplicables a todas ellas que vayan más allá de una serie de puntos en común, que serían los siguientes:

  • Son lenguas aglutinantes y polisintéticas, es decir, las palabras y en ocasiones las oraciones enteras se forman mediante la unión de elementos, sufijos, infijos y prefijos.

  • En algunos casos, los sustantivos carecen en su flexión de morfemas de género, mientras que en determinadas lenguas la distinción del número permite una triple clasificación entre singular, plural y dual.

  • En el caso de los pronombres personales, en muchas lenguas ha desaparecido la forma de la primera persona del plural, pero gracias a un sufijo aplicado al verbo se puede saber si se excluye o incluye al oyente.

  • Desde el punto de vista fonético, es habitual que estas lenguas carezcan o tengan un número menor de consonantes oclusivas sonoras (que serían la /b/, /d/ y /g/).

  • En la conformación de su vocabulario se pueden encontrar numerosos préstamos de otros idiomas como el español, el portugués, el inglés, el francés, el holandés o el ruso.

  • Al mismo tiempo, las lenguas amerindias han aportado numerosos vocablos a otros idiomas, sobre todo términos referidos a la naturaleza que eran inexistentes en aquel tiempo en los países de donde procedían los conquistadores. Sería el caso de palabras como patata, café, tomate o tabaco.

Grupos principales

La primera clasificación que se hizo de las lenguas amerindias en su conjunto fue escrita por el sacerdote jesuita Lorenzo Hernán y Panduro y fue editada en el año 1800 bajo el título Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas. Los estudios más sistemáticos sobre el tema comenzaron a aparecer a partir de finales del siglo XIX y esto gracias al envío de cartas y documentos que eran analizados y estudiados por los lingüistas europeos. Sin embargo, debido a que las lenguas amerindias carecían de escritura, las trascripciones en caracteres romanos siempre suponían una pérdida de información.

En 1891, el etnólogo norteamericano John Wesley Powell propuso una clasificación de las lenguas de Norteamérica en función de ciertas semejanzas existentes entre ellas, distinguiendo un total de 58 idiomas diferentes. Por esos mismos años el lingüista Daniel Brinton hizo lo mismo con las lenguas del sur del continente, clasificándolas en 80 diferentes.

En la actualidad, las lenguas amerindias podrían dividirse, atendiendo a un criterio geográfico, en dos grandes grupos: la región norte, que incluiría las lenguas habladas en los Estados Unidos y Canadá y la región central y el sur del continente, donde se situarían las lenguas habladas entre México y Tierra de Fuego, y que suponen en términos de cantidad y de evolución un estadio superior de desarrollo.

Región norte

En la actualidad existen más de doscientas lenguas diferentes que siguen siendo empleadas en esta región por un colectivo de aproximadamente 500.000 personas, en su mayoría indios que viven aislados en las reservas que se habilitaron para ellos en los Estados Unidos. La lengua con un mayor número de hablantes es el navajo, que cuenta con 150.000 usuarios, seguida del ojibwa, con 50.000 y del inuktitut, con 25.000.

Los estudios de lingüística comparada realizados sobre los idiomas de esta región arrancaron a comienzos del siglo XX. En 1929, el antropólogo y lingüista estadounidense Edward Sapir distinguió seis grupos diferentes atendiendo a criterios fonológicos. Décadas después, el filólogo Joseph Greenberg consideró que se podían organizar en torno a tres grandes ramas atendiendo a ciertas similitudes que tendrían su origen en la proximidad geográfica. Éstas serían el esquimal-aleutiano, el na-debe y el amerindio. Los estudios más recientes diferencian hasta setenta grupos, entre los que siguen sin encontrarse demasiados nexos en común.

Desde el punto de vista fonético se puede distinguir una gran variedad de sistemas, pero por regla general este subgrupo de lenguas comparte una serie de características comunes que podrían resumirse en las siguientes:

  • Entre los sonidos consonánticos son frecuentes los glotales (que se emiten cuando se cierra la glotis), los aspirados, los retrorreflejos, los velares y los nasales.

  • Los sonidos vocálicos se dividen entre sordos y sibilantes, existiendo también vocales nasalizadas.

  • El sistema de acentuación permite en algunas lenguas cambiar el significado de las palabras.

Gramaticalmente también hay gran variedad de formas y estructuras, pero se pueden señalar algunos rasgos comunes, como el empleo frecuente de afijos, que se usan para añadir información a las palabras.

La sintaxis de estas lenguas no implica un esquema fijo en la construcción de la oración, de modo que el orden de las palabras en ella se altera en función de dónde se quiera llamar más la atención.

Por regla general son lenguas que sólo tienen forma oral, pero a partir del contacto e influencia de las lenguas europeas, algunas de ellas desarrollaron expresión escrita. Es el caso del cheroqui, que cuenta con un alfabeto silábico que tiene como base los caracteres latinos.

Región central y sur

Este grupo puede dividirse a su vez en dos subgrupos: el del centro y el del sur. El primero de ellos abarcaría las lenguas que se emplean desde México hasta Honduras. Aunque debió de haber muchas más en la época precolombina, algunas de estas lenguas desaparecieron a causa de la colonización. En la actualidad las dos lenguas principales pertenecientes a este grupo son el maya, con dos millones de hablantes, y el nahuatl, con más de un millón de personas que lo emplean como lengua principal.

El subgrupo de la región sur engloba las lenguas habladas en el subcontinente americano, entre las que cabría destacar por su número de usuarios el quechua, que cuenta con nueve millones de hablantes, el guaraní, que es la lengua oficial de Paraguay, empleada por cuatro millones y medio de personas, el aimara, con más de dos millones, y el mapuche, que cuenta con un millón de usuarios.

Igual que ocurre en la región norte, tampoco existen entre estas lenguas muchos rasgos en común. Los lingüistas han señalado algunas similitudes, como el hecho de tener cierto carácter aglutinante y el de no permitir demasiadas flexiones en los vocablos, así, los sustantivos no suelen presentar distinción de género, aunque sí de número. Las formas verbales generalmente dan información sobre el sujeto de la acción y en la mayoría de los casos, incluyen también la enunciación negativa. En los verbos son muy frecuentes los afijos que expresan movimiento.

Desde el punto de vista fonético tampoco se pueden señalar demasiados elementos comunes. Entre las lenguas que componen esta familia hay algunas, como el quechuamorán, que cuentan con cuarenta y dos fonemas diferentes, mientras otras como el arahucano apenas tienen diecisiete sonidos, entre vocálicos y consonánticos. Son frecuentes las vocales nasalizadas.

En cuanto a la conformación del vocabulario, es habitual encontrar préstamos de lenguas europeas, sobre todo del español y del portugués. La mayor o menor presencia de términos de este tipo ha estado determinada por la relación de contacto que las lenguas amerindias tuvieron y siguen teniendo con las lenguas europeas.