Lenguas indoeuropeas

Gran familia de lenguas dividida en diez grupos principales (de los que a su vez surgen ramas y subgrupos) en función de la evolución posterior que han sufrido los idiomas. Estos grupos son: el germánico, el itálico, el celta, el helénico, el eslavo, el báltico, el indoiranio, el anatolio, el tocario y un grupo de idiomas que han sido calificados como independientes, dentro del que estarían lenguas como el albano o el armenio.

Habladas por más de 2.500 millones de personas (casi la mitad de la población mundial), las lenguas de raíz indoeuropea son empleadas en casi toda Europa, en el continente americano y en buena parte de Asia.

Descendientes de un tronco común llamado protoindoeuropeo, esta familia de lenguas comenzó a conformarse hacia el tercer milenio a.C. En la actualidad, los estudios de gramática comparada han demostrado que todavía se mantienen rasgos comunes en todas ellas, sobre todo de tipo fonético, aunque el aspecto y la morfología externa sean muy diferentes.

Origen y desarrollo

Los orígenes de las lenguas indoeuropeas se han situado entre el cuarto y el quinto milenio a.C. en un idioma conocido como protoindoeuropeo, que era hablado por las comunidades que entonces habitaban las zonas situadas entre el norte del Cáucaso y el norte del Mar Negro. Debido a la proximidad geográfica, se ha considerado que en su conformación pudieron haber recibido cierta influencia de la familia de las lenguas urálicas, surgidas en fechas próximas en una región relativamente cercana.

Estas lenguas protoindoeuropeas, que ya habían desarrollado un sistema fonético específico, así como una sintaxis y una morfología, fueron evolucionando hasta convertirse, a comienzos del tercer milenio, en el indoeuropeo.

A partir del 2500 a.C. se fueron desgajando las ramas principales en las que se encuentra dividida esta familia. Esto fue debido a los procesos migratorios, que llevaron a grupos poblacionales a regiones geográficas distantes, donde entraron en contacto con otras lenguas o simplemente se adaptaron a las nuevas circunstancias naturales y sociales.

Según los estudios lingüísticos, en esta evolución, la lengua madre habría perdido parte de los elementos flexivos que la caracterizaban (aunque lenguas como el latín y el griego mantuvieron muchos de ellos) y habría ido quedando sujeta a normas más rígidas.

Las primeras investigaciones sobre esta familia de lenguas arrancan ya de la segunda mitad del siglo XVIII. A partir del estudio del sánscrito (que se había puesto de moda como lengua culta durante el siglo XVIII) y del griego antiguo, que eran las lenguas escritas más antiguas que se conocían hasta entonces, se comenzó a creer que existía un estrato común que unía a todas las lenguas diferentes que formaban parte de esa familia.

Esta hipótesis se corroboró desde comienzos del siglo XIX gracias al modelo de investigación de lingüística comparada creado por el filólogo alemán Franz Bopp (1791-1867). Este modelo se basaba en la comparación fonética de las lenguas con el fin de encontrar posibles similitudes y diferencias entre ellas. La realización de un estudio comparado entre el sánscrito, el griego y el latín ayudó a percibir de forma todavía más clara que existía para todas las lenguas una misma base común.

Del mismo modo, los estudios realizados por filólogos hindúes pusieron de manifiesto la similitud en cuanto a rasgos fonéticos y gramaticales de las lenguas habladas en el sudeste asiático y las del continente europeo.

A comienzos del siglo XX la lingüística comparada había demostrado la existencia de una raíz común a partir de una demostración de tipo fonético. A este respecto se enunciaron algunas leyes como la de Grimm y Verner, que establecía que existía una correspondencia fonética entre los fonemas de las lenguas que se relacionan entre sí.

Características generales

A pesar de la enorme variedad y diferencias que presentan entre sí, las lenguas incluidas dentro de la familia del indoeuropeo todavía conservan una serie de elementos comunes a todas ellas. Este hecho es lo que les confiere unidad y se encuentra reflejado en elementos como el empleo compartido de ciertos términos básicos del vocabulario, el uso de algunos afijos con un mismo significado o la existencia de una misma raíz consonántica para palabras que designan cosas o hechos de uso básico (sería, por ejemplo, el caso de la raíz del verbo “ser”, similar en sánscrito, latín y griego).

Desde el punto de vista fonético, el indoeuropeo se puede dividir en dos grandes grupos:

  • Las lenguas satem, que son aquellas en las que el fonema /k/ procedente del indoeuropeo se ha transformado en /s/ (pertenecerían a este grupo de lenguas ramas como la eslava, la báltica, la indoirania o el albanés).

  • Las lenguas kentum, en las que el fonema /k/ ha mantenido un sonido más parecido al original (quedarían incluidas en este grupo ramas como la germana, la itálica, la céltica o la anatolia).

Gramaticalmente, las lenguas indoeuropeas están clasificadas como flexivas, ya que permitían muchas más variaciones en sus palabras de las que ninguna de las lenguas vivas derivadas de ella mantiene en la actualidad.

Además de tener un gran número de tiempos para indicar presente, pasado y futuro, el verbo contaba con tres aspectos (perfectivo, imperfectivo y estativo) que añadían a la conjugación aspectos no temporales. Asimismo, contaba con tres modos: el indicativo, el subjuntivo y el imperativo, que indicaban la posición del hablante respecto a la acción que iba a realizar (esta distinción se mantiene en muchas lenguas modernas). Además, existía un amplio conjunto de afijos aplicables a muchos de los verbos que permitían cambiar o matizar el significado de los mismos.

El sintagma nominal se organizaba en torno a los sustantivos, que eran los que conformaban su núcleo. Éstos permitían flexiones de género (masculino, femenino y neutro), número (singular y plural) y caso. En las lenguas indoeuropeas se han distinguido ocho casos diferentes para la declinación de los sustantivos: nominativo, vocativo, genitivo, acusativo, dativo, locativo, ablativo e instrumental.

A través de este sistema de casos se indicaba la función de los sintagmas o de las palabras dentro de la oración sin necesidad de recurrir al uso de preposiciones. Éstas, que habrían surgido en un estadio de evolución posterior, serán empleadas en algunas de las lenguas modernas, como ocurre en la mayoría de las lenguas del grupo itálico.

Dentro del sintagma nominal también estaban los adjetivos, cuyo género, número y caso concordaba con el de los sustantivos, así como todos los tipos de artículos (demostrativos, posesivos y relativos, pero no determinados o indeterminados, que no existían) y los pronombres.

Desde el punto de vista sintáctico, el orden de las palabras dentro de la oración era variable, pero el esquema más habitual seguía la estructura de sujeto, objeto y verbo, que es el mismo que se emplea todavía en la actualidad en algunas lenguas vivas como el alemán.

Principales grupos

La familia de lenguas indoeuropeas está dividida en aproximadamente diez grandes grupos que a su vez se dividen en subgrupos y en ramas de las que se derivan todos los idiomas que se hablan en el continente europeo y en el sur de Asia que es la región en donde se originaron. Estos grupos principales son el germánico, el itálico, el céltico, el helénico, el eslavo, el báltico, el indoiranio, el anatolio y el tocario.

Grupo germánico

Dividido a su vez en tres ramas, el germánico se desarrolló como grupo independiente entre el segundo y el primer milenio a.C. Su expansión se produjo desde comienzos del primer milenio a.C. debido a las migraciones de los pueblos germanos. Las primeras muestras que se conservan en este grupo datan del siglo IV a.C. Algunos de los idiomas derivados de esta familia son el inglés, el alemán, el danés, el noruego, el sueco o el islandés.

Grupo itálico

A este grupo pertenece el latín, que se empezó a utilizar en la península itálica a partir del siglo IV a.C. y que se convirtió en la lengua oficial del imperio romano desde el siglo II a.C. El latín tenía dos variantes, una culta, que era la lengua en que se escribía, y otra vulgar, que era la lengua hablada por la mayoría de la gente, sobre todo por aquellos que carecían de una educación escolar. De la variante vulgar o vernácula fue de donde se derivaron todas las lenguas romances europeas, como el francés, el italiano, el portugués, el rumano o el español.

Grupo céltico

Dentro de este grupo se distinguieron en su origen dos grandes ramas, pero en la actualidad una de ellas ha desaparecido, mientras que la otra ha quedado reducida a un número pequeño de hablantes. La enorme expansión territorial de las lenguas célticas se produjo durante los últimos siglos antes de la era cristina debido a procesos migratorios. Durante este periodo se llegó a extender por una amplia región que iba desde la península ibérica hasta los Balcanes. En la actualidad, se mantienen vigentes pocas lenguas que deriven de este grupo, entre ellas se pueden señalar el irlandés y el galés.

Grupo helénico

Las lenguas que forman parte de este grupo se comenzaron a configurar hacia mediados del segundo milenio antes de Cristo. Hacia el siglo VIII a.C. presentaban ya un alto grado de evolución y desarrollo no sólo en su variante oral, sino también en la escrita. Buena prueba de ello fueron los famosos poemas épicos escritos por Homero, la Ilíada y la Odisea, durante esta época.

La caída del imperio griego llevó a una involución de la lengua, que se fue deteriorando y perdiendo su pureza durante los primeros siglos de la era cristiana. En la actualidad, el griego moderno es prácticamente la única lengua surgida de este grupo que se sigue empleando.

Grupo eslavo

Hasta el siglo V d.C. el grupo de lenguas eslavas circunscribía su uso a una pequeña área en el noroeste de Polonia. A partir de esa época se produjo una expansión de estas lenguas, que pasaron a ocupar el este de Europa y parte también de Asia.

Los primeros textos escritos que se conservan en estas lenguas son del siglo IX y están escritos en un dialecto llamado “eslavo de la vieja iglesia”. El polaco, el checo, el eslovaco, el ruso, el búlgaro o el ucraniano, entre otros, son idiomas empleados en la actualidad derivados de este grupo.

Grupo báltico

El desarrollo de esta subfamilia de lenguas se produjo a lo largo del primer milenio de la era cristina y las primeras muestras escritas que se conservan datan del siglo XIV. Generalmente se incluye dentro del grupo eslavo, sin embargo, las investigaciones lingüísticas realizadas en los últimos tiempos han encontrado suficientes características singulares como para clasificarlo de forma diferenciada. Idiomas como el lituano o el letón derivan de este grupo originario.

Grupo indoiranio

Este grupo puede dividirse en dos grandes ramas: el índico y el iraní.

La rama índica, conformada en torno al segundo milenio antes de Cristo, es el grupo de donde se derivan las lenguas habladas en el centro y norte de la India, así como en Pakistán.

La rama iraní, surgida en torno al primer milenio a.C., es de donde proceden fundamentalmente las lenguas habladas en Irán (el farsi) y en Afganistán.

Grupo anatolio

Las lenguas que conforman este grupo tuvieron su época de mayor desarrollo entre el tercer y el primer milenio a.C. En la actualidad es la base de donde surgen idiomas modernos como el turco y el sirio.

Grupo tocario

Este grupo de lenguas se encuentra actualmente en desuso. Se conformaron durante el primer milenio de la era cristiana y fueron habladas en la zona noroccidental de China.

Lenguas independientes

Además de los grupos señalados, también pertenecen a la familia del indoeuropeo otros idiomas que no pueden adscribirse a ninguna de las clasificaciones anteriores pero cuya raíz presenta similitudes. Entre ellos se pueden señalar el albanés o el armenio.