Clasificación de las lenguas

En el mundo se hablan aproximadamente 4.500 lenguas diferentes, sin incluir las variantes que se dan dentro de cada una de ellas, ya que con éstas el número ascendería a más de 20.000.

Para poder llevar a cabo un estudio más científico y pormenorizado de ellas, ha sido necesario distinguirlas y organizarlas en familias y grupos. Se han creado dos tipos de clasificaciones diferentes, atendiendo bien a criterios tipológicos, es decir, a la forma en la que funcionan, o bien a criterios genéticos, es decir, a la manera en que han ido surgiendo.

Clasificación tipológica

El inventor de esta clasificación de las lenguas fue el filólogo alemán August Wilhelm von Schegel. Su modelo para el análisis de los diferentes idiomas estaba basado en el estudio de los esquemas estructurales y los mecanismos de funcionamiento en los que se apoyaba cada lengua, tanto para la creación de palabras como para la construcción de oraciones.

Las investigaciones más recientes han puesto de manifiesto que, por regla general, no se puede adscribir una lengua a una única tipología, ya que dentro de una misma lengua se pueden dar varios mecanismos diferentes al mismo tiempo (la lengua inglesa, por ejemplo, presenta rasgos propios de las lenguas flexivas, aunque en algunos aspectos podría incluirse dentro de las aislantes). Sin embargo, esta clasificación todavía resulta útil para distinguir grandes bloques de funcionamiento. Según este criterio se puede hablar de cuatro grupos: lenguas aislantes, lenguas aglutinantes, lenguas flexivas y lenguas polisintéticas o incorporantes.

Lenguas aislantes

Son aquellas formadas por palabras invariables que funcionan de forma autónoma. En estas lenguas cada vocablo conforma su función (gramaticalmente hablando, es decir, si son sustantivos, adjetivos o verbos) según el lugar que ocupa dentro de la oración y las otras palabras que la rodean. Pertenecientes a este grupo serían lenguas como la tibetana o el chino clásico.

Lenguas aglutinantes

Son aquellas que conforman las palabras y sus significados a partir de una raíz a la que se van añadiendo afijos. Estos indican tanto cambios de género y número, como la función de las palabras dentro de la oración. Dentro de este grupo estarían lenguas como el vasco, el turco o muchas de las lenguas amerindias.

Lenguas flexivas

Este grupo de lenguas se caracteriza porque en la formación de sus palabras existen dos elementos que siempre se mantienen: la raíz, que es donde está la información semántica, y las desinencias, donde se encuentra la información específica de género, número y, en algunas lenguas como el latín y otras lenguas derivadas del mismo, también la función de los vocablos dentro de la oración (serían las declinaciones). En este grupo se encontrarían casi todas las lenguas indoeuropeas, entre ellas el castellano, y también las semíticas, como el árabe o el hebreo.

Lenguas polisintéticas o incorporantes

Son aquellas que combinan marcas aglutinantes y aislantes para conformar sus palabras y sus oraciones. Son propias de la región polinesia.

Clasificación genética

Esta clasificación tiene como objeto indagar sobre el origen y la creación de las lenguas y su posterior evolución a partir de un número limitado de grandes familias, de las que después se derivarían el resto de las lenguas que se hablan por todo el mundo. De este modo, se buscan las similitudes y diferencias entre lenguas pertenecientes a una misma familia y se trata de averiguar las causas que explican las razones específicas de la evolución de cada idioma.

Este sistema, cuyo origen podría encontrarse en la leyenda mítica de la torre de Babel, se empezó a desarrollar de forma científica a partir del siglo XIX. La primera familia de lenguas que se estudió atendiendo a estos criterios fue el indoeuropeo y de ahí se pasó a otras como la semítica, la sinotibetana o la ugrofinesa. Sin embargo, en la actualidad todavía queda un número significativo de idiomas, sobre todo aquellos que sólo presentan una variante oral (como ocurre con muchas lenguas de África, América o Asia), que no han podido ser clasificados según este modelo.

La clasificación genética presenta algunos problemas en su uso derivados de la dificultad que a veces supone encontrar la relación que existe entre determinadas lenguas, o del deseo de algunos filólogos de construir macro clasificaciones que engloben a un gran número de idiomas que partirían de una protolengua común a todos ellos.

Las principales familias que se han distinguido y estudiado con mayor grado de profundidad son: la indoeuropea, la semítica, la camita, la ugrofinesa, la uraloaltaica, la sinotibetana, la dravídica, las lenguas austroasiáticas (como el chino, el indonesio o el vietnamita), las lenguas tai, las nigerocongolesas, las cusitas, las malayo-polinesias o las lenguas indopacíficas.