Óleo

    “Puente de Londres”, pintura al óleo de André Derain

    El óleo es la técnica pictórica grasa por excelencia. Utiliza como aglutinante los aceites secativos, unos compuestos grasos de origen vegetal que tienen la propiedad de endurecer y formar una película continua, resistente y protectora sobre la superficie, y cuyo poder secativo está estrechamente relacionado con su composición química; los más empleados son el de linaza, nuez y adormidera. De estos tres aceites, el de linaza es el que presenta mejores cualidades, forma películas resistentes, tiene mayor transparencia y con el tiempo amarillea menos que otros aceites.

    En esta técnica pictórica se pueden emplear todo tipo de pigmentos teniendo en cuenta que, según su composición química, unos necesitarán más cantidad de aceite que otros para secar. Por ejemplo, el pigmento verde denominado verdigrís retarda el proceso de secado del aceite por la presencia de cobre en su composición; sin embargo, los pigmentos a base de cobalto o plomo lo aceleran.

    Como diluyente de la pintura al óleo se emplea la esencia de trementina, aceite esencial volátil que se obtiene por destilación de la goma de trementina, resina exudada por los pinos. Esta esencia tiene el inconveniente de que con el tiempo y en contacto con el aire y la luz tiende a amarillear.

    El último proceso de esta técnica pictórica es la protección de la capa de pintura con un barniz. Los barnices se pueden definir como sustancias que tienen la capacidad de formar películas de recubrimiento que ejercen una doble función, protectora y estética, sobre la policromía. Por lo general son sustancias de naturaleza resinosa. Los más empleados tradicionalmente son los barnices de resina Dammar y Almaciga. Los primeros proporcionan barnices que con el tiempo amarillean y se vuelven más insolubles; los segundos también tienden a amarillear con el tiempo y las películas se vuelven quebradizas.

    Una vez que la capa pictórica seca, el tono de los colores varía ligeramente, volviéndose algo más oscuros. El proceso de secado del óleo es muy complejo, ya que se produce una modificación química de los componentes que provoca su irreversibilidad. Se desarrollan de manera paralela los procesos de oxidación y polimerización. Por un lado, los aceites secantes empleados como aglutinantes sufren un proceso de autooxidación por contacto con el oxígeno del aire dando lugar a un proceso químico más complejo llamado polimerización; por otro, las resinas empleadas en la elaboración de barnices también sufren reacciones de oxidación que provocan ciertas modificaciones estructurales que las hacen más rígidas, menos solubles y les dan un tono amarillento que puede dificultar la lectura de la obra. Si este proceso de secado no se realiza correctamente, es decir, desde las capas internas hacia las externas, pueden producirse craquelados y abolsamientos, ya que si la capa exterior se seca y endurece mientras que la inferior no lo ha hecho, los componentes volátiles de esta capa interna tenderán a salir al exterior rompiendo la uniformidad de la película formada.

    El pífano, óleo de Edouard Manet.

    El óleo es una técnica pictórica que puede emplearse sobre madera, lienzo e incluso cartón, siendo los más recomendables los dos primeros debidamente preparados, ya que requiere un sustrato determinado para impedir su posible degradación posterior.

    La pintura al óleo permite gran variedad de procesos técnicos, siendo los más utilizados la pintura por capas, la pintura directa y la pintura por veladuras. La primera es muy lenta y se realiza de manera progresiva aplicando capa sobre capa cuando la inferior ya está completamente seca. La segunda es una técnica más inmediata, ya que consiste en aplicar capa sobre capa sin dar tiempo a que seque, consiguiendo los tonos a base de mezclar el pincel directamente sobre el lienzo y no como en el proceso anterior, en que se consigue por superposición de tonos. Por último, las veladuras son finas capas de color muy fluidas en las que se emplea poco pigmento y más disolvente, aplicadas directamente sobre otra capa ya seca para matizarla. Para conseguir una buena veladura hay que tener en cuenta que el color de fondo debe ser siempre más claro que el tono de la veladura.

    El óleo tiene su origen en el norte de Europa. Ya en siglo XIII se empleaba en Noruega y se sabe que en fecha anterior se utilizaba en Inglaterra y en Francia para realizar pinturas murales. En el siglo XII, el monje alemán Teófilo, en su tratado Diversarum artium achedula, describe esta técnica como algo ya conocido. Ha sido sin duda la técnica pictórica por excelencia hasta la aparición, en la segunda mitad del siglo XX, de la pintura acrílica.