Escultura románica

    San Pedro, San Pablo, Santiago y San Juan, relieve de la catedral de Santiago de Compostela.

    La escultura románica estuvo supeditada de forma plena a la arquitectura, lo que conllevó un importante desarrollo de la talla en piedra. Ello fue posible gracias a la incorporación de escultores a las cuadrillas de canteros, que serían los encargados de elaborar los relieves presentes en los diferentes elementos constructivos y decorativos, como molduras, arcos, tímpanos, capiteles, frisos o cimacios. Esto originó la aparición en el siglo XII de la escultura monumental, ligada estrechamente a las iglesias y sus programas iconográficos.

    El hecho de encontrarse la escultura sometida al soporte arquitectónico provocó que adquiriera dentro de éste sus formas, ajustándose las figuras a la estructura de capiteles, jambas, etc., o provocando la reducción en tamaño de las dovelas de un arco. Esta circunstancia, unida a la voluntad por parte de la Iglesia de instruir a los fieles a través de la iconografía, ocasionó que, al mismo tiempo, no se tuvieran en cuenta aspectos como la búsqueda de la belleza, la simetría o las proporciones, y sí la claridad expositiva y narrativa; lo esencial era captar en un instante el tema y el mensaje de lo representado, con la dificultad añadida de que, al mismo tiempo, debían adaptarse al marco arquitectónico; es lo que se llamó “ley de adecuación al marco”. Esta simplificación a la hora de representar favoreció el empleo de elementos simbólicos y sobrenaturales de expresión.

    Para la iconografía la escultura se inspiró en fuentes religiosas y profanas, incorporando elementos tanto de la antigüedad clásica como prerrománicos. Los temas y motivos predominantes pertenecían, sobre todo, al Antiguo Testamento, los Evangelios y el Apocalipsis. También se representaron las luchas simbólicas entre hombres y animales, un amplio bestiario de animales fantásticos y monstruos heredado de la antigüedad y el mundo oriental; o sencillos motivos vegetales y geométricos. La finalidad de la iconografía era pedagógica, con ella se pretendía enseñar a los fieles la cultura, la moral y la fe.

    En España, durante el siglo XI destacaron los talleres catalanes en torno a Ripoll y la parte septentrional de los Pirineos; y no merecen menor interés los vinculados al Camino de Santiago como los de Jaca, Frómista, Sahagún y Santiago de Compostela. Como ya había sucedido en la arquitectura, la escultura incorporó un amplio abanico de referencias a las artes hispanas prerrománicas.

    La escultura románica castellana tuvo su génesis en los capiteles de las columnas del Panteón de San Isidoro de León, que muestran un estilo proveniente de modelos mozárabes locales. El predominio en el reino de León de población mozárabe ocasionó la aparición de un tipo de escultura monumental singular, mezcla de tradiciones visigodas y cordobesas.

    El momento de máximo esplendor de la escultura española se dio con la realización del claustro del Monasterio de Santo Domingo Silos, cuyas esculturas, sobre todo los expresivos relieves de los capiteles, fueron trabajadas mediante una técnica que recordaba a los marfiles musulmanes y mozárabes. El monasterio se convirtió en la referencia e inspiración del Románico castellano a partir de este momento. Con el tiempo, la influencia del Cister, caracterizada por la pobreza ornamental, provocó que la riqueza escultórica se fuera extinguiendo poco a poco. Algunos ejemplos se dieron en la provincia de Guadalajara, como son los Mensarios de las iglesias de Beleña, de Sorbe o Campisábalos, y en los capiteles de la portada de la iglesia de Millana.

    La recuperación vino en el siglo XII, momento en el que la escultura adquirió un naturalismo y alargamiento en el canon, cuyos mejores ejemplos encontramos en las obras que decoran el Pórtico de la Gloria en Santiago de Compostela y en la Cámara Santa de Oviedo.

    En Francia la escultura se desarrolló a través de las escuelas arquitectónicas de Languedoc, Borgoña, Provenza, Auvernia y Poitou. Por su cercanía, en Languedoc la escultura se vio influida por España y el Camino de Santiago, al tiempo que aprovechó las canteras de mármol de los Pirineos. A esta escuela pertenecen el tímpano de Moissac y la portada de San Saturnino de Toulouse, muy afín al estilo de San Isidoro de León. En Provenza destacó el friso de San Trófimo de Arlés y la representación de la vida de Cristo en el friso de San Gil de Gard; en Poitou y el sudoeste las obras más representativas están en la catedral de Angulema y Notre Dame la Grande de Poitiers; en Borgoña los mejores ejemplos los encontramos en los tímpanos de Santa María de Vézelay y San Lázaro, este último obra del maestro Gislebertus; en Auvernia destacan los capiteles de San Benoit sur Loire y el Juicio Final del tímpano de Santa Fe de Conques.

    En Italia fue importantísima la influencia de la estatuaria romana. En Lombardía trabajaron los dos maestros más sobresalientes del arte románico italiano: Guglielmo de Módena, que se ocupó de la catedral de Módena, y Benedetto Antelami, que dejó su impronta en Parma y en las esculturas del baptisterio y la Catedral de Fidenza. En el resto del país predominó el clasicismo y las obras en bronce de influencia bizantina de artistas formados en los talleres del monasterio de Montecasino; a esta escuela pertenece la puerta de bronce de la catedral de Monreale realizada por Bonanno Pisano.

    En Alemania la escultura monumental no tuvo casi presencia. No obstante pervivió la técnica del bronce, una tradición proveniente de los talleres de Hildesheim, cuyos mejores ejemplos son la imagen de Santa María del Capitolio de Colonia y la Puerta Dorada de Freiberg.