Escultura contemporánea

    El Apóstol, juego de materia y vacío de Julio González.

    La escultura en el siglo XX se enmarca en un panorama de Vanguardias, lleno de movimientos artísticos, artistas, escuelas y estilos. Como ya lo haría la pintura, la experimentación fue el camino a través del cual se cambió la forma de esculpir, reinterpretando y transformando los elementos, rompiendo moldes, derivando hacia la abstracción y yendo más allá del academicismo que Auguste Rodin había empezado a rechazar a finales del siglo XIX.

    El rumano Constantin Brancusi (1876 – 1957) fue una de las más destacadas figuras escultóricas del siglo XX. Establecido en París desde 1904, está considerado el creador de la escultura moderna. Al principio, mostró la influencia de Rodin, en cuyo estudio trabajó durante algún tiempo. Posteriormente su estilo maduró, integrándose e influenciándose de los artistas de los movimientos vanguardistas más destacados sin pertenecer a ninguno en concreto. Realizó esculturas en bronce, mármol y madera con un lenguaje que podía resumirse en un realismo aparentemente abstracto, pues para el artista lo real no era el exterior sino la idea, la esencia de las cosas.

    Julio González (1876 – 1942), catalán de nacimiento, fue otra figura clave de la escultura contemporánea y fundador de la escultura en hierro. Se caracterizó por la novedad de emplear la soldadura autógena, por hacer del espacio un elemento escultórico más y por su concepto de “dibujar en el espacio”. Su constante investigación aportó novedades en el ensamblado de piezas de hierro soldado, y mediante la construcción con líneas, planos y vacíos espaciales, la escultura retomó la exploración sobre la materia, el espacio y la relación entre ambos.

    También español fue Pablo Gargallo (1881 – 1934), quien aprendió con Julio González la técnica de la soldadura autógena, para luego experimentar e ir perfeccionando la técnica del metal. Tras un breve periodo realista, se vio influenciado en París por el cubismo de Pablo Picasso. Realizó esculturas abstractas y figurativas predominantemente en metal, con las que estableció una nueva concepción espacial, en la que sustituía el volumen por el hueco, jugaba con el binomio cóncavo-convexo y hacía de la luz un elemento añadido de la obra. En sus obras de piedra, mármol o arcilla, mostró, sin embargo, un estilo más naturalista.

    El futurismo dio como figura destacada a Humberto Boccioni (1882 – 1916). En 1912 publicó el Manifiesto técnico de la escultura futurista, donde defendió el uso de materiales diversos en una sola obra, el rechazo de la forma cerrada y la idea de compenetración entre objeto y ambiente circundante. Su obra más conocida es Formas únicas en la continuidad del espacio (1913), donde estudia los efectos físicos de la velocidad sobre el cuerpo humano.

    El americano Alexander Calder (1898 – 1976) fue un escultor que encontró en muchos de los pintores de las vanguardias, como Paul Klee, Piet Mondrian, los constructivistas, y Joan Miró, parte de la inspiración para sus célebres esculturas móviles. A partir de 1932 Calder empezó a crear móviles accionados por el viento, los cuales se componían de discos planos de metal suspendidos del techo, o bien eran unidos a un brazo que los sujetaba al suelo, montados en equilibrio, creando esculturas en permanente cambio y dando origen a multiplicidad de formas. Durante los años sesenta y setenta realizó también esculturas “estables” de acero de gran tamaño, generalmente pintadas en blanco y rojo, pensadas para colocar en espacios públicos.

    Al británico Henry Moore (1898 – 1986) le interesó desde el principio el trabajo directo con el material, la acción directa, rechazando el modelado de Rodin. Trabajó sobre gran número de materiales, aunque el más conocido sea posiblemente el bronce. Recurrió al surrealismo para buscar temas de representación. Lo más célebre son sus figuras reclinadas, sobre todo femeninas, que le sirvieron para experimentar y explorar la forma; estas mujeres tumbadas eran, a su vez, una metáfora del paisaje. Otro elemento característico de sus obras era el horadado o agujero, cuyo origen está en su obra tallada en madera oscura africana Composición (1932).

    Henry Moore, Mujer sentada.

    El escultor suizo Alberto Giacometti (1901 – 1966) experimentó con el lenguaje surrealista hasta 1935, momento en que decidió trabajar a partir de la naturaleza y el mundo de lo real. Fue desde 1945 cuando la superficie de sus esculturas empezó a adquirir la irregularidad y expresividad que las ha hecho célebres, para la cual empleó un trazo muy marcado en líneas y contornos. Desde ese momento, sus figuras, siempre frontales, se caracterizaron por la estilización y la delgadez; y la soledad que a veces presentaban no hacía sino expresar el trágico aislamiento humano.

    Busto de Annette, obra en bronce de Alberto Giacometti.

    David Smith (1906 – 1965) se convirtió en el primer escultor americano de metal soldado, tras interesarse por la obra de Julio González. Atraído también por el surrealismo, con la soldadura buscó plasmar de forma espontánea las imágenes de su inconsciente. Sus grandes formas geométricas y pintadas lo convirtieron en el escultor americano más original tras la Segunda Guerra Mundial, influyendo de forma indiscutible en la elaboración de estructuras primarias de colores del arte Minimal de los años sesenta.

    Jorge Oteiza (1908 – 2003) está considerado como uno de los pioneros de la escultura abstracta en España. Supo combinar lo arcaico con lo vanguardista, empleando materiales como la piedra y el hierro. Tras un periodo figurativo, fue evolucionando hacia la abstracción, trabajando con formas como el cuadrado y la esfera, con las que reflexionaba acerca de la relación entre espacio y volumen. La obra teórica de Oteiza fue realmente importante; con libros como Quosque tandem, meditaba acerca del espacio. Para él, la ocupación del espacio debía darse por medio de la fusión de unidades formales dinámicas o abiertas, y no por la desocupación física de una masa.

    La obra de Eduardo Chillida (1924 – 2002) se inscribe conceptualmente en la tradición, inaugurada por el escultor Julio González, del dibujo en el espacio. A su interés por los espacios se añadió, en 1962, la fascinación por la luz y sus efectos de transparencia en el modelado de algunas obras de la antigüedad clásica. La observación de la naturaleza y la búsqueda de un espacio interno caracterizaron las nuevas investigaciones en las piezas realizadas en hormigón y acero de la década de los sesenta, culminando en los setenta con su gran obra El peine del viento, ejemplo también de la tendencia del escultor por la realización de obras para espacios abiertos.

    Donald Judd (1928 – 1994) escultor estadounidense, fue uno de los creadores y teóricos del Minimalismo. La escultura de Judd constituye un ejemplo del nuevo arte americano surgido en los años sesenta como reacción contra el convencionalismo compositivo y jerárquico impuesto por las corriente europeas.

    Claes Oldemburg, artista americano nacido en Suecia 1929, es una de las figuras más representativas del movimiento Pop. Con la obsesión de “agrandar los caminos del arte” (como él mismo dijo) realizó sus más famosas esculturas a tamaño gigante, las cuales, como artista pop que era, estaban realizadas a partir objetos y materiales de la vida cotidiana y de la sociedad de consumo, tales como la Pinza, la Barra de labios o la Navaja Suiza. Esta tendencia sitúa a Oldenburg más cerca del dadaísmo y el surrealismo que el resto de sus colegas pop.

    Bruce Nauman escultor estadounidense nacido en 1941 comenzó siguiendo la tendencia Anti-forma o Postminimalista. Su obra se caracterizó, entre otras cosas, por incorporar a su escultura otros lenguajes, como el cine, el video, la danza, la literatura, la interpretación, en lo que supone una mezcla de influencias, materiales y medios contemporáneos, con la intención de exponer la idea del arte como método de investigación.