Efectos especiales

    Se consideran efectos especiales las técnicas que intervienen en la creación de un espectáculo para reproducir lo real en una situación de ficción.

    Se pueden establecer cuatro categorías distintas de efectos: los físicos, los visuales, los de sonido y los de maquillaje.

    Los efectos físicos se emplean con el fin de reproducir fenómenos (fuego, viento, explosiones); los visuales o de fotografía se centran en la utilización de maquetas o en el uso de trucos de laboratorio; los efectos de sonido suelen emplearse en la ambientación; por último, para alterar la apariencia de los actores se recurre al maquillaje.

    Utilizados desde siempre por el teatro, los efectos físicos han tenido gran importancia en el cine desde el mismo momento de su aparición. Del teatro procede, por ejemplo, el recurso de utilizar grandes ventiladores para simular viento, contenedores de agua para crear la ilusión de tempestades o hielo seco para simular nieblas.

    El maquillaje operístico y teatral de finales del siglo XIX fue el antecedente del que se iba a utilizar en el cine. Sin embargo, la distancia real que hay en el teatro entre el actor, en el escenario, y el espectador, en el patio de butacas, no tiene nada que ver con la proximidad que proporciona una cámara de cine. Los primeros planos precisaban una manera distinta de aplicar la técnica de maquillaje. El envejecimiento de un rostro o la apariencia de una herida forzaron a los maquilladores teatrales a cambiar su técnica; así, estos pioneros del cine se convirtieron en investigadores de nuevas técnicas y materiales que contribuyeron a crear esa ilusión de realidad que es también el cine.

    En cuanto a la técnica de los efectos de sonido, esto es, todos aquellos ruidos diferentes de la voz y de la música que aparecen en la banda sonora de la película, hay que subrayar que a la experiencia acumulada por el teatro y la radio el cine integró numerosas novedades: disparos, explosiones, rugidos de fieras, tormentas, aterrizajes, sirenas de barco, crujidos de maderas y toda clase de matizaciones sonoras que ha alcanzado en nuestros días un alto grado de sofisticación. Una parte de los efectos sonoros se obtiene hoy registrando el propio ambiente del lugar donde se realiza el rodaje; otros proceden de un archivo de efectos creado para tal fin y son incorporados al doblaje. Existen efectos de sonido creados artificialmente en laboratorios, una técnica que, con el tiempo, se ha ido haciendo más avanzada.