Agnosticismo

    Aunque el término agnosticismo suela aplicarse al ámbito de la fe, su origen se encuentra en el mundo del pensamiento y, más en concreto, en el de la gnoseología. Así, fue nombrado por primera vez en el siglo XIX por el naturalista inglés Thomas Huxley, quien lo usó para referirse a aquellos problemas que no pueden ser solucionados debido a que no es posible abordarlos desde el punto de vista de las ciencias positivas.

    Así pues, la palabra agnosticismo no nació para ser utilizada en el ámbito de la religión, ya que también hacía referencia al mundo de la metafísica o de los cuerpos y objetos que no se podían medir, pesar o percibir.

    Al poco tiempo de ser acuñado el término, empezó a ser empleado por grandes pensadores de corte positivo, como Darwin o Spencer, quienes reconocían que no poseían los suficientes datos científicos como para afirmar si creían o no en la existencia de Dios. Sin embargo, otros autores usaron el concepto para hablar de aquellas teorías en las que se remarcaba el hecho de que no era posible conocer ningún aspecto de la realidad. En este sentido, la cosa en sí kantiana es un elemento agnóstico dentro del pensamiento, ya que se trata de una realidad de la que no se puede tener ninguna clase de experiencia positiva.

    En cualquier caso, en su sentido más preciso, el agnosticismo es la postura propia de los científicos y pensadores positivistas, que se niegan a hacer depender su creencia en Dios en la mera fe, pidiendo pruebas de orden material.