Analítica

    Desde un punto de vista general, se llama analítica a toda aquella disciplina o doctrina que se basa entera o parcialmente en el análisis; mientras que, desde un punto de vista histórico, se trata de un concepto que fue empleado de manera precisa por Aristóteles, quien lo utilizó para referirse a aquella parte de la lógica que se dedica al análisis de los argumentos y las verdades siguiendo los principios elementales de la silogística. Así, la analítica aristotélica consiste en buscar en todos los enunciados las estructuras propias de los silogismos, encontrando en ellas premisas y conclusiones.

    Casi veinte siglos después, Immanuel Kant recuperó el concepto, reformulándolo bajo la noción de "analítica trascendental", que apuntaba al análisis de las condiciones trascendentales que permitían el desarrollo de las distintas formas de conocimiento o de los juicios. De esta manera, había una analítica de lo bello, una analítica de la verdad, etc.

    Así, para Kant, la analítica era lo mismo que descubrir cómo funciona el entendimiento humano a la hora de conocer el mundo o de expresar lo que se piensa en torno a la belleza. Por tanto, de lo que se trataba era de conocer las condiciones a priori, las estructuras mentales que regulan la verdad o la falsedad del conocimiento.

    Por ejemplo: la analítica trascendental llevó a Kant a la conclusión de que la forma humana de conocer está basada en el espacio y el tiempo, que lejos de ser realidades que existen por sí mismas en el mundo son estructuras que se encuentran en la mente de todos los hombres.

    Por último, otra forma célebre de analítica dentro de la filosofía es la analítica existenciaria de Martin Heidegger, quien partió del estudio y el análisis de la existencia para luego desarrollar una ontología o una visión metafísica del mundo.