Agustinismo

    El agustinismo no hace referencia tanto al conjunto de la doctrina de San Agustín como a las ideas derivadas de ésta, que sirvieron, sobre todo, para oponerse a la escolástica más ortodoxa. Así, mientras la mayor parte de los pensadores medievales tomaban partido por la tradición que se seguía del pensamiento de Aristóteles, los agustinistas optaban por una corriente más platónica, caracterizada por unos principios fundamentales distintos.

    Así, el agustinismo no hace una diferenciación clara y precisa entre las verdades reveladas y las verdades racionales. En esta diferenciación, que era uno de los temas más importantes dentro del pensamiento medieval, era habitual que se remarcase la colaboración mutua y la compatibilidad entre pensamiento y fe. Sin embargo, los agustinistas preferían mantener unos límites difusos entre ambas facultades, ya que entendían la razón de otra manera.

    Si los filósofos medievales de corte aristotélico consideraban que el entendimiento participaba de Dios pero a partir de cierta autonomía propia, siempre gracias a unos caminos específicos, los agustinistas mantenían en cambio que la razón era siempre un instrumento divino, dirigido de manera invariable por el propio Dios. De esta manera, la ciencia racional y la ciencia revelada o divina eran una y la misma cosa.

    En consecuencia, el agustinismo negaba en último término la independencia del pensamiento, que siempre debía inclinarse ante la fe o ante la voluntad de la divinidad, ya que el bien que se desprendía de ésta era más importante que las presuntas verdades que la ciencia humana quería alcanzar.

    Finalmente, en lo que se refiere a la consideración del alma y su relación con el cuerpo, los agustinistas expresaron el carácter sustancial de la materia. Los escolásticos que se basaban en el pensamiento de Aristóteles habían insistido una y otra vez en el hecho de que la materia no era sino mera potencia, por lo que mantenía una relación especial con el alma, que era acto. Sin embargo, los agustinistas le daban al cuerpo material un carácter sustancial, lo que hacía que éste tuviese una realidad propia, completamente distinta a la del alma.

    El agustinismo no se detuvo en la escolástica, y muchas de sus ideas se encuentran presentes en los autores más modernos.