Psicoanálisis

    Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis.

    El psicoanálisis es una disciplina fundada por Sigmund Freud, cuya base es la actividad psíquica inconsciente. Antes de Freud, Friedrich Nietzsche, Hartmann y Bergson habían apuntado que la vida humana consciente es superficial y que lo verdaderamente importante latía bajo lo consciente. Pero es el psicoanálisis el que hace una inversión definitiva del valor de la conciencia con respecto a la psicología tradicional; lo inconsciente es el círculo donde se inscribe lo consciente. En el psicoanálisis se pueden distinguir tres niveles:

    1. Método de investigación. Consiste, básicamente, en poner de manifiesto el significado inconsciente de las palabras, actos, producciones imaginarias, sueños o fantasías, de una persona.

    2. Método terapéutico. Busca la cura a través de la palabra. Sus claves son la asociación libre, la interpretación de los sueños y el complejo de Edipo.

    3. Conjunto de teorías psicológicas y psicopatológicas. A grandes rasgos, es la sistematización de los dos anteriores; es decir, de los datos aportados por el método psicoanalítico de investigación y del tratamiento terapéutico.

    Aunque Freud estudió medicina, desde el principio estuvo más interesado en la psicología que en la anatomía y, a pesar de tener grandes maestros, nadie le enseñó más en esta materia que sus pacientes, quienes, a través del método de la asociación libre, dejaban entrever retazos de lo que había sido suprimido por la represión y permanecía oculto en el inconsciente. Muy pronto, Freud añadió la interpretación de los sueños a su trabajo analítico, lo que le ayudó a confirmar la importancia de la sexualidad infantil en la conformación de la personalidad del individuo. Según Freud, el complejo de Edipo es el complejo nuclear, aunque estar enamorado de un componente de la pareja formada por los padres y odiar al otro no es algo que monopolicen los neuróticos, sino que para Freud es el destino natural de todos los seres humanos.

    Es significativo que Freud eligiera el sueño como el modelo más instructivo del funcionamiento mental, ya que soñar es una experiencia normal y universal. El sueño es a la vez lugar común y misterioso, extraño pero abierto a la explicación racional, desde la que Freud parte para tratar de poner el psicoanálisis bajo la bandera de la ciencia, como un instrumento imparcial de investigación, en el que se percibe, observa y describe. Así, llegó a desarrollar toda una teoría social que culmina con El malestar en la cultura, obra en la cual expone que la cultura es una especie de transacción entre el individuo y la comunidad. La sustitución del dominio del primero por el de la segunda representa para Freud el paso decisivo hacia la sociedad, en la que los miembros individuales restringen sus posibilidades de satisfacción en pro del derecho de la comunidad. Así, la evolución cultural es un proceso conflictivo entre el deseo de satisfacción individual y las imposiciones del grupo.

    Por ello, no queda más remedio que renunciar a la satisfacción de algunos instintos a través de restricciones que garantizan la seguridad del individuo dentro de la institución social. Esto hace que una de las características de la evolución humana sea la interiorización paulatina de la coerción externa en coerción interna, a través del superyó cultural, que, de este modo, desplaza el objetivo prioritario del individuo, conseguir la felicidad, a un segundo plano.

    Esto deja en los individuos una huella de infelicidad, que les provoca deseos de agresión que la sociedad ha de contener o eliminar a través de múltiples mecanismos que el psicoanálisis ha puesto en evidencia. En este sentido, Freud analizó las posibilidades de hallar el equilibrio individual, desde el alejamiento y pasividad de la sabiduría oriental hasta la utilización de la droga, pasando por la religión, que él calificó de delirio colectivo o de reorientación de los fines instintivos, de manera que eludan la frustración del mundo exterior, por medio del desplazamiento de la libido.

    Pero, si bien es cierto que la sociedad puede controlar y, hasta cierto punto, eliminar la satisfacción de los deseos, lo que le resulta imposible es dominar la existencia del deseo mismo que, en última instancia, actúa desde el inconsciente. Así, el propio individuo vive constantemente el conflicto entre sus dos tipos principales de pulsiones: Eros, conjunto de pulsiones de vida, y Tánatos, pulsiones de muerte.

    Así, la cultura, como Jano, posee dos caras orientadas en sentido contrario: una, sería la sublimación de los instintos, responsable de los mayores logros sociales, culturales y artísticos de la humanidad; otra, la constante culpabilidad, el malestar en la cultura, que motiva la propia sublimación de tales instintos.

    El psicoanálisis freudiano ha evolucionado de muy distintas formas y ha dado lugar a diferentes escuelas. Pero, sin duda, la experiencia analítica sigue siendo hoy, como en la época de Freud, patrimonio de unos pocos, aquellos que económicamente pueden y quieren permitírselo. No ocurre así con la divulgación e incluso con la vulgarización del psicoanálisis, ya que en el siglo XXI, aun cuando muchos afirman que el psicoanálisis está superado, la humanidad sigue manejando, en mayor o menor medida, elementos analíticos freudianos.