Antropología filosófica

    Desde un punto de vista no filosófico, más general, la antropología puede ser definida como la ciencia que se dedica al estudio sistemático y conjunto del hombre, incluyendo en sus indagaciones analíticas diversos órdenes, como el existencial, el psicológico, el biológico, el histórico o el filosófico. Ahora bien, dentro de la filosofía como tal se puede hablar de una antropología filosófica, que nació en la modernidad.

    En la contemporaneidad se suele distinguir entre una antropología física, que se centra en el estudio biológico del hombre y en sus relaciones con el entorno; y una antropología cultural, que se dedica al esclarecimiento de las cuestiones fundamentales que surgen de la consideración del hombre dentro de su mundo específico, del mundo que él mismo ha generado a partir del uso de su libertad. Unos tres siglos atrás, Immanuel Kant realizó una diferenciación muy similar, en la que se encuentra el origen de esta categorización de las distintas formas de antropología.

    Para el pensador alemán, la antropología filosófica consiste en la consideración y en el estudio del hombre y de su naturaleza ideal. Esto es: a partir de la situación real en la que se encuentra y de la analítica de su naturaleza, se concibe no sólo qué es el hombre, sino también qué es lo que debe ser: cómo debe comportarse, cómo debe vivir, hacia dónde debe ir.

    Henri Bergson decía al respecto que la función de la antropología filosófica es la de poner en relación todos los estudios antropológicos de orden físico y cultural con el fin de hallar un ámbito de análisis propiamente humano. No se puede estudiar al hombre como si se tratase de un fenómeno científico más, ya que es un animal infinitamente más complejo y libre que cualquier otra forma de existencia. Así pues, es necesario crear un ámbito de sentido más complejo, que refleje al hombre en sus particularidades.

    En este sentido destaca muy singularmente la propuesta del gran pensador contemporáneo Cassirer, quien pretendió definir la antropología filosófica junto con el ámbito analítico propiamente humano dentro de la semiótica o la simbología. Así, todos los datos obtenidos a través de los más diversos estudios apuntan al hecho de que el universo propiamente humano, dentro del cual debe inscribirse la antropología filosófica, es el de los símbolos, ya que son éstos los que han permitido que el hombre realice un espectacular salto evolutivo desde la mera naturaleza hasta la cultura.