Eco y reverberación

    Cuando se emite un sonido, si éste choca contra un objeto se produce la reflexión de la correspondiente onda sonora. De esta forma, la onda reflejada puede viajar, con distinto grado de amortiguación, de nuevo hacia el emisor. Los estudios físicos demuestran el interés de dos casos básicos generales, según el objeto se halle a menos de 17 metros o se encuentre a una distancia superior a este valor.

    Si se considera que el valor de la velocidad del sonido es de 340 m/s, en cada uno de los dos trayectos (ida y vuelta) de la reflexión, y en un segundo, recorrerá 170 metros. Dado que el oído humano no puede discernir sonidos que no estén separados por, al menos, 1/10 de segundo, si el obstáculo se encuentra a menos de 17 metros será imposible percibir diferenciados el sonido directo y el reflejado. Ambos se oirán como uno solo.

    Sin embargo, si el objeto en el que se refleja la onda sonora se encuentra a una distancia superior a 17 metros, la onda reflejada producida llegará en un plazo superior a 1/10 de segundo, en cuyo caso ambos sonidos se percibirán por separado. Aparece así el fenómeno del eco.

    La reverberación presenta singularidades diferentes. Este fenómeno tiene lugar cuando, en una estancia cerrada, el sonido que se produce se refleja en paredes, suelo y techos, hasta que su intensidad es tan débil que deja de percibirse. Este hecho, de especial importancia cuando se trata de materiales muy reflectantes, hace que unos sonidos se solapen con otros, dificultando de manera notable la audición normal.

    Para combatir la reverberación, se suelen colocar sobre las paredes materiales aislantes como corcho y telas. Ejemplos comunes de este empleo pueden verse en cines y salas de conciertos. El uso de gruesos cortinajes y la presencia de muebles, que son absorbentes acústicos de la energía de las ondas sonoras, contribuye asimismo a reducir la reverberación.