Bacteriófago

    Los bacteriófagos, también denominados simplemente fagos, son virus que infectan sólo a células bacterianas y que pueden reproducirse en ellas a gran velocidad causando su muerte por dos procedimientos a los que se conoce como ciclos lítico y lisogénico. Presentan una característica estructura constituida por una cabeza poliédrica, que contiene el material genético, una vaina contráctil y unas espinas y fibras terminales con las que se fijan a la célula infectada.

    En el ciclo lítico las bacterias infectadas son disgregadas mediante lisis de la unidad celular después de que el virus se replique y se encapsule, quedando libre para infectar nuevas células. Por el contrario, en el ciclo lisogénico la célula bacteriana no muere de inmediato, sino que el material genético del fago queda integrado en el ADN de la bacteria replicándose al mismo tiempo que ella hasta que, en determinadas condiciones (degradación del entorno celular, falta de nutrientes, etc.), los fagos endógenos, también llamados profagos, se activan y dan lugar a la destrucción de la bacteria.

    Para infectar a una bacteria, un fago se acopla a moléculas de su membrana celular que actúan como receptores específicos, que pueden ser lipopolisacáridos, proteínas u otros compuestos. Una vez acoplados, inoculan su material genético en el interior y quedan fijados a la membrana.

    Los fagos se emplearon como alternativa a los antibióticos en el tratamiento de infecciones bacterianas durante la segunda mitad del siglo XX, aunque los resultados de este tipo de aplicaciones fueron inciertos. No obstante, la aparición de cepas bacterianas resistentes a los antibióticos ha hecho que en la actualidad se hayan renovado las investigaciones sobre fagos como agentes antibacterianos. En la década de 2000 se han usado también bacteriófagos en la industria alimentaria, para atacar, por ejemplo, a la bacteria Listeria monocytogenes, que infecta ciertos tipos de carne y es causante de la patología infecciosa conocida como listeriosis.

    En el ámbito de la biología molecular, los bacteriófagos se emplean como vectores para la inserción de secuencias genéticas en las bacterias y la consecución de las denominadas bibliotecas genómicas, que permiten estudiar los efectos de las diversas modificaciones genéticas sobre las células.