Metal

    Conjunto de elementos que se caracterizan por ser sólidos a temperatura ambiente, con la excepción del mercurio, poseer brillo metálico y ser buenos conductores del calor y de la electricidad, si bien alguna de esas propiedades también las tienen otros cuerpos que no son metales.

    Se sitúan en la zona izquierda de la Tabla Periódica, cuando forman parte de los subgrupos metales alcalinos, alcalinotérreos y térreos, y en la región central de la misma, si son metales de transición, siendo precisamente éstos los de mayor aplicación en la industria.

    En mayor o menor grado, son electropositivos, lo que indica que tienen tendencia a ceder electrones para convertirse en cationes. Presentan un enlace característico llamado enlace metálico, el cual se explica por la teoría de la nube electrónica y por la teoría de bandas. Son cristalinos, lo que implica que sus átomos están ordenados según una red cúbica (centrada en caras o en el cuerpo) o hexagonal. Además, los metales son isotrópicos, lo que significa que poseen las mismas propiedades en todas las direcciones.

    Son muy pocos los metales que se hallan de forma nativa o pura en la Naturaleza, como el oro, la plata o el cobre. La inmensa mayoría aparece en combinación con diversos minerales bajo la forma, generalmente, de óxidos, hidróxidos y sales. En todos ellos se distingue una parte, llamada mena, que contiene la sustancia química correspondiente y otra, denominada ganga que no es aprovechable. El conjunto de operaciones a que se somete a los minerales para lograr, a partir de ellos, el metal que contienen se llama metalurgia.

    Por sus aplicaciones tecnológicas tienen gran importancia las propiedades físicas de estos cuerpos. Algunas de las más importantes son:

    Resistencia a la tracción, a la compresión y al corte. Capacidad máxima que un metal puede soportar sin romperse, cuando está sometido  a esfuerzos de tracción (fuerzas colineales opuestas), de compresión (presiones) y cizalladura (pares de fuerza), respectivamente.

    Dureza. Capacidad del metal a soportar la penetración. En los metales, la dureza se mide en las escalas Brinell, Rockwell y Vickers, las cuales se determinan midiendo ciertos parámetros de la huella que dejan sobre el metal unas bolas y una pirámide cuadrangular normalizadas.

    Fusibilidad. Capacidad de los metales para pasar al estado líquido cuando se les somete a calor.

    Forjabilidad. Propiedad que permite a los metales cambiar de forma cuando son golpeados en caliente.

    Maleabilidad. Gracias a ella, los metales pueden ser laminados, alcanzándose en algunos casos espesores muy pequeños (pan de oro).

    Ductilidad. Posibilidad, típica de los metales, de poder ser estirado en hilos.

    Soldabilidad. Capacidad de los metales para unirse entre sí de forma directa (soldadura autógena) o mediante un metal intermediario de aporte.

    Oxidabilidad. Capacidad de todos los metales, con excepción del oro, plata y platino, de reaccionar con el oxígeno formando óxidos. Una vez formada sobre la superficie del metal la correspondiente capa del óxido, ésta, si es impermeable, lo protege contra el progreso de dicha oxidación; en caso contrario permite la entrada de agua, apareciendo el destructivo proceso de corrosión.

    Elasticidad. Propiedad de los cuerpos de deformarse bajo la acción de una fuerza, recobrando la forma primitiva cuando ésta cesa.

    En función de su densidad, los metales se clasifican en ultraligeros (densidad inferior a los 2 g/cm3), ligeros (densidad superior a la anterior e inferior a 4,5 g/cm3) y pesados, con densidad mayor que esta última. Otra propiedad de los metales es su capacidad para reaccionar entre sí, formando aleaciones que mejoran las características de sus componentes.

    Finalmente, hay que advertir que los metales pesados (plomo, mercurio, cadmio, níquel, vanadio, etc) son tóxicos para los seres vivos, por lo que es fundamental su eliminación de los alimentos y del medio ambiente.