Programación neurolingüística

    La programación neurolingüística, conocida también por sus siglas PNL o, en inglés, NLP, se define como un marco de comunicación y desarrollo personal basado en el estudio de la estructura de la experiencia subjetiva. Fue creada por los estadounidenses Richard Bandler y John Grinder, especialistas en los campos de la autoayuda y la psicoterapia, en la década de 1970 y ha sido utilizada desde entonces como un medio para analizar y modificar las pautas de comportamiento en tratamientos psicológicos y en otros órdenes de la actividad social.

    La base de las técnicas de la programación neurolingüística es la concepción de que el ser humano carece de verdadera capacidad para operar de forma directa sobre la realidad, y que tan solo puede moldear su interacción con el mundo a través de un enfoque personal derivado de sus propias percepciones. En virtud de ello, el mapa de actuación sobre las situaciones que afectan a cada persona no es el territorio externo, sino la experiencia individual que ella desarrolla dentro de ese territorio.

    En el lenguaje de Bandler y Grinder, la realidad no es un descubrimiento al que se accede desde el ser, sino una invención materializada por el ser mismo a partir de sus percepciones del entorno. En una de las metáforas que plantean sus creadores, al igual que los filtros y los objetivos de una cámara fotográfica determinan la forma de ver una escena que tiene el observador, la percepción individual y la forma de interpretarla condicionan de manera decisiva el desarrollo interior y la evolución vital de las personas. Los condicionantes intrínsecos que éstas manejan, como puedan ser la situación social o las posibles limitaciones neurológicas y perceptivas, se convierten en elementos indisociables del propio constructo psíquico de la realidad que configura cada individuo.

    Desde esta perspectiva, la PNL denuncia el enfoque canónico de la psicología científica, que aplica técnicas consideradas objetivas y, en cierto modo, ajenas a las vivencias personales. En cambio, la programación neurolingüística preconiza la preeminencia del autoconocimiento para el abordaje y la resolución de los problemas. Para ello se sustenta en una metodología de modelización a partir de una “programación mental” en la que el lenguaje y los patrones lingüísticos adquieren una influencia predominante.

    La PNL clasifica a las personas en visuales, auditivas y cinestésicas, según que su potencia perceptiva se exprese mejor a través de la vista, del oído o de los sentidos del tacto, el olfato y el gusto, respectivamente. La búsqueda de aquellos sentidos con los cuales cada individuo mejor se relaciona ayuda a éste a establecer los principios en los que reforzar su autoconocimiento y elaborar técnicas de ayuda para la resolución de sus problemas. Estas técnicas depuradas de acuerdo con su vivencia de la realidad deben tender a mejorar su relación con el entorno, máxime cuando éste resulta problemático.

    En un principio, la programación neurolingüística se aplicó principalmente a disciplinas relacionadas con la psicología y la autoayuda, con particular incidencia en terapias de deshabituación del consumo de alcohol y drogas y de refuerzo de la personalidad. No obstante, pronto se extendió a otros ámbitos, como el deporte, la educación y el mundo de la empresa, como un medio para alcanzar altos niveles de excelencia. Aunque ha adquirido resonancia y éxito comercial, ha sido objeto también de críticas que denuncian, principalmente, su carácter acientífico. Los especialistas en psicología, neurociencia y lingüística sostienen que la PNL se ha inspirado en principios indiciarios de estas ciencias que han terminado por ser abandonados por sus expertos más reconocidos. Indican asimismo que la lingüística y las neurociencias han experimentado desde la creación de la PNL un auge extraordinario, que ésta no ha tenido en cuenta, sustentado en un conjunto de descubrimientos con creciente validez empírica. Frente a ello, la programación neurolingüística, según sus argumentos, adolece de falta de validez experimental y basa sus enfoques en afirmaciones escasamente contrastadas.