Capilaridad

    Propiedad de ciertos fluidos de ascender a través de un tubo de diámetro muy reducido, algo mayor que el de un cabello, de donde deriva su nombre de tubo capilar.

    Al no haber aportación exterior alguna de energía y verificarse el fenómeno contra la fuerza gravitatoria, la causa de la emigración debe achacarse a la naturaleza de éste. En algunas ocasiones, las fuerzas que se establecen entre las moléculas del fluido y las del material de la superficie del tubo son superiores a las propias fuerzas de cohesión entre moléculas del líquido y es debido a estas fuerzas de adhesión que se manifiesta el fenómeno de capilaridad.

    Experimentalmente, se observa que la capilaridad es tanto más intensa cuanto menor sea el diámetro del tubo. La altura alcanzada por la columna líquida viene dada por la expresión:

    donde:

    T = Tensión superficial.

    q = Ángulo de contacto, es decir ángulo que forma la dirección tangente al menisco con la pared del capilar.

    r = Densidad del líquido.

    r = Radio del capilar.

    Esta igualdad, llamada ley de Jurin, relaciona el ascenso capilar de forma directamente proporcional a la tensión superficial e inversamente proporcional al radio del capilar.

    Un ejemplo es el caso de vidrio?agua, donde el ascenso logra valores máximos, al ser q prácticamente igual a 0º. En este caso, se produce un menisco convexo en la pared del capilar, con lo que la tensión superficial origina una especie de aspiración que, con intensidad mayor que la fuerza gravitatoria, origina el ascenso del líquido. A medida que éste va subiendo, ese efecto succionador va disminuyendo, llegando un momento en que iguala a la fuerza de la gravedad. En ese instante, el ascenso se detiene, al haberse llegado a una situación de equilibrio.

    El caso contrario se observa para el vidrio-mercurio. En ese caso, el menisco que se origina es cóncavo y la capilaridad se manifiesta en sentido inverso que en el caso agua?vidrio.

    Biológicamente, la capilaridad tiene una gran importancia, ya que es la causa de que las plantas puedan alimentarse. Efectivamente, el agua cargada de sales minerales queda retenida en los pequeñísimos espacios que hay entre las partículas del suelo y desde allí es absorbida por unas vellosidades que se hallan al final de las raíces y que se denominan pelos absorbentes, los cuales actúan como verdaderos capilares.

    En la vida cotidiana, la capilaridad es observable en múltiples fenómenos, como, por ejemplo, la invasión de un terrón de azúcar por agua, cuando éste es depositado sobre un poco de ese líquido, la ascensión de un combustible por una mecha, el progreso de un líquido hacia arriba en un tejido mojado, etc. Muchas veces, las humedades que se registran en edificios mal drenados en sus cimientos se deben a la capilaridad.