Vulcanología

    Rama de la geología dedicada al estudio de los volcanes, el magma, la lava y los fenómenos geológicos con ellos relacionados.

    En las zonas de la corteza terrestre donde la actividad litosférica es mayor, como en los límites de contacto entre placas, el magma del interior de la Tierra puede encontrar vías de salida a la superficie. Se produce entonces una erupción volcánica. Grandes cantidades de materiales fundidos, sólidos y gaseosos, todos ellos a gran temperatura, son arrojados al exterior, en ocasiones de modo repentino y muy violento. El fenómeno posee una notable importancia geológica, puesto que los materiales liberados, al enfriarse, originan un tipo particular de rocas: las rocas ígneas. Por otro lado, las consecuencias de una erupción volcánica para los habitantes de las inmediaciones pueden ser catastróficas. Todo ello justifica la gran atención prestada a estos fenómenos.

    Se puede definir el magma como una masa de roca fundida. Se origina en el interior de la Tierra, en zonas donde, por diversas razones, la temperatura es lo bastante elevada para fundir el terreno. En su composición predominan ocho elementos químicos, que abarcan el 99% de la misma: oxígeno, silicio, aluminio, hierro, calcio, sodio, potasio y magnesio. Una de las propiedades físicas más importantes del magma es su viscosidad, puesto que, en gran medida, condiciona el modo en que se producirá la erupción volcánica. Un magma viscoso será causante, por regla general, de erupciones de gran violencia, acompañadas de lanzamiento de proyectiles sólidos, llamados piroclastos. Si por el contrario su viscosidad es baja, el magma fluirá mansamente, si bien podrá desplazarse hasta grandes distancias. Mientras asciende hacia la superficie y en especial cuando alcanza la misma, el magma libera las sustancias gaseosas que portaba en disolución, momento en que pasa a denominarse lava.

    Los volcanes pueden ser, básicamente, de dos tipos: fisurales o puntuales. Los primeros corresponden a aberturas alargadas en el terreno, por donde brota el magma. Los puntuales responden mejor a la imagen clásica de los volcanes. Su elemento más característico es el llamado edificio volcánico, en forma de cono y constituido por una acumulación de materiales solidificados, procedentes de antiguas erupciones. En su parte alta se ubica el cráter, una depresión por donde emergen los productos de la erupción.

    Por debajo de los volcanes, a una profundidad de unos 3 o 5 kilómetros, se ubica la cámara magmática, una gran cavidad donde el magma se acumula hasta el momento de la erupción. Cuando ésta se produce el magma asciende por una serie de chimeneas o conductos hasta sus puntos de salida. Una vez que la cámara magmática se vacía, puede llegar a hundirse a causa del peso de los materiales acumulados sobre la misma. Se produce entonces una gran depresión en el terreno, denominada caldera.

    Uno de los objetivos principales de la vulcanología es la predicción de las erupciones. Con este fin, los vulcanólogos observan las deformaciones experimentadas por el terreno, toman medidas de la actividad sísmica, analizan las emisiones gaseosas de las fumarolas volcánicas y, en general, todos los aspectos que resultan sintomáticos de una futura erupción. Mediante el estudio de antiguas erupciones se puede determinar el índice de explosividad volcánica, el cual es la relación entre el porcentaje de piroclastos liberados en una sola erupción y el total de los mismos, lanzados a lo largo de la vida del volcán. Cuanto mayor es el índice, mayor es el riesgo.

    Sin embargo, hasta el día de hoy los esfuerzos de los vulcanólogos no han permitido obtener un sistema de predicción fiable. Por otro lado, sí han servido para trazar mapas de riesgo, donde aparecen señalados los emplazamientos donde las erupciones resultan más probables, y para trazar planes de defensa y evacuación en caso de que se produzca una erupción.

    El Anillo de Fuego es una zona con mucha actividad sísmica y volcánica.