Ciclón tropical

    Imagen de satélite de un tifón sobre el mar Caribe.

    Fenómeno atmosférico consecuencia de una perturbación en la circulación del aire, que conduce a la aparición de un dominio de bajas presiones rodeado por un sistema de vientos. En el hemisferio norte este viento gira en el sentido de las agujas de un reloj, mientras que en el hemisferio sur lo hace en el sentido antihorario. Los dominios tropicales son, a causa de sus condiciones meteorológicas y las alteraciones climáticas presentes, los lugares más idóneos para que se den los ciclones.

    A diferencia de los producidos a mayores latitudes, como los ciclones extratropicales, los tropicales no poseen dominios fríos. Se alimentan en su lugar del calor y la humedad desprendidos por el océano, lo que los convierte en sistemas de núcleo cálido.

    Los ciclones acostumbran a ir acompañados de fuertes vientos y precipitaciones, además de ser causantes de violentas marejadas en las zonas costeras. Dependiendo de la velocidad que alcance el viento se diferencian los siguientes tipos de ciclón tropical: depresión tropical, cuando la velocidad del viento se sitúa por debajo de los 62 km/h; tormenta tropical, cuando la velocidad está entre los 63 y los 117 km/h, y huracán, cuando la velocidad del viento supera los 118 km/h. Este último tipo es, por tanto, el de mayor poder de destrucción. Su nombre proviene de la palabra arahuaca que los pobladores del mar Caribe daban en la antigüedad a este temido fenómeno atmosférico. Dependiendo de las regiones del globo donde se presente, recibe diferentes nombres, como tifón en las costas de Asia o willy-willy en Australia.

    Los huracanes aparecen en dominios oceánicos tropicales. Para que se origine un huracán, además de darse las condiciones atmosféricas adecuadas (aire caliente y cargado de humedad y corrientes suaves y uniformes en las capas altas de la atmósfera), es necesario que la superficie oceánica se encuentre en calma. En el caso del océano Atlántico, las zonas de calma se ubican en el hemisferio norte, motivo por el que en este océano los huracanes sólo se presentan al norte del ecuador. En el océano Pacífico, por el contrario, se producen huracanes en ambos hemisferios. Acostumbran a tener lugar a finales del verano, cuando la temperatura del agua es más alta. En el hemisferio norte, mayo es el mes más tranquilo, mientras que septiembre resulta el más activo en cuanto a ciclones tropicales. En el hemisferio sur, la temporada de ciclones tropicales se extiende entre los meses de abril a diciembre, y mayo y noviembre son los de mayor actividad.

    En el caso de los huracanes generados en el Atlántico, por ejemplo, éstos acostumbran a atravesar el mar Caribe en una trayectoria parabólica que los conduce hacia el noroeste, hasta la península de Florida. A continuación se desvían hacia el noreste, para remontar la costa oriental de los Estados Unidos.

    Hasta el siglo XIX los huracanes recibían el nombre del santoral que correspondía al día de su aparición. En la actualidad tanto los huracanes como las tormentas tropicales reciben una denominación que ayude a identificarlos. Durante la Segunda Guerra Mundial, se adoptó un sistema mediante el cual se les otorgaba nombres de mujer, asignados de una lista ordenada de forma alfabética. En 1953 se sumaron nombres masculinos a la lista, alternándolos con los femeninos. Existe una lista diferente para cada zona del planeta. La del océano Atlántico dispone de 21 nombres, mientras que la del este del Pacífico tiene 24. Los nombres de los huracanes especialmente dañinos, como el Mitch, son retirados. Las listas se reinician cada año. Si durante ese tiempo el número de huracanes supera el de nombres disponibles en la lista, comienzan a denominarse mediante letras griegas.