Electrometeoro

    Las auroras polares son un tipo de electrometeoro, producido por la presencia en capas altas de la atmósfera de partículas de aire cargadas eléctricamente.

    Cualquier manifestación de la electricidad atmosférica, ya sea visible, audible o ambos caos al mismo tiempo. La Tierra y su atmósfera no se encuentran en estado neutro desde el punto de vista eléctrico. El planeta posee una carga positiva, mientras que la atmósfera se halla cargada negativamente, lo que permite que se generen descargas entre ambos. El gradiente eléctrico entre uno y otra es, en los niveles próximos al suelo, del orden de 100 voltios por metro, disminuyendo a medida que se asciende en la atmósfera.

    Uno de los electrometeoros más habituales es el rayo. Éste consiste en una descarga eléctrica entre dos nubes con cargas diferentes, o bien entre una nube y el suelo. Las principales nubes causantes de rayos son los cumulonimbos, en los que las cargas positivas tienden a concentrarse en la parte superior, mientras que las negativas lo hacen en la inferior. Las consecuencias de una de tales descargas son una estela luminosa y una ionización temporal, aunque muy fuerte, del aire. Dicha ionización causa un calentamiento y un fuerte sonido, conocido como trueno. En ocasiones se producen los denominados rayos en bola, con apariencia de bolas de fuego que flotan en el aire.

    Las auroras polares son otro tipo de electrometeoro, producido en este caso por la presencia en capas altas de la atmósfera de partículas de aire cargadas eléctricamente. Sobre tales partículas actúa el campo magnético terrestre, que las empuja hacia los dominios polares. Sus formas son diversas: en corona, en cortina, en rayo y en arco; además presentan cierta luminosidad y diferentes colores, aunque el rojo y el púrpura son los más habituales.

    Otro electrometeoro más es el conocido como fuego de San Telmo, con apariencia de pequeñas llamas azules que se presentan a ras de suelo o sobre objetos puntiagudos tras las tormentas.