Silicatos

    Minerales obtenidos por la sustitución parcial o total del hidrógeno de un ácido silícico o polisilícico por otros átomos; los más habituales son el sodio, el potasio, el calcio, el magnesio, el aluminio y el hierro. La base estructural de los silicatos es el anión (SiO4)4-, el cual posee una estructura de tetraedro, con el átomo de silicio en el centro y los de oxígeno en los vértices. Las diferentes formas en que los tetraedros de silicio se unen entre sí dan lugar a los distintos tipos de silicatos.

    En los nesosilicatos los tetraedros aparecen de forma independiente, como sucede en el olivino. En los sorosilicatos los tetraedros se agrupan de dos en dos, formando el anión (Si2O7)6− como, por ejemplo, en el epidoto. En los ciclosilicatos los tetraedros se agrupan constituyendo anillos; un ejemplo de esto es la turmalina. En los inosilicatos, aparecen cadenas sencillas de tetraedros, como sucede en el piroxeno, o bien dobles. Los filosolicatos son aquellos en los que los tetraedros se disponen en hojas, como en la mica. Finalmente, los tectosilicatos disponen de armazones tridimensionales de tetraedros, como los del cuarzo y la zeolita.

    Los silicatos son insolubles en agua, a excepción de las sales sódicas y potásicas, la mayoría se descomponen al entrar en contacto con sustancias alcalinas, no son volátiles y sus puntos de fusión son elevados.

    Se trata de los minerales más abundantes en la Tierra, de hecho, aproximadamente el 25% de los minerales conocidos son silicatos, al igual que el 40% de los más comunes. Esto es fácil de comprender si se tiene en cuenta que alrededor del 90% de la corteza terrestre está formada por rocas ígneas, y que éstas se encuentran constituidas casi en su integridad por silicatos. Algunos de los silicatos más comunes son los de aluminio, entre los que se incluyen las margas, las arcillas, el caolín y la cianita; y el de berilio, que es un silicato combinado de berilio y aluminio, con variedades preciosas como la esmeralda.