Bóveda

    Bóveda de cañón de la iglesia de la Magdalena de Vezelay.

    Una bóveda es la prolongación en el espacio de un arco. Dicho en otras palabras: se trata de una superficie curva que cubre el espacio existente entre dos muros o filas de columnas.

    El tipo más sencillo de bóveda es la de cañón, formada por la prolongación de un arco de medio punto, o semicircular. La bóveda de cañón posee por tanto forma semicilíndrica. Este tipo de estructura obliga a que los muros que la sustentan sean lo suficientemente resistentes: han de ser gruesos y, en ocasiones, estar apoyados de contrafuertes: una serie de pilares de refuerzo distribuidos a lo largo de la longitud de los muros. Otro inconveniente es que los muros no pueden contar con grandes aberturas, lo que limita en gran medida la entrada de luz.

    Con el fin de solventar estos problemas, durante el periodo románico (siglos VIII-X) se desarrolló la llamada bóveda de arista. Ésta es el resultado de la intersección en ángulo recto de dos bóvedas de cañón. En la zona central se forma así un espacio cuadrado, enmarcado por cuatro arcos. Los cortes de las bóvedas trazan una equis que separa cuatro zonas iguales, denominadas paños. La ventaja de esta estructura es que los empujes se concentran en los vértices del cuadrado que forma el corte de las dos bóvedas. Basta entonces con reforzar estas zonas para que los muros puedan aligerarse y abrirse aberturas en ellos.

    Bóveda de crucería con arcos ojivales de la catedral de Amiens.

    La bóveda de arista mejora su estabilidad mediante el añadido de dos nervios diagonales, también conocidos como arcos cruceros, que unen los vértices opuestos del cuadrado. El resultado es un nuevo tipo de bóveda: la bóveda de crucería, cuya aplicación marcó el paso del periodo arquitectónico románico al gótico (siglos XI-XV).

    Durante el periodo gótico la tendencia fue la de levantar edificios de mayores dimensiones que los construidos hasta entonces. Esto obligaba a una revolución técnica, que vino dada en parte por el uso de la bóveda de crucería y los arcos ojivales. El arco ojival está formado por dos tramos de curva que se cortan en la parte superior. La construcción de bóvedas de crucería de forma ojival, en lugar de medio punto, permite una mejor distribución de las cargas hacia las columnas ya que el peso de la bóveda es recogido por los nervios, o arcos cruceros, que lo transmiten a éstas.

    Un inconveniente de la bóveda de crucería ojival es que, debido a su particular forma, los empujes no son sólo verticales, sino también horizontales. Para absorber estos empujes adicionales se disponen los arbotantes: una serie de grandes arcos exteriores, situados en perpendicular al eje de la bóveda, que sirven de refuerzo a los muros. El resultado es que el peso de la bóveda se descarga gradualmente de unos elementos a otros hasta llegar al suelo: de la bóveda a los cruceros, de los cruceros a las columnas, de las columnas a los arbotantes, y de éstos al suelo. La principal ventaja es que los muros pueden aligerarse, es posible abrir grandes ventanas, aumentando la luminosidad del espacio.