Danza

Danza afrobrasileña

La danza es una forma de expresión artística que hace uso de movimientos y gestos para acompasar el cuerpo al ritmo de la música. El lenguaje del cuerpo en forma de baile y la música se relacionan desde los tiempos prehistóricos. Los diferentes rituales en los que se invocaba una caza favorable, el éxito en la guerra, aplacar a las fuerzas de la naturaleza, favorecer una buena cosecha o potenciar la fertilidad de una pareja son ejemplos de la simbiosis entre música y danza. Grabados, pinturas rupestres, relieves y otros vestigios arqueológicos muestran por doquier la importancia de estos rituales en las sociedades prehistóricas y en las grandes civilizaciones de la antigüedad.

La danza tiene por tanto en su origen una esencia ritual, mágica y religiosa, en la cual mediante la exacta repetición de evoluciones y movimientos rítmicos sobre un fondo musical se consigue la comunicación con los dioses. Tal como expresara el filósofo griego Platón, “el orden y el ritmo que son característicos de los dioses lo son también de la danza”. Al igual que la música, la danza ha sufrido durante su historia una considerable modificación de su función social, y actualmente es un espectáculo total en el que se combinan con gran acierto y unidad música, baile, artes visuales y poesía.

Por otra parte, desde su origen, danza y baile se diferencian en lo que al uso del movimiento y el ritmo se refiere. La danza nace como una forma refinada de moverse, siguiendo unas normas precisas, buscando la complejidad y la belleza. El baile, por el contrario, surge como una forma de movimiento distendida e informal. Suele seguir además unos patrones, al igual que la danza, pero éstos son menos complejos y se prestan a la improvisación. Según el contexto histórico la danza y el baile se han manifestado de distintas formas, apareciendo ligados a determinadas situaciones, intenciones y estratos sociales.

El movimiento y el ritmo

La danza es una forma de baile más refinado, ya que sigue unas normas precisas.

El movimiento y el ritmo no sólo son los dos elementos fundamentales de la danza. En el caso del ritmo se trata del elemento más sugestivo e importante de cualquier forma de danza. En lo que se refiere al movimiento, éste va más allá de cualquier tipo de manifestación artística, hundiendo sus raíces en la misma esencia de todo lo que vive.

El movimiento

Cuando los primeros hombres prehistóricos se vieron en la necesidad de comunicarse con sus semejantes para cazar o protegerse sin poseer aún un lenguaje articulado, utilizaron el movimiento. Señalar o gesticular es ya comunicarse. Pero no se trata sólo del hombre. Cualquier ser animado, cualquier ser viviente basa su existencia en el movimiento, en el hecho de pasar de un lugar a otro. Las plantas se mueven para conseguir luz y oxígeno, los animales para alimentarse y reproducirse, y el hombre, en un primer instante de su historia, también para comunicarse. El movimiento puede servir para expresar un sinfín de cosas, pero en el caso concreto de la danza sirve para producir placer estético tanto en el que baila como en el que observa.

El ritmo

De la medición del movimiento dentro de un espacio de tiempo surge el ritmo. Para ser rítmicos, los movimientos deben producirse dentro de unas pautas o secuencias temporales. El ritmo es el elemento más característico y fascinante de la danza y procede de cuatro fuentes que se encuentran en el cuerpo humano.

En primer lugar, la respiración es el origen de cualquier forma de actividad humana. En ella se encuentra ya el ritmo, que se manifiesta alternando de distintas maneras la inspiración y la espiración, según se realice con mayor o menor rapidez. Además, la respiración liga los ritmos a la vitalidad. En segundo lugar, el cuerpo organiza el ritmo a partir de tres funciones corporales: el latido del corazón, los movimientos de los músculos –que se contraen y se distienden– y las sensaciones recibidas a través de los nervios. Asimismo, las piernas son la parte del cuerpo que mejor capta los ritmos y posibilita el movimiento, ya que se trata del punto de apoyo del cuerpo sobre el suelo. Por último, otra fuente es el ritmo emocional, ya que el paso de un estado anímico a otro supone igualmente una forma de ritmo.

Elementos

La danza se puede clasificar siguiendo un gran número de criterios, que van desde la distancia entre los bailarines hasta el espacio en el que se desarrolla. Los criterios se basan habitualmente en la relación que se establece entre los bailarines y los distintos elementos que definen la danza, como la profesionalización del arte o la relación con el público.

Los ejecutantes

La danza puede contar con un solo bailarín o con un grupo de ellos.

Una danza puede ser ejecutada por un solo bailarín o por un grupo de ellos. La danza individual es la más primitiva y, habitualmente, la menos compleja. La coral, por el contrario, presenta un gran número de variaciones, pudiendo formar figuras o haciendo que el protagonista aparezca y desaparezca del primer plano de la representación.

El contacto físico

Según la cercanía entre los bailarines, la danza puede ser sin enlazar (no hay contacto físico alguno), semienlazada (los bailarines se toman de una mano) o enlazada (hay mucha proximidad).

El bailarín profesional y el bailarín lúdico

Desde que el bailarín tuvo conciencia de la autonomía de su arte, cuando la danza comenzó a independizarse de los palacios, nació el baile como una disciplina artística. El bailarín profesional se dedica con exclusividad a trabajar su cuerpo para que pueda responder a las exigencias de las emociones que transmite la música. Se trata de una profesión severa y rigurosa que apenas dura unos años. En otro orden se sitúa el bailarín lúdico, que sólo busca en el baile una forma de diversión, un modo de relacionarse socialmente. El término medio se puede encontrar en el bailarín semiprofesional, que acude a academias para aprender, que trata de cuidar la elasticidad y la formación de su cuerpo, pero que no busca en la danza una forma de vida.

El espectador y el bailarín

Atendiendo a la situación de los espectadores en relación con los bailarines, la danza puede ser más o menos sugestiva. En el caso de que el bailarín no se mezcle con el público, éste tendrá con el espectáculo una relación puramente pasiva, mientras que si los artistas danzan al mismo nivel que los espectadores, sin separación clara entre unos y otros, el espectáculo será mucho más vivo aunque menos académico. También es importante en este sentido el nivel en el que se encuentre el escenario en relación a los espectadores. Si se halla a la misma altura, el público sólo verá muy limitadamente los bailes, por lo que los bailarines se verán obligados a realizar movimientos oblicuos para dar sensación de profundidad. Si el escenario se encuentra bajo los palcos, como sucede en las grandes salas de teatro, el espectáculo será mejor captado en todas sus dimensiones.

El recinto

Dependiendo de cómo sea el lugar en el que se desarrolla la danza o el ballet, el espectador tendrá también una relación diferente con el espectáculo. Los recintos pequeños dan una visión mucho más íntima de las evoluciones de los bailarines, mientras que los grandes locales hacen que los detalles sean menos evidentes.

Los recintos en los que el escenario está frente a las butacas, a su mismo nivel, se llaman auditorios; aquellos en los que las butacas están dispuestas semicircularmente frente al escenario, subiendo poco a poco hacia el techo de manera escalonada, se denominan “teatro griego”, y los recintos en los que el público aparece dispuesto alrededor del escenario, subiendo poco a poco hacia el techo, se denominan “arena”.

Tipos de danza en virtud de su expresión

Según lo que se exprese a través del baile, las danzas pueden ser de varios tipos. En la danza abstracta, el cuerpo no expresa conscientemente ningún tipo de emoción o significado. En cambio, en la danza concreta el bailarín expresa con sus movimientos sus sentimientos, ideas y emociones. Además, dentro de esta última hay dos tipos de baile: el sagrado, en el que el danzante expresa no sólo sus sentimientos, sino también aspectos existenciales de su vida, como el nacimiento o la muerte, y el profano, en el que se expresan las tendencias más instintivas del hombre.