Géneros pictóricos

Temas básicos de la pintura.

Aunque a lo largo de la historia de la pintura han sido numerosos los géneros artísticos que se han ido sucediendo, en toda época y lugar, los pintores han coincidido al tratar ciertos temas comunes, como son la religión, el retrato o el paisaje. Estas diferentes temáticas determinan los géneros de la pintura.

La magia

Se trataba de una temática muy habitual en las civilizaciones primitivas. La pintura adquiría un significado de posesión. Al realizarla, el artista se convertía en dueño del objeto del mundo real que estaba representando. Las pinturas rupestres que adornan las paredes de las cavernas (Altamira en España, Lascaux en Francia, etc.) son un ejemplo de esta temática. Los cazadores prehistóricos, antes de salir a por sus presas, realizaban pinturas de los animales que deseaban cazar, con lo que creían asegurar su captura.

La mitología

Esta temática se sitúa a medio camino entre la religiosa y la histórica. Se basa en la representación de dioses y héroes clásicos, los cuales simbolizan diferentes vicios y virtudes, con lo que la pintura adquiere un sentido moral. Hércules simboliza la fuerza, Baco la sensualidad y Venus la belleza, por ejemplo. En determinadas épocas artísticas, sin embargo, el uso de esta temática ha sufrido alteraciones. Durante el Renacimiento las imágenes mitológicas fueron utilizadas tan sólo por motivos estéticos, como medios para despertar un placer visual, al margen de su finalidad moral.

La religión

Es sin duda uno de los temas más importantes, probablemente el que más se haya tratado a lo largo de la historia de la pintura. Ya se encuentran ejemplos de pintura religiosa en las antiguas civilizaciones precristianas, como la egipcia, la persa o la mesopotámica. Quizá sea en este género donde se pueden encontrar una mayor evolución y amplitud de variantes, dependiendo en cada caso del mensaje que se desee comunicar y de la relación que en cada momento y época el ser humano ha mantenido con sus deidades. Las primeras representaciones del dios cristiano, así como de Buda, mostraban a un ser todopoderoso, remoto y misterioso, en claro simbolismo de una cabeza que había que seguir, de un líder. Otras pinturas religiosas poseen un carácter didáctico, como es el caso de las representaciones de santos realizadas durante el periodo barroco, donde se los mostraba como personajes modélicos. También se ha utilizado la pintura religiosa para despertar el miedo entre los fieles, como en las representaciones del Apocalipsis, del Juicio Final, del infierno o de la expulsión de Adán y Eva del paraíso. Por el contrario, otras imágenes persiguen despertar la fe y la esperanza, como es el caso de numerosas representaciones de la Virgen.

La historia

En este caso la pintura sirve como registro y conmemoración de hechos históricos. Se ha utilizado por ejemplo para la celebración de victorias militares y coronaciones reales. Con el fin de acentuar el significado e importancia de los hechos representados, se recurre a menudo al uso de símbolos y alegorías. En la actualidad este género ha ido cayendo en desuso al ser reemplazado por la fotografía, que permite la captación instantánea de los hechos.

La temática costumbrista

Es la que muestra escenas de la vida cotidiana. Se puede considerar como una modalidad particular dentro de la temática histórica, puesto que se trata de testimonios gráficos sobre cómo ha discurrido la vida de los ciudadanos en las diferentes épocas, no solamente la de la realeza o los grandes héroes militares. Muestra escenas de trabajo, como la recogida de las cosechas, de la labor de los artesanos, de festividades tradicionales o de la vida en el interior de los hogares. Esta temática cobró especial importancia a partir del siglo XVII, debido al surgimiento de una nueva clase social: la burguesía. Los burgueses, situados entre la nobleza y el pueblo llano, buscaron autoafirmarse y dejar constancia de sí mismos mediante su representación en la pintura.

El retrato

Las primeras muestras de esta temática, aparecidas en la antigüedad, surgían de la necesidad de los hombres de dejar constancia de su paso por este mundo. Así, la pintura, considerada como eterna, se imponía a lo efímero de la vida humana. A menudo la imagen de las personas representadas en los retratos se muestra deformada, buscando así una mayor expresividad de su personalidad, cualidades o importancia histórica. Se pueden encontrar así retratos idealizados, caricaturescos y alegóricos. Por supuesto, existe también el retrato realista. Algunas modalidades particulares son el retrato de grupo, el retrato familiar y el autorretrato. Este último cobró importancia durante el Renacimiento, cuando los pintores, que se representaban a sí mismos, ganaron importancia y reconocimiento, y pasaron de ser considerados como meros artesanos a la categoría artistas. El autorretrato era un modo de afirmar su autoridad. Al igual que ocurre con la temática histórica, el retrato en la pintura se ha ido abandonando progresivamente, al mismo tiempo que es sustituido por el retrato fotográfico.

El paisaje

El diferente uso que la pintura ha hecho de los paisajes divide a éstos en dos grandes tipos: los dependientes y los independientes. Los paisajes dependientes, muy frecuentes durante el Renacimiento, son aquellos que aparecen en las pinturas como un elemento más. Habitualmente constituyen el fondo o el decorado sobre el que se emplazan las figuras principales. Aunque en estos casos el paisaje posee sin duda una gran importancia desde el punto de vista de la composición, no se trata del protagonista de la obra.

Los paisajes independientes, por el contrario, sí se erigen como centro de la pintura. Se pueden encontrar ejemplos de este tipo en el arte chino del siglo IV, donde el estudio del paisaje en sí mismo, además del paso de las estaciones y los efectos del tiempo atmosférico, poseían gran importancia.

Otra clasificación posible es la que separa los paisajes en imaginarios, fruto de la imaginación del pintor, y naturalistas, que buscan una representación cercana a la realidad. En ambos casos, los estilos pueden ser muy distintos, variando desde la precisión hiperrealista a la visión poética o idealizada del paisaje.

El bodegón

Esta temática es conocida también como naturaleza muerta. Se basa en la representación de una reunión de diferentes objetos sobre una superficie. La tipología de estos objetos varía considerablemente. A menudo en su elección se pueden encontrar simbologías religiosas (vino, pan y agua) o filosóficas, que los relacionan con la vida y la muerte (relojes y cráneos). Al margen de su simbología, la pintura de bodegones cuenta con dos propósitos fundamentales: el decorativo y la representación de un modo de vida a través de sus objetos de uso cotidiano.

La temática abstracta

Es la que trata la representación de conceptos abstractos, como ideas y emociones, y la producción de sensaciones visuales. Esto último lo consigue mediante líneas, colores y formas que no poseen un significado evidente ni conexión directa con la realidad. El significado de las obras es subjetivo.

Otros temas habituales en la pintura son los animales, cuya representación ha sido muy abundante en todas las épocas, desde el arte rupestre a los bestiarios góticos; el desnudo, como una modalidad particular del retrato; y las versiones que los pintores realizan de obras pictóricas previas, lo cual no ha de ser considerado una mera copia, sino como una trascripción creativa.