Luz (arte)

La Venus de Milo iluminada, de izquierda a derecha, con luz frontal, lateral, a contraluz y con luz cenital.

Un elemento fundamental para la correcta percepción y observación de las distintas imágenes y sus formas es la luz. Gracias a ella se puede distinguir mediante el sentido de la vista los rasgos que componen una imagen. Además, la luz posee el poder de modificar la apariencia de las formas y dotarlas de mayor expresividad.

La forma y la medida en que la luz cumple estas funciones depende en primer lugar de cuál sea su naturaleza; de que su origen sea natural o artificial. Dentro del primer tipo, la mayor y más importante fuente de luz es el sol. Su principal característica radica en su naturaleza cambiante; la intensidad y el color de la luz solar varían a lo largo del día de forma continuada. La representación en un cuadro, por ejemplo, de un momento u otro del día puede dotar a las figuras centrales de cierta melancolía (si se hace con la luz del atardecer) o con gran fuerza y dinamismo (si se representan las horas centrales del mediodía).

La luz artificial, por su parte, puede provenir de fuentes muy diversas, como bombillas, tubos fluorescentes o focos halógenos. Dependiendo de cada una de ellas, la intensidad y el tono de la luz serán diferentes. En comparación con el sol, las luces artificiales son siempre débiles pero cuentan con la ventaja de poder manipularse, graduarse y combinarse, además de no ser variables con el tiempo.

Aparte de cuál sea la naturaleza de la luz, y también de que ésta sea blanca o de color, su capacidad como elemento de expresión cambia según su dirección, calidad e intensidad. Mediante la combinación de estas cualidades es posible resaltar formas, suavizar relieves o llamar la atención sobre determinados detalles.

La dirección de la luz

La dirección de la luz depende de la situación de la fuente luminosa respecto del objeto. Variando la dirección se pueden obtener efectos expresivos muy diferentes: tranquilidad, misterio, opresión, alegría, etc. Según la dirección, existen cuatro tipos fundamentales de luz: frontal, lateral, contraluz y cenital.

Luz frontal. Es la que se emplaza delante del cuerpo que hay que iluminar, el cual se muestra así libre de sombras. Las sensaciones de volumen y profundidad disminuyen, con lo que el objeto parece aplanado. También contribuye a suavizar las formas y dar una impresión de ligereza.

Luz lateral. En este caso la fuente de luz se sitúa a un lado del objeto. Destaca las texturas y volúmenes, además de producir una impresión de dramatismo y cierto misterio.

Contraluz. La fuente luminosa se emplaza detrás del objeto. De este modo se recorta el perfil de las formas, convirtiéndolas en meras siluetas.

Luz cenital. La fuente de luz se encuentra encima del objeto, iluminándolo perpendicularmente. Las sombras desaparecen y la impresión causada es de aplastamiento contra el suelo.

La calidad e intensidad de la luz

La calidad de la luz depende del tamaño de la fuente luminosa, mientras que la intensidad lo hace de su potencia. A mayor tamaño, mayor calidad; y a mayor potencia, mayor intensidad.

Una fuente de luz potente, como es el sol en un día sin nubes, logra que las partes iluminadas de los objetos aparezcan brillantes y, por el contrario, que las sombras se vuelvan muy nítidas y definidas. En conjunto, existe un gran contraste entre zonas iluminadas y en sombra. Este tipo de iluminación se conoce como luz dura, y es empleada para resaltar texturas, formas y colores.

La luz suave es la que proviene de una fuente de una potencia moderada, además de ser muy extensa, de provenir de muchos puntos, como ocurre con el Sol en un día cubierto. Las sombras que se obtienen de este modo son mucho menos marcadas que en el caso de una luz dura, y sus contornos se hallan difuminados. La sensación de volumen disminuye.