Pintura

Pintura rupestre en una de las paredes de la Gran Sala (Cueva de Lascaux, Dordoña)

Técnica artística que constituye el arte plástico bidimensional por excelencia y se basa en un lenguaje conformado por el color, la línea y la materia. Aunque tradicionalmente ha sido asociada con la representación de la belleza utilizando un lenguaje plástico y visual, actualmente se entiende como un vehículo de expresión y una forma de representación de la realidad circundante.

La pintura ha acompañado al ser humano a lo largo de toda su historia, en forma de escenas de caza en las paredes de las cuevas, como ilustraciones trazadas sobre la piel con fines ceremoniales o de camuflaje, o bien como representación de sus deidades. Ha cumplido múltiples y muy diferentes funciones: ha sido registro de acontecimientos históricos importantes, vehículo de enseñanzas morales y mero objeto decorativo. Dada tal variedad de aplicaciones, definir qué es la pintura se convierte en una labor muy compleja. Son numerosas las definiciones que se han enunciado, siempre coincidiendo con las modas pictóricas de cada momento. Si se opta por la generalidad, y al mismo tiempo por la sencillez, se puede decir que la pintura es una superficie plana cubierta de colores con un cierto orden, definición dada por el pintor francés Maurice Denis (1870-1943).

Sandro Bo t ticelli, La primavera.

El elemento que más contribuye a diferenciar la pintura del dibujo es el plano: las superficies ocupadas por colores. Los planos, en estrecha colaboración con el color y la luz, permiten crear una ilusión de volumen en el seno de la pintura, potencian la expresividad y hacen posible una representación más precisa del mundo real. Los colores empleados en la pintura se componen de una serie de pigmentos, encargados de aportar la tonalidad, y un aglutinante, gracias al cual los pigmentos se pueden aplicar a las superficies. Las diferentes técnicas pictóricas se basan en el uso de pinturas compuestas por unos u otros aglutinantes, además del soporte sobre el cual se realizan: muros, tela o papel. Algunas de estas técnicas son el fresco, el temple, el óleo y la acuarela.

El plano y la ilusión de volumen

Mientras que el dibujo se compone básicamente de líneas y puntos, en la pintura juega un papel fundamental el plano, el cual surge de la posibilidad de cubrir con color amplias superficies. Cuando una línea se cierra sobre sí misma crea la idea de una superficie.

La percepción de un plano como un elemento diferenciado dentro de una pintura se logra a través de la línea de contorno, de la textura y del contraste, que puede venir dado por la configuración del propio plano, por su tamaño o bien por su color. Estas mismas cualidades, adecuadamente manipuladas y combinadas, crean además sensaciones de acercamiento, alejamiento y volumen, que contribuyen a aumentar la impresión de profundidad de la pintura, y con ella su expresividad. Algunas de las posibilidades a este respecto son, por ejemplo, el aumento o disminución del tamaño de un plano respecto a otro que actúa como referencia, es decir, variaciones de tamaño que crean la impresión de acercamiento o alejamiento entre ambos. Hay variaciones de color que producen este mismo efecto; los colores cálidos se perciben como más cercanos, mientras que los fríos parecen alejarse.

La textura, por su parte, es la apariencia de una superficie. Puede ser lisa, rugosa, áspera o granulada. Una textura suave y uniforme provoca sensaciones de lejanía y estatismo, mientras que una rugosa o irregular hace pensar en movimiento y se percibe de un modo más intenso y cercano.

De igual manera, cuando una forma tapa a otra da la impresión de encontrarse delante, resultando así una sensación de profundidad, de espacio de tres dimensiones. Además, las superficies de contornos ondulados producen sensación de curvatura, mientras que las aristas bien definidas conducen a pensar en dobleces. En ambos casos, se acrecienta también la impresión de profundidad. Por último, el sombreado, aplicado a una superficie, consigue que ésta parezca elevarse respecto al fondo.

Basándose en lo anterior, se pueden introducir dos nuevos conceptos referidos a la ilusión de volumen dentro de la obra pictórica: el escorzo y el modelado. El escorzo es un recurso expresivo mediante el cual los objetos son representados en posición perpendicular u oblicua respecto al plano visual, es decir, el cuadro. De este modo quedan acentuadas las diferencias de tamaño entre las partes más próximas al espectador y las más alejadas, con lo que se acrecienta la impresión de distancia.

El modelado, por su parte, se basa en el uso de la luz para representar el volumen de los objetos. Las partes que se representan iluminadas siempre captan antes la atención del espectador, mostrándose más cercanas. Por el contrario, las zonas en sombra parecen hallarse más alejadas, difíciles de percibir. Con este juego de zonas de luz y de sombra, se crea una sensación de volumen, a la vez que se puede dar idea de la solidez y peso del objeto representado.

También se puede llevar a cabo el modelado mediante el color. Determinados colores, los cálidos, producen el mismo efecto que la luz: las zonas sobre las que se aplican parecen encontrarse más próximas al ojo del espectador; mientras que los colores fríos producen el efecto contrario, alejando las zonas que poseen estas tonalidades.

Elementos fundamentales: luz y color

Al margen de consideraciones teóricas sobre la naturaleza de la pintura, lo que caracteriza principalmente a esta disciplina artística es la utilización del color. Éste se puede emplear tanto para el trazado de líneas como para el llenado de superficies, y facilita la imitación de la naturaleza en un cuadro; produce una impresión de realidad.

Plaza del Dam, de Gerrit A. Berckheyde. El uso de diferentes planos, colores y sombreados permite al pintor dar un efecto de tridimensionalidad a la obra.

Por otro lado, al hablar de la luz en la pintura no nos referimos a la luz del mundo real, al ente físico que incide sobre una pintura y permite así que ésta sea vista por el espectador. La luz en la pintura es un efecto, una serie de estrategias a las que el pintor recurre para crear la ilusión de que los objetos que representa se hallan iluminados.

Si se tiene esto en cuenta, resulta sencillo deducir que tanto el color como la luz constituyen elementos fundamentales en la creación pictórica. Ambos contribuyen a dotar de expresividad a la pintura y facilitan la creación de sensaciones.

La luz

La luz representada en la pintura puede reproducir el comportamiento de la luz real, ya sea natural –diurna, nocturna o crepuscular– o bien artificial –procedente, por ejemplo, de velas, bombillas o fluorescentes– (véase el capítulo “El lenguaje plástico-visual”). En cualquiera de los casos, la luz surgirá de un foco luminoso, aunque éste no se halle presente (representado) en la pintura. También puede ocurrir que la luz se comporte de un modo radicalmente diferente: como una luz inventada, como un ente singular. En este caso las únicas leyes a las que responde son los deseos del pintor, que empleará este nuevo tipo de luz de acuerdo a las necesidades de expresividad y composición de la pintura. Un ejemplo de esta situación se presenta cuando en una obra pictórica no existe, o parece no existir, una fuente luminosa definida, sino que la luz proviene de los mismos objetos representados.

El color

El color es el resultado de la absorción o reflejo de los distintos tipos de luces.

En el mundo físico, la sensación conocida como color viene dada por el comportamiento de las superficies ante la luz. Dependiendo de qué longitudes de onda absorban y cuáles reflejen, el ojo humano percibirá un color u otro. Una superficie roja lo es porque absorbe todas las longitudes de onda de la luz menos las correspondientes al rojo, que rebotan sobre ella. Si una superficie rechaza todas las longitudes de onda, es decir, todos los colores, será blanca; si por el contrario las absorbe todas, será negra.

Por otra parte, es necesario diferenciar entre dos tipos de “colores”: aquellos que proceden de la descomposición de la luz blanca (luz coloreada) y aquellos que derivan del reflejo de la luz sobre una superficie, o mejor dicho, sobre los pigmentos que cubren dicha superficie (colores pigmento). Éstos segundos son de gran importancia en la pintura.

Una primera clasificación de los colores pigmento lleva a separarlos en primarios y secundarios. Los colores primarios son el magenta, el azul cian y el amarillo, y se caracterizan por no poder obtenerse mediante la mezcla de otros colores. Todos ellos derivan del rechazo por parte de la superficie de una de las tres luces coloreadas primarias (rojo, azul violeta y verde). Así, la absorción de la luz coloreada verde y el rechazo de las restantes da como resultado el magenta, un color pigmento primario. Los secundarios son el violeta, el verde y el rojo, lo cuales se consiguen por la mezcla de colores primarios.

Cuadro de Joan Miró en el que se utilizan colores cálidos sobre un fondo de colores fríos para diferenciar los dos planos.

Para su clasificación, todos ellos se disponen ordenados en un círculo. La mezcla de un color primario con el secundario situado a su lado en el círculo, ofrece como resultado un color intermedio. Existen diversos colores intermedios según la cantidad de colores primarios que se utilicen en la mezcla. Por ejemplo, una mezcla de amarillo y magenta al 50% dará como resultado el color secundario rojo, pero si se aumenta la cantidad del primero hasta un 75% de amarillo, se obtendrá el color terciario naranja. Los colores situados en posiciones opuestas sobre el círculo reciben el nombre de complementarios, y son las parejas que forman un mayor contraste entre sí. Siempre que dos complementarios se mezclan se convierten en pardo o gris.

Es posible trazar una línea que divida el círculo de colores en dos mitades bien diferenciadas: la de los colores fríos, pertenecientes a la gama del azul; y la de los colores cálidos, que pertenecen a la gama del rojo. El amarillo se considera un color neutro, aunque si hubiera que incluirlo en uno u otro grupo, se haría en el de los colores cálidos. Esta división se basa en las diferentes sensaciones térmicas producidas por los colores: los azules, violetas y verdes se relacionan con el frío, mientras que los ocres, rojos y anaranjados lo hacen con el calor. Los colores cálidos y fríos poseen además otra cualidad. Se dice que los cálidos son salientes, se acercan más al espectador, captan su atención de una forma más potente. Por otro lado, los colores fríos son entrantes, causan una impresión de alejamiento del espectador. De aquí que en la pintura habitualmente se empleen los colores cálidos para los elementos situados en primer término y los fríos se dejen para los planos más alejados.

Lo anterior introduce la cualidad de los colores relacionada con la producción de sensaciones. Éste es un campo complejo. Se ha comprobado que ciertos colores producen reacciones psicosomáticas en quien los observa. El rojo, el color cálido por antonomasia, causa impresiones de calor, alegría y pasión. El azul, sin embargo, provoca descanso, frío y decaimiento. Algunas de estas sensaciones están provocadas por la relación de los colores con ciertos elementos de la naturaleza, como el amarillo con la luz del Sol, el verde con la vegetación, el azul con el mar y el cielo, o el rojo con la sangre. Otras conexiones entre colores y sensaciones son más complejas y de orden simbólico: se ha decidido que los colores representen determinado concepto. De este modo, por ejemplo, el blanco se asocia a la pureza y el púrpura a la dignidad, de aquí que sea empleado en los ornamentos religiosos.

La habilidad para combinar los diferentes colores recibe el nombre de armonía. Se basa en la elección adecuada de los colores, y en el juego entre los cálidos-salientes y los fríos-entrantes, además de entre los complementarios.

En cuanto a su aspecto material, los colores que se emplean en la pintura se componen de dos elementos básicos. El primero es el pigmento, en forma de polvo, el cual produce la tonalidad del color. El segundo es el aglutinante, una sustancia que se mezcla con el pigmento, y que permite que el color se pueda aplicar a una superficie. Los pigmentos pueden ser naturales, como los óxidos de hierro para el color rojo, el carbonato de calcio para el blanco, o el lapislázuli para el azul, o bien artificiales, formados por combinación de productos químicos, y que dan lugar a una extensa gama de tonalidades. Existen asimismo dos tipos de aglutinantes: los acuosos, que pueden diluirse en agua, y los grasos. Entre los primeros se encuentran la cal o la yema de huevo, y entre los segundos, los aceites y las ceras.