Revelado fotográfico

    En la técnica fotográfica, el revelado es el proceso mediante el cual, una vez que la película fotográfica ha sido expuesta a la luz y una imagen ha quedado impresionada en ella, se transfiere a un soporte de papel.

    En primer lugar se aplica a la película un baño de líquido revelador. Este baño se compone de sustancias químicas reductoras que transforman los haluros de plata en plata metálica. La duración dependerá, entre otros factores, del tipo de película empleada. Una vez concluido el baño revelador, se aplica a la película el llamado baño de paro, que sirve para interrumpir el efecto del anterior. El siguiente paso consiste en un baño más, en este caso de tiosulfato de plata, que elimina los restos de haluros. Hecho esto, la imagen de la película ya se encuentra fijada, es el llamado negativo. Una vez que la película ha sido lavada y secada, puede llevarse a cabo la impresión de la imagen en papel.

    Para imprimir los negativos suele requerirse el uso de una ampliadora. Éstas son aparatos que cuentan con una lámpara, ante la que se coloca el negativo, y una lente, que amplía la imagen. El conjunto se puede desplazar a lo largo de un soporte vertical. La imagen es así proyectada sobre un papel especial, llamado de positivado, que se sitúa en una plataforma en la base de la ampliadora. Dependiendo de la altura a la que se coloque el negativo, variará el tamaño de la proyección, y por tanto el de la impresión. El tiempo de exposición depende principalmente de la intensidad de la luz y de la sensibilidad del papel de positivado.