Cristal líquido

    Los cristales líquidos son materiales que fluyen al igual que los líquidos, pero que mantienen cierto grado de la ordenación atómica propia de las redes cristalinas. En función de la temperatura y el tipo de moléculas que integran la sustancia, los cristales líquidos pueden distribuirse en diferentes tipos de fases, tales como la esméctica, la nemática, la colestérica o la columnar, si bien el estado físico del material queda tipificado esencialmente por las dos primeras.

    Un cristal líquido esméctico consiste en una serie de capas planas de moléculas con forma cilíndrica alargada que presentan orden orientacional, es decir, que se colocan todas en una misma dirección, y que se caracterizan también por su orden posicional, por lo que la colocación que adoptan es próxima a la de la distribución simétrica de las estructuras cristalinas. En la fase nemática, las moléculas se mantienen desordenadas en lo que a su posición se refiere, pero conservan el orden direccional, por lo que su estado es más próximo al de los líquidos normales.

    Además de diferenciarse en función de su orientación molecular, los cristales líquidos también se distinguen por su procedimiento de obtención. Así, los que se fabrican por calentamiento se denominan termotrópicos, mientras que los que se obtienen por mezcla de dos o más componentes, uno de los cuales suele ser de naturaleza polar, se llaman cristales líquidos liotrópicos.

    La aplicación más habitual de este tipo de materiales es la fabricación de pantallas de cristal líquido, conocidas genéricamente por sus siglas en inglés LCD, de liquid crystal display. Estos dispositivos, que pueden ser de texto o de imagen, se emplean con profusión creciente en equipos de telecomunicación, computadoras, fotografía digital, telefonía celular, etc. También se aplican en el campo de la termografía, ya que algunos de ellos cambian de color ante variaciones mínimas de temperatura.