Sismo o terremoto

Un sismo o terremoto es un movimiento brusco y repentino de la corteza terrestre, resultado de las tensiones que genera la dinámica interna del planeta. En ciertas zonas, como los límites entre placas litosféricas, esta dinámica hace que las rocas de la corteza se vean sometidas a fuerzas que las hacen deformarse elásticamente.

Esquema de las principales zonas de actividad de un movimiento sísmico.

Cuando las rocas ya no son capaces de continuar deformándose se rompen o se desplazan. En ambos casos se liberan grandes cantidades de energía. Esta energía se propaga en forma de ondas, que sacuden y hacen temblar el terreno. Cuando esto ocurre se dice que ha tenido lugar un movimiento sísmico. Después se producen otros temblores de menor intensidad, a medida que las rocas rotas y desplazadas se reacomodan. Son las llamadas réplicas.

Distribución geográfica de los sismos

Existe una clara relación entre la actividad geológica en el borde de las placas litosféricas y la producción de movimientos sísmicos. La interacción entre placas es la fuente de las tensiones necesarias para desencadenar un movimiento sísmico. En consecuencia, la mayor parte de la actividad sísmica del planeta se concentra en un conjunto de líneas bien definidas, conocidas como cinturones sísmicos.

Principales zonas sísmicas del planeta.

Cabe destacar, así, el cinturón circumpacífico, el del Mediterráneo-Indonesia y el centro de las cuencas de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico sur. El cinturón circumpacífico rodea al océano Pacífico y se caracteriza por presentar una abundante actividad sísmica y volcánica. Corresponde a los bordes de las placas litosféricas Pacífica, Nazca y Cocos, donde predomina el fenómeno de subducción. Es la zona del planeta donde se produce la actividad sísmica más importante.

El cinturón del Mediterráneo-Indonesia comprende el límite de las placas: Eurasiática por el norte y Africana y Australiana por el sur. En la mayor parte de su longitud predomina la subducción, con la salvedad de la zona de Asia meridional, donde se produce colisión entre las placas. En ambos casos, los movimientos sísmicos que tienen lugar son de alta magnitud.

Mayor diversidad presenta el centro de las cuencas de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico sur. Cada caso corresponde a los lugares donde se forman las placas litosféricas oceánicas, las dorsales. El fenómeno predominante en estas zonas es el de expansión activa de la litosfera. Los sismos que se producen en esta región son de magnitud baja y moderada.

Dependiendo de la interacción en el borde de las placas, los movimientos sísmicos son de distinto tipo. En las dorsales oceánicas, por ejemplo, son de foco intermedio, con hipocentros a profundidades de unos setenta kilómetros. Cuando el límite entre placas se manifiesta como una falla transformante, como en la de San Andrés, los sismos son de foco superficial, con el epicentro en la línea de falla. Si una placa litosférica subduce bajo otra, se producen diferentes modalidades de movimientos sísmicos a lo largo del plano de Benioff.

A bajas profundidades, los terremotos superficiales se deben a fuerzas que tienden a abrir el terreno. A profundidades intermedias, las fuerzas ocasionan roturas transversales de las rocas. Finalmente, a gran profundidad, los movimientos sísmicos son producidos por fuerzas de compresión. Si el borde de las placas no corresponde a ninguno de los tipos anteriores, sino que resulta de naturaleza más difusa, los temblores acostumbran a ser superficiales.

Escalas sismográficas

Para la medición de la fuerza alcanzada por un movimiento sísmico se usan dos escalas de referencia que llevan el nombre de dos notables geólogos: Mercalli y Richter. La primera, la más antigua pues data de 1902, clasifica los movimientos sísmicos en doce grados de intensidad. Se basa en los efectos que causan sobre el entorno. Por su parte, la escala de Richter clasifica los movimientos sísmicos en grados no de intensidad, sino de magnitud. Se basa en la energía liberada por las rocas cuando se rompen y desplazan durante un terremoto; es decir, en la medición de las ondas sísmicas.

Sismos de gran magnitud

Cada año se producen en el mundo entre doce y catorce mil sismos con magnitudes perceptibles para el hombre. La cifra de los que resultan inapreciables asciende a más de un millón anuales.

A comienzos del siglo XX, en 1906, la intensa actividad de la falla de San Andrés, en California provocó un terremoto que arrasó la ciudad de San Francisco. Las vibraciones del suelo, unidas a los incendios que se produjeron, dejaron la ciudad reducida a ruinas.

San Francisco después del terremoto de 1906.

En 1960 un terremoto de magnitud 9,5 en la escala de Richter sacudió Chile, con epicentro cerca de la ciudad de Concepción. La causa fue una violenta actividad geológica en la zona de la cordillera de los Andes. Fallecieron dos mil personas y varios millones perdieron sus hogares. Los efectos no se limitaron al continente americano. La sacudida se propagó bajo las aguas del Pacífico, provocando un tsunami que cruzó el océano y acusó pérdidas personales y materiales en Japón, Filipinas y Hawaii, entre otras zonas.

Una calle de la ciudad de Valdivia, Chile, tras el terremoto de magnitud 9,5 que sufrió el país andino en 1960.

Un movimiento sísmico de magnitud 9,2 azotó las tierras de Alaska en 1964. El epicentro se situó en las cercanías de la ciudad de Anchorage. Aunque se padecieron pérdidas personales y materiales, no fueron tan elevadas como las que se habrían producido en un territorio más poblado.

Ya en el siglo XXI, la subducción de la placa litosférica índica desencadenó en 2004 un maremoto al norte de Indonesia. La magnitud alcanzada fue de 9 en la escala de Richter. El tsunami resultante condujo a la muerte a casi 300.000 personas.

El 12 de enero de 2010, un sismo de magnitud 7,0, con epicentro a veinticinco kilómetros al oeste de Puerto Príncipe, afecto a Haití, causando más de 300.000 muertes. El 27 de febrero del mismo año otro sismo, en este caso de magnitud 8,8 sacudió el centro de Chile y en el mes de octubre, otro terremoto, de magnitud 7,5, seguido de un tsunami con olas de 2 metros, azotaron Indonesia; el balance de víctimas mortales ascendió a aproximadamente 400 personas convirtiéndose así en el peor movimiento sísmico sufrido en la región desde el año 2006.

Durante 2011 se produjo en Japón un sismo de magnitud 9,0, al que siguieron numerosas réplicas que llegaron a alcanzar una magnitud de 8,0. El tsunami subsiguiente afectó a las costas de Asia, Oceanía, incluso América. Este mismo año, el 23 de octubre, otro terremoto de magnitud 7,3 asoló la localidad turca de Van, y causó más de 600 muertes.

En los primeros meses del año 2012 se produjeron dos sismos de gran intensidad. Uno en México, de magnitud 8,0, el 20 de marzo en el estado de Guerrero. Y otro en Indonesia que alcanzó una magnitud de 8,9. A finales de ese mismo año tuvo lugar en Guatemala el peor terremoto (magnitud 7,5) del siglo XXI acaecido en el país hasta ese momento.

Durante los años 2014 y 2015 el territorio chileno se vio de nuevo afectado por importantes movimientos sísmicos, como el acaecido el 1 de abril de 2014 (magnitud 8,2) que provocó un tsunami con olas de hasta 2 metros y medio, y el que se produjo el 16 de septiembre de 2015 (magnitud 8,4). En estos dos años hay que destacar también por su poder de devastación el sismo sufrido el 3 de agosto de 2014, en China, que dejó más de 600 muertos y miles de heridos y damnificados debido a la total destrucción de la zona, y el que azotó en abril a Nepal, afectando incluso a los países colindantes. Con una magnitud de 7,8 dejó miles de fallecidos y de desaparecidos, así como numerosos daños materiales en el patrimonio histórico del país.

Mapa sísmico que muestra la localización e intensidad del epicentro y de las demás zonas afectadas por el terremoto acaecido en Nepal en 2015.

En la primavera de 2016 (16 de abril) un sismo de magnitud 7,8 azotó a Ecuador. Considerado el peor de los sufridos en el país desde hacía más de tres décadas, dejó más de 650 muertos y 6.000 heridos. En este mismo año el centro de Italia sufrió varios movimientos sísmicos, uno en el mes de agosto (magnitud 6,2) que dejó cerca de 300 fallecidos y otro en el mes de octubre (magnitud 6,1) que no produjo muertes, pero sí graves daños materiales, sobre todo en el patrimonio monumental del país. Otros terremotos importantes fueron los dos sufridos en Sumatra (Indonesia), en marzo y en diciembre, ambos de magnitud ligeramente inferior a 7; el acaecido en Nicaragua a finales de noviembre (magnitud 7,2) que se dejó sentir también en los países vecinos, pero del que no se reportaron fallecimientos, y los ocurridos en noviembre y diciembre en Nueva Zelanda, que pese a su elevada magnitud (7,9 y 6,5, respectivamente) causaron muy pocas víctimas mortales.

Aunque el año 2017 no fue especialmente activo en el número de sismos a escala global, algunos terremotos alcanzaron un importante grado de destrucción. México fue el país más afectado: un violento movimiento sísmico el 7 de septiembre en el estado de Chiapas causó cerca de un centenar de fallecidos y otro, acaecido doce días más tarde con epicentro en la zona de Puebla, se saldó con la muerte de unas 370 personas. No obstante, la sacudida telúrica de peores consecuencias en estos meses se produjo en julio en la frontera entre Irán e Iraq, con más de medio millón de víctimas mortales.