Sismógrafo

    El sismógrafo es un instrumento que registra en una tira de papel las vibraciones sísmicas.

    Se conoce como sismógrafo a un instrumento de medición de movimientos sísmicos.

    El primer aparato que se empleó para captar movimientos sísmicos data del año 130 de la era cristiana y fue construido en China. Consistía en una vasija, en cuya parte superior se disponía una serie de mordazas. Cada una sostenía una bola de metal. Cuando la tierra temblaba, la vasija actuaba como cámara de resonancia y amplificaba las vibraciones. Éstas se transmitían a las mordazas que, al temblar, dejaban caer las bolas. Aunque rudimentario, el aparato servía para dar aviso de vibraciones apenas perceptibles para el ser humano.

    Los sismógrafos actuales se sitúan sobre el suelo y llevan en su interior un peso suspendido, a modo de péndulo. Este peso se halla sujeto por un alambre o muelle, que evita que las vibraciones del soporte se transmitan al peso. Cuando se produce un sismo el suelo tiembla, y con él el sismógrafo. El peso, sin embargo, tiende por inercia a permanecer inmóvil. Las oscilaciones relativas del soporte se registran en una cinta de papel continuo sobre la que dibuja una plumilla unida al peso.

    Dependiendo de los tipos de ondas que se quieran medir, se emplean sismógrafos diferentes, aunque en ambos casos responden al funcionamiento antes descrito. En los sismógrafos de péndulo vertical, el peso pende verticalmente y registra la presencia de ondas horizontales, que hacen vibrar el suelo en el plano horizontal: las ondas S y Love.

    Para averiguar en qué dirección se propaga una onda horizontal se emplean dos sismógrafos. Uno de ellos se orienta en la dirección norte-sur, y el otro en la este-oeste. De este modo, combinando sus registros se determina la dirección. Por otro lado, en los sismógrafos de péndulo horizontal, el peso está sujeto por una varilla horizontal. Se emplean para captar ondas que hacen vibrar el suelo en la dirección vertical: las ondas P y las ondas Rayleigh.

    En una estación sismológica ha de haber al menos tres sismógrafos: uno de péndulo vertical y dos de péndulo horizontal. No obstante, lo normal es que haya muchos más, de diferentes precisiones, para garantizar la buena calidad de las medidas.

    En cualquiera de los tipos descritos, es habitual que los sismógrafos dispongan de sistemas de amplificación, ópticos o electromagnéticos, que les permiten registrar las vibraciones más débiles. El sistema más sencillo se basa en una fuente de luz, un espejo y un papel fotográfico. Un haz de luz puede desviarse mediante un espejo y hacerse incidir a distancias importantes.

    En estas circunstancias, si el espejo experimenta un movimiento, aunque sea leve, el haz reflejado sufre una desviación importante. Los sismógrafos reproducen este funcionamiento. El peso está dotado de un espejo, sobre el que incide un haz de luz, que rebota para ir a incidir en una banda de papel fotográfico. Cuando el peso se mueve, el haz rebotado se desplaza, ampliando el movimiento, y deja un registro sobre el papel.

    Los sismógrafos cuentan con otro tipo de sistemas, en este caso de amortiguación, que evitan que el peso continúe moviéndose por inercia cuando las vibraciones del suelo ya han cesado. Dichos sistemas suelen ser de tipo electromagnético. Poseen un complejo sistema de relojería que permite saber en qué momento llega cada tren de ondas.

    Los sismógrafos son instrumentos de alta sensibilidad que permiten registrar la magnitud de las ondas sísmicas.

    El sismograma es una representación en papel del registro de las ondas sísmicas por medio de un sismógrafo.