Sismograma

    El registro producido por los sismógrafos es un sismograma, que consiste en una cinta de papel donde el peso del sismógrafo va marcando las vibraciones que percibe. Las diferentes ondas sísmicas se propagan por el terreno a distinta velocidad, por lo que no llegan al sismógrafo al mismo tiempo. El retraso entre unas y otras depende de la distancia a que el sismógrafo se encuentra del epicentro.

    El sismograma es una representación en papel del registro de las ondas sísmicas por medio de un sismógrafo.

    Las ondas más rápidas y las primeras en llegar son las P. Pueden reconocerse en el sismograma por la baja amplitud de las oscilaciones que producen. A continuación llegan las ondas S, caracterizadas por oscilaciones de una amplitud mayor. Finalmente, el sismógrafo es alcanzado por las ondas L, cuya amplitud es la más alta de todas.

    Se puede extraer bastante información de un sismograma. Además de la amplitud de las ondas, es posible averiguar su frecuencia de llegada: el número de vibraciones por unidad de tiempo. El retraso que figura entre la llegada de las ondas P y S permite además determinar la distancia al epicentro. Los retrasos entre las ondas P, S y L, conduce a otro valor: la profundidad del hipocentro.

    Para el cálculo de la posición del epicentro son necesarias tres estaciones sismológicas ubicadas en diferentes lugares. Cada una calcula basándose en la distancia al epicentro. Sobre un mapa se trazan circunferencias desde cada estación, con un radio correspondiente a las distancias obtenidas en cada caso. El punto donde se cortan las tres circunferencias es el epicentro.

    Una vez concluido un sismo, los sismogramas continúan mostrando llegada de ondas. Se trata de la parte de las ondas anteriores que durante su recorrido por la Tierra se han reflejado en alguna discontinuidad de su estructura interna, motivo por el que llegan con retraso.

    Incluso tras la desaparición de estas ondas reflejadas el sismograma muestra registros; se trata del rumor de fondo. Éste no se debe a ningún sismo, sino a vibraciones del terreno causadas por el viento, el embate continuado de las olas contra las costas o a determinados aspectos de la actividad humana como, por ejemplo, el tráfico. Para reducir en la mayor medida posible este rumor de fondo, las estaciones sismológicas se ubican en lugares alejados de los núcleos de población.