Alí

Alí Ibn Abu Talib (h. 600-661) primo y yerno de Mahoma. Tuvo que aceptar el rango sucesorio establecido a la muerte del Profeta y fue el cuarto califa (656-661) del Islam. Su aspiración a ser el primero en el califato determinó la más importante escisión de la comunidad islámica entre sunníes (los ortodoxos) y chiitas, que consideran a Alí el único sucesor legítimo de Mahoma.

Alí nació hacia el año 600 en La Meca. Como Mahoma, del que era primo, pertenecía al clan de los hachemíes. Desde muy pronto colaboró con el Profeta en la difusión del Islam y fue reconocido como un guerrero valeroso y un hombre de gran piedad. En el año 623 se casó con una hija de Mahoma, Fátima, con la que tuvo dos hijos, al-Hassan y al-Hussayn.

Tras la muerte de Mahoma en el 632 sus seguidores acordaron designar a Abu Bakr como califa (632-634) ante el descontento de Alí, que quedó relegado a un puesto de consejero en el que se mantuvo también durante el califato de Omar (634-644). Alí trabajó intensamente en hacerse con partidarios para cumplir sus aspiraciones sucesorias, pero a la muerte de Omar fue designado califa Otmán (644-656).

Califato

Los esfuerzos de Alí por socavar el poder del nuevo califa, desacreditándolo y cuestionando sus decisiones tanto administrativas como religiosas fueron constantes. Otmán realizó importantes nombramientos entre los miembros de su familia que concitaron la desaprobación de amplios sectores y favorecieron las posiciones de Alí, apoyadas por Aixa, la viuda del Profeta. Otmán murió asesinado y no fue aclarada la responsabilidad del crimen. Alí se convirtió por fin en el cuarto califa sin el acuerdo unánime de toda la comunidad islámica y con el recelo de algunos de sus partidarios.

Tuvo que hacer frente a varias revueltas como la que se libró cerca de Basora (Iraq), llamada la “batalla del Camello” (656), a raíz de la cual impuso su dominio sobre la zona y trasladó la capital del Islam a Kufa.

La rebelión más importante fue la capitaneada por Muawiya, sobrino de Otmán y gobernador de la rica provincia de Siria, que reclamó a Alí la entrega de los asesinos de su tío. Las fuerzas de uno y otro se enfrentaron en la batalla de Siffin en el año 657; sin embargo, ante la imposibilidad de un resultado claro, se entablaron negociaciones.

Primera secta del Islam

Alí terminó por aceptar el arbitraje de sabios sobre el gobierno de Otman y las circunstancias de su muerte y, por añadidura, sobre su propia legitimidad como califa. Un grupo de partidarios de Alí, más decididos a acabar militarmente con los rebeldes, se desvinculó del acuerdo. Este grupo, que recibió el nombre de los jariyíes, constituiría el embrión de la primera secta del Islam.

El dictamen de los sabios de la ley islámica no resultó favorable para Alí. Con sus ejércitos persiguió a los jariyíes y trató de detener a Muawiya que ya se había proclamado califa en Damasco y reunía cada día más apoyos y territorios para su causa. Alí, replegado en Kufa, murió asesinado, al parecer por un jariyí, cuando salía de la mezquita en el año 661.

Su segundo hijo Hussayn trató de recuperar el califato y organizó un ejército que fue masacrado en Kerbala. Desde entonces, Kerbala se convirtió en una ciudad santa para los chiitas y uno de sus centros de peregrinaje. La tumba de Alí se encuentra en Nayaf. Su figura es venerada por toda la comunidad islámica. Los sunníes lo respetan por su proximidad al Profeta y por sus méritos como guerrero; los chiitas como el único sucesor legítimo de Mahoma.