Aníbal

Estatua que representa a Aníbal.

Aníbal (247-183 a.C.), general y político cartaginés. Después de muchas campañas en la península ibérica acompañando a su padre Amílcar Barca y a su cuñado Asdrúbal, acometió la empresa de invadir Roma en la Segunda Guerra Púnica. Su ejército atravesó los Pirineos, los Alpes y venció a las tropas romanas en varias batallas. A esto debe su fama de gran estratega militar.

Aníbal nació el año 247 a.C. en Cartago, la zona del norte de África que hoy corresponde a Túnez. Era hijo del general Amílcar Barca, al que desde niño acompañó en sus campañas contra los romanos y en la conquista de la península ibérica. Aquí sirvió en el ejército de su cuñado Asdrúbal y le sucedió en el mando con tan sólo veintiseis años.

Extendió la dominación cartaginesa por el centro y norte de la península respetando el tratado firmado con Roma (226 a.C.), que señalaba el río Ebro como el límite de las respectivas áreas de influencia. Pero en el 219 a.C., Aníbal atacó Sagunto, una de sus ciudades aliadas, y desencadenó la Segunda Guerra Púnica.

La invasión de Roma

Aníbal decidió la invasión de Roma y a mediados del 218 a.C. partió de Cartago Nova (la actual Cartagena) con un ejército compuesto de miles de soldados de infantería, jinetes y elefantes. Recorrió la costa Mediterránea y cruzó los Pirineos y el Ródano.

Aníbal cruzando los Álpes, cuadro de Goya.

La cercanía de las tropas romanas lo obligó a atravesar los Alpes, lo que consiguió en quince días. Cuando penetró en Italia sus pérdidas humanas y de armamento eran cuantiosas, aunque se enfrentó victoriosamente a los ejércitos romanos, que eran muy superiores, en las batallas de Tesino, Trebia (218 a.C.) y Trasimeno (217 a.C.).

Aníbal logró así dominar la parte central de Italia y situarse a las puertas de Roma; sin embargo, ya fuera por la estrategia desplegada por el general romano encargado de defenderla o porque prefirió esperar un mejor momento, no la atacó y decidió avanzar hacia el sur de Italia.

La victoria en Cannas (216 a.C.) y la rápida rendición de la ciudad de Capua le permitió consolidar su control sobre la zona meridional, si bien para continuar sus ofensivas y alcanzar el objetivo final de conquistar Roma necesitaba refuerzos. Cartago no se los podía enviar porque todas las rutas de suministro habían sido cortadas.

Los generales romanos Cneo y Publio Escipión habían desembarcado en Ampurias (218 a.C.) y fueron apoderándose de la península ibérica e infringiendo sucesivas derrotas al hermano de Aníbal, Asdrúbal Barca, que pretendía acudir en su ayuda. Consiguió, no obstante salir de Hispania y cruzar los Alpes hasta su derrota final a orillas del río Metauro (207 a.C.). Mientras, Aníbal había entablado negociaciones con Macedonia y los pueblos itálicos para recabar apoyos, sin mucho éxito, por lo que los romanos fueron recuperando paulatinamente los territorios perdidos.

La derrota de Aníbal

Cuando Escipión el Africano desembarcó en el norte de África (204 a.C.), el senado cartaginés ordenó a Aníbal que regresara de Italia. Aníbal intentó negociar el fin de la guerra, pero Escipión no aceptó sus propuestas. Ambos ejércitos se enfrentaron en la batalla de Zama (202 a.C.) hasta la rendición de los cartagineses.

Aníbal aún ejerció el gobierno de Cartago durante algunos años y trató de sanear la administración y las arcas públicas. Algunas de sus medidas no fueron muy populares por lo que al perder el poder decidió exiliarse y escapar también de las represalias romanas. Buscó primero asilo en la corte de Antíoco III de Siria, y después en la de Prusias I, rey de Bitinia (en el norte de Asia Menor). Antes de que éste lo entregara a los romanos, en el año 183 a.C., Aníbal se suicidó.