Atila

Representación del encuentro de León I y Atila, obra de Alessandro Algardi.

Atila (395-453 d.C.), rey de los hunos, fue uno de los guerreros más conocidos de la antigüedad. Aunque recibió una buena educación y vivió varios años en Roma, ha pasado a la historia como el “azote de Dios”, por su ferocidad y sanguinarias campañas militares contra el Imperio romano.

Primeros años y ascensión al trono

Atila nació alrededor del año 395 (aunque algunas fuentes lo sitúan en torno al año 400), siendo el segundo hijo del rey Mundzuk, gobernante de los hunos, una tribu asiática-mongol procedente del mar Caspio y asentada en la zona del valle del Danubio. Tras la muerte de éste, debido a la corta edad de Atila, la corona pasó a su tío Rugila, que la retuvo hasta su fallecimiento en el 435. Aunque de su juventud se conoce poco, sí se sabe que Atila residió en Roma entre los años 408-412, periodo en el que conoció la cultura latina y griega, y trabó amistad con el futuro general romano Aecio.

A su regreso, Atila se casó por primera vez (tuvo varias esposas e hijos) y se convirtió en la mano derecha de Rugila. En el 435, alcanzó el trono en compañía de su hermano mayor Bleda y sus primeras acciones se dirigieron a agrandar el imperio huno derrotando, para ello, a pueblos eslavos y germanos. También se lanzó a la conquista del territorio de los Balcanes, que estaba bajo autoridad del imperio romano de Oriente. Así, capturó varias importantes ciudades como Singidunum (actual Belgrado) y derrotó a las tropas del emperador Teodosio II, al que obligó a pactar un tratado de paz.

Expansión del imperio huno

Poco después, hacia el 442, Atila se hizo con el control absoluto del imperio huno debido a la muerte accidental de su hermano Bleda, de la que siempre fue el principal sospechoso. Una vez fue indiscutible su mando, en el 447 d.C. volvió al ataque contra los romanos, devastando la Tracia, Macedonia y Tesalia y asaltando ciudades y fortalezas. Incluso llegó a las inmediaciones de Constantinopla y, nuevamente, impuso a Teodosio II un tratado por el que el emperador debía pagar un elevado tributo anual en oro.

En el 451, Atila, al mando de un poderoso ejército, cruzó el Rin, internándose en los dominios del Imperio romano de Occidente. Primero invadió la Galia (actual Francia) sometiendo a su paso numerosas ciudades, como las actuales Metz, Tréveris, Reims y la importante Orleans. Sin embargo, poco después tuvo que abandonar la urbe ante la llegada de un ejército romano, comandado por Aecio, apoyado por tropas visigodas al mando de su rey Teodorico I. Finalmente, estas fuerzas se enfrentaron en la batalla de los Campos Cataláunicos, cerca de Troyes, en la que Atila fue derrotado. Según las crónicas, fue una de las batallas más sangrientas de la época con decenas de miles de muertos en ambos bandos (entre ellos, el rey visigodo).

Un año después, tras recuperarse de ese varapalo, Atila se dirigió directamente a la península italiana, dejando tras de sí un rastro de destrucción al ser arrasadas ciudades como Aquilea, Milán y Padua. El ejército de Atila llegó hasta Roma, provocando el pánico entre sus habitantes y la huida del emperador Valentiniano III a Rávena. Cuando la capital imperial parecía perdida, el papa León I intercedió ante el líder huno, consiguiendo que éste se retirase (parece ser que a cambio de un riquísimo botín). Después de esta muestra de poder, Atila volvió a su tierra de origen y dirigió algunas expediciones contra pueblos que se habían desligado del sometimiento huno aprovechando su ausencia, comenzando a preparar al mismo tiempo una nueva campaña contra el Imperio romano de Oriente, que debía iniciarse en el 454.

Sin embargo, la muerte le sorprendió en el 453, en la noche de bodas de un nuevo matrimonio. Con su muerte, el imperio huno se desintegró rápidamente ante el ataque de otros pueblos que vencieron a su hijo y heredero Ellack. Atila fue enterrado secretamente y nunca se ha encontrado su tumba.