Constantino el Grande

Flavio Valerio Constantino (Flavius Valerius Constantinus, 274-337 d.C.), emperador romano. Conocido como el Grande, Constantino consiguió proclamarse soberano único (Totius orbis imperator) tras una larga lucha en el seno del imperio romano. Durante su reinado, fundó la ciudad de Constantinopla (actual Estambul) y permitió la libertad religiosa. Se convirtió en el primer emperador romano que abrazó el cristianismo.

Formación y lucha por el imperio

Constantino nació en el año 274 en la localidad de Naissus (actual Nis, Serbia) en aquel entonces provincia romana de Dacia. Era hijo de Constancio Cloro, jefe (prefecto) de la guardia pretoriana, nombrado césar en el 293 y elevado a la categoría de augusto (emperador) en el 305 con el nombre de Constancio I. Desde muy temprana edad, vivió la vida militar siguiendo a su padre en distintas campañas, lo que le hizo muy popular en el seno del Ejército.

En el 306 d.C. padre e hijo se encontraban en Britania (actual Inglaterra) luchando contra las tribus del norte cuando Constancio murió en la ciudad de Ebocarum (actual York). Inmediatamente, las tropas proclamaron a Constantino augusto (aunque no le correspondía este título), lo que dio inicio a una serie de complejas y largas luchas entre los emperadores y sus sucesores y a un extraordinario caos social y político en el imperio. Para reforzar su posición, Constantino se casó en el 307 con Fausta, hija del antiguo emperador Maximiano.

Constantino se aseguró la lealtad de la Galia, Britania e Hispania y, en el 312, dirigió sus tropas hacia Italia, donde gobernaba Majencio (hijo de Maximiano). Tras los combates de Turín y Verona, el 28 de octubre de ese año tuvo lugar en Puente Milvio, cerca de Roma, la batalla decisiva, muriendo en ella Majencio. Con esta victoria, Constantino se hizo con el control de todo el Imperio romano de Occidente y el Senado lo nombró emperador de mayor rango, por encima de Licinio, augusto del Imperio romano de Oriente.

Gobierno del imperio

Una de las primeras medidas de Constantino en el poder fue decretar el fin de la persecución contra los cristianos. Esta postura se concretó en el Edicto de Milán (313), por el que se estableció la libertad religiosa en todo el imperio y se devolvieron los bienes confiscados a la Iglesia. Las intervenciones de Constantino en cuestiones religiosas fueron continuas y se dejaron sentir en el Concilio de Nicea (325) en el que se condenó la doctrina predicada por Arrio (arrianismo).

Al mismo tiempo, comenzó a reorganizar el imperio tras años de desórdenes. Por ello, impulsó varias reformas administrativas, separó el poder civil y el militar, dividió el imperio en cuatro prefecturas (para facilitar su gobierno), adoptó una nueva moneda, el solidus (que se mantuvo durante el imperio bizantino), devolvió el poder al Senado y gobernó acompañado de un Consejo de la corona. Además, preocupado por la seguridad exterior, reforzó considerablemente el ejército y las fortificaciones fronterizas.

Tras una tregua de varios años, Constantino y Licinio se embarcaron en una guerra que se saldó con las victorias de las tropas de Constantino en Adrianópolis y Crisópolis (septiembre de 323). Licinio fue condenado al destierro y ejecutado en el 324, con lo que Constantino se erigió en el dueño absoluto del imperio romano. En el 325, mandó construir una nueva ciudad, Constantinopla (sobre el antiguo emplazamiento de Bizancio), y que se terminó en apenas cinco años. Constantino la convirtió en la capital del imperio romano de Oriente y en muy poco tiempo sustituyó a Roma en riqueza y poderío.

Entre los años 332 y 334, Constantino el Grande se enfrentó a algunos pueblos “bárbaros” que se habían adentrado en las fronteras del imperio (como los godos) a los que terminó expulsando. Poco antes de morir, en mayo de 337, se convirtió al cristianismo y fue enterrado en su amada ciudad. Tras su muerte, se desató la lucha por el cetro imperial entre varios de sus hijos y sobrinos, acabando ésta con la victoria de Constancio II.