Darío I, el Grande

    Darío I el Grande, esculpido en un bajorrelieve del palacio de Persépolis

    Darío I (558 a.C.-486 a.C.), apodado “el Grande” por la vastedad de los territorios que estuvieron bajo su dominio, fue uno de los principales reyes del imperio persa. Fue además artífice de una importante reforma administrativa y responsable de la primera de las Guerras Médicas que enfrentarían a Persia con Grecia a lo largo del siglo V a.C.

    Nacido en el año 558 a.C. y descendiente de una familia cuyo linaje era próximo al de la familia real, Darío I se convirtió en rey de Persia en el 521 a.C. al suceder en el trono a Cambises II, hijo de Ciro II, “el Grande”. Su llegada al poder se produjo en circunstancias un poco turbulentas, tras el asesinato de Bardiya, hermano de Cambises II y sucesor legítimo al trono, y el enfrentamiento y posterior victoria entre Darío I y el mago Gaumata, a quien se acusaba de haber intentado suplantar al sucesor asesinado.

    Sus primeras acciones como rey de Persia estuvieron encaminadas a sofocar las tentativas independentistas que se habían producido en las satrapías (provincias) de Susa y Babilonia, a consecuencia de los conflictos por la sucesión de la corona. Una vez resuelto esto, inició una importante reforma administrativa cuya principal finalidad era unificar la heterogénea población que componía su imperio. Para ello, comenzó por dividir los territorios de su reino en veinte satrapías, a las que otorgó bastante autonomía y a cuyo frente colocó a sátrapas (gobernantes) de su confianza para que las administrasen.

    Con este mismo fin, llevó a cabo la construcción de importantes vías de comunicación entre las diferentes satrapías, creó un eficiente sistema de correos, acuñó una nueva moneda llamada “dárico de oro”, con la que unificaba las monedas que circulaban por el imperio e implantó como lengua de la administración el arameo. Además, su gusto por la arquitectura le llevó a promover la construcción de grandes obras religiosas y civiles como el gran palacio de Susa o la ciudad de Persépolis. Desde el punto de vista religioso, instauró un nuevo culto basado en la doctrina de Zaratustra, lo que no implicó la supresión de las otras religiones, que se mantuvieron vigentes durante el periodo de su reinado.

    Los dominios del imperio de Darío I eran enormes. Se extendían desde Egipto (que también gobernó, formando parte de la XXVII dinastía) hasta la India, alcanzando las orillas del océano Índico y llegando hasta los mares Caspio y Mediterráneo. La política expansionista de Darío el Grande le llevó a frecuentes guerras con las que mantener estables los límites de sus territorios.

    Estos conflictos por el control territorial le llevaron a enfrentarse con Grecia, entonces también un potente imperio, en las llamadas Guerras Médicas, iniciándose la primera de ellas a comienzos del siglo V a.C. En el año 499 a.C. las colonias jónicas de la región de Asia Menor habían empezado a levantarse en armas contra el dominio persa, lo que fue apoyado por el gobierno ateniense. Indignado por esta medida, Darío I decidió iniciar una ofensiva contra Grecia, enviando en el año 493 a.C. una flota capitaneada por su yerno, Mardonio, hacia la costa helénica. Sin embargo, este primer intento resultó frustrado, a causa de una fuerte tormenta que hizo naufragar la flota persa.

    Tres años después, Darío I intentó por segunda vez atacar Grecia. En esta ocasión envió una expedición por el norte comandada por Datis, que acabó con la derrota del ejército persa ante el ateniense en la ciudad de Maratón.

    Darío I estaba preparando una tercera ofensiva cuando falleció en el 486 a.C.