Enrique IV, Emperador

    Enrique IV (1050-1106), rey de Germania (1056-1105) y emperador del Sacro Imperio Romano (desde 1084), desarrolló su gobierno en una época especialmente convulsa debido a las disputas entre el papa y el emperador por conseguir el dominio sobre el Imperio. En el mismo sentido, formó parte de la “controversia de las investiduras” que le enfrentó al Papa Gregorio VII.

    Nacido el 11 de noviembre de 1050 en Goslar, Sajonia (actual Alemania), Enrique IV heredó la corona de su reino a la temprana edad de seis años, después de la muerte de su padre, Enrique III, en 1056. Aunque los primeros años de la regencia fueron dirigidos por su madre, Inés de Poitiers, a partir de 1062, fueron los arzobispos Annon de Colina y Adalberto de Bremen quienes se encargaron de administrar el poder hasta que, en 1065, al alcanzar Enrique la mayoría de edad, decidió encargarse personalmente del gobierno.

    Fue a partir de entonces cuando se inició un periodo de importantes conflictos entre su reinado y el papado (encabezado entonces por el Papa Gregorio VII) derivados de la lucha de ambos poderes por el control sobre el Imperio. En este ambiente se inició en 1075 la “controversia de las investiduras”, a raíz de que Enrique IV nombró a algunos cargos eclesiásticos en Italia sin el consentimiento papal.

    Este hecho provocó que Gregorio VII excomulgara a Enrique IV de la Iglesia, lo que tenía a su vez una implicación política, ya que suponía que los súbditos cristianos del emperador no le debían ya obediencia. La reacción de Enrique IV fue la convocatoria de un concilio germano en Worms, destinado a urdir un plan para destituir al Papa de su cargo. Sin embargo, ante las dificultades que esto implicaba y los desórdenes e insubordinaciones que se estaban produciendo en su reino, decidió viajar a Italia en 1077 para realizar una penitencia y conseguir la absolución del Papa.

    Al regresar a su reino, se encontró con que un sector de la nobleza germana le había destituido de su cargo y habían elegido un substituto para ocupar el trono, Rodolfo, duque de Suabia. Con el apoyo de otra parte de la nobleza, Enrique IV inició una contienda contra los usurpadores del poder, comenzando entonces un periodo de guerras civiles en el reino.

    En 1080, estando Enrique IV excomulgado de nuevo, el Papa Gregorio VII reconoció como rey legítimo de Germania a Rodolfo, respondiendo Enrique IV a este reconocimiento con la deposición del Papa y el nombramiento en su lugar de Clemente III como su sustituto. Con la muerte de Rodolfo, sucedida ese mismo año, Enrique consiguió recuperar todo el poder sobre Germania, haciéndose coronar como emperador en Roma por Clemente III cuatro años después.

    Una vez designado su hijo Conrado como sucesor (1087), Enrique vivió varios años de esplendor que, sin embargo, tuvieron tan sólo una estabilidad efímera ya que, desde 1090, el nuevo papa Urbano II inició una política de hostilidades contra él, similar a la que había llevado a cabo su antecesor Gregorio VII.

    Las intrigas palaciegas y los enfrentamientos por el poder caracterizaron los últimos años de su reinado, concluido en 1105, al ser Enrique IV apresado por su hijo Enrique (futuro Enrique V) y obligado a abdicar.

    Enrique IV falleció un año más tarde, el 7 de agosto de 1106 en Lieja (Lorena, actual Bélgica).