Felipe IV

    Monumento a Felipe IV en Madrid

    Felipe IV (1605-1665), rey de España durante el comienzo de la decadencia y de la pérdida de hegemonía del imperio hispano, gobernó a través de sus validos, el Conde-Duque de Olivares y Luis Méndez de Haro, y destacó por ser un gran impulsor del arte del Siglo de Oro español.

    Nacido el 8 de abril de 1605 en Valladolid (España), era el hijo primogénito del rey Felipe III y de Margarita de Austria. En 1615, con apenas diez años, se celebró su primer matrimonio con Isabel de Borbón, hija de Enrique IV de Francia, y en 1621, tras la muerte súbita de su padre, accedió al trono.

    Durante su extenso reinado (1621-1665), Felipe IV mantuvo la costumbre iniciada por su padre de delegar la responsabilidad del gobierno sobre sus validos o ministros de gobernación, siendo los principales el Conde-Duque de Olivares, quien ejerció el poder desde 1621 hasta 1643, Luis Méndez de Haro (entre 1643 y 1661) y Sor María de Ágreda, monja mística que le aconsejó durante los últimos cuatro años del reinado.

    El comienzo del reinado de Felipe IV estuvo marcado por el reinicio de la guerra en la región de Flandes, tras la Tregua de los Doce Años, hecho aprovechado por el Conde-Duque de Olivares para llevar a cabo sus planes políticos, demasiado ambiciosos y expansionistas para la situación de crisis (sobre todo económica) por la que pasaba el reino. Aunque en estas guerras el ejército español consiguió algunas victorias como la toma de la ciudad de Breda (1625), a partir de 1635, con la entrada de Francia en el conflicto centroeuropeo, la posición española comenzó a ser de franco retroceso.

    A esto había que añadirse las rebeliones separatistas de Cataluña y Portugal iniciadas hacia 1640, que terminarían, en el caso de Portugal, con el nombramiento como rey de Juan IV de Braganza y con la concesión definitiva de independencia al país en 1688.

    En 1643, el Conde-Duque de Olivares fue relegado de su puesto al frente del gobierno y sustituido por Luis Méndez de Haro quien, consciente de la decadente situación económica del reino, llevó a cabo una política exterior mucho más discreta, encaminada a conseguir acuerdos de paz lo más favorables posible para España. Así, en 1648, después de sucesivas derrotas del ejército español, firmó la Paz de Westfalia, que zanjaba los enfrentamientos con los Países Bajos y que suponía el principio del fin de la hegemonía de la dinastía de los Habsbugo en Europa.

    El conflicto entre España y Francia por el dominio de Cataluña tardó algunos años más en resolverse. Aunque entre 1650 y 1654 el ejército español recuperó casi toda la región (salvo la zona del Rosellón), la victoria francesa en la batalla de las Dunas en 1658 colocó a Luis XIV en una posición ventajosa, lo que éste aprovechó para exigir sus condiciones en la Paz de los Pirineos, firmada al año siguiente, en 1659. Según este acuerdo, España perdía definitivamente el Rosellón, Cerdeña, Artois y el Franco Condado.

    Sin embargo, si la política exterior de Felipe IV supuso el comienzo del declive de España como imperio, desde el punto de vista cultural se puede considerar a este rey como uno de los principales promotores de las creaciones artísticas del Siglo de Oro español. Amigo personal del pintor Diego Velázquez, le encargó multitud de obras, entre ellas el famoso cuadro de Las Meninas. Asimismo, a partir de 1630, bajo su dirección personal, se inició la construcción de los Jardines del Buen Retiro en Madrid.

    Felipe IV murió en Madrid a los 60 años de edad, el 17 de septiembre de 1665.