Arnold Joseph Toynbee

    Arnold Joseph Toynbee (1889-1975), historiador británico, elaboró una importante teoría acerca del origen, desarrollo y caída de las civilizaciones.

    Nacido en Londres (Inglaterra) el 14 de abril de 1889 y sobrino del también historiador, economista y reformador Arnold Toynbee, se graduó en 1911 en el Balliol College de Oxford, donde más adelante ejerció la docencia en historia griega y bizantina. Estuvo al servicio del gobierno británico durante la Primera Guerra Mundial y, a su término, en 1919 representó a su país en la Conferencia de Paz de París. Reputado historiador, fue docente en la Universidad de Londres y, en 1925, ingresó como investigador y profesor en la prestigiosa London School of Economics y fue nombrado director del Royal Institute of International Affairs. Retirado en 1955, toda su producción intelectual se dedicó al estudio de las civilizaciones antiguas, en la búsqueda de un patrón universal de desarrollo que pudiese explicar la evolución de todas ellas. Especialista, además, en la Grecia antigua, entre sus libros destacan La civilización y la personalidad de los griegos, Estudio de la Historia, de doce volúmenes, El historiador y la religión o El helenismo; historia de la civilización. Falleció en York (Inglaterra), el 22 de octubre de 1975.

    La aportación fundamental de Toynbee no es tanto su vasto conocimiento de un periodo o un pueblo en particular (en su caso, el mundo griego), como su intento de establecer unas reglas o pautas generales que explicasen el surgimiento, el desarrollo y la caída de las grandes civilizaciones.

    Según Toynbee, a lo largo de la historia han existido 21 civilizaciones fundamentales, que evolucionaron bajo un patrón similar. En todos los casos, según este autor, las civilizaciones surgieron impulsadas por una elite, que creaba respuestas y soluciones ante los desafíos a los que debía enfrentarse. Con el paso del tiempo, a medida que la creatividad iba disminuyendo, el impulso de esta minoría se iba estancando, de forma que comenzaba un periodo de decadencia hasta que ocurría el colapso final.

    Para Toynbee, este esquema contribuía a explicar el desarrollo de las grandes civilizaciones del pasado, aunque en modo alguno constituía un patrón de comportamiento fijo para las civilizaciones futuras o del presente, pues estas últimas tendrían la capacidad de regenerar sus estructuras y adaptarlas a los nuevos desafíos. En este sentido, la religión también jugaría un papel fundamental, pues, al recoger la esencia de las civilizaciones, garantizarían la continuidad espiritual de las mismas.

    Las tesis de Toynbee resultaron, en su momento, sumamente controvertidas, generando profundos debates a lo largo del siglo XX. Para sus críticos, el aspecto más negativo de este esquema teórico es el papel preponderante que, dentro de las civilizaciones, se otorga a la religión, en detrimento de otros ámbitos, así como el excesivo protagonismo que da a las elites y su carácter excesivamente generalizador.