Leonhard Euler

    Leonhard Euler (1707-1783), matemático suizo, fue uno de los fundadores de las matemáticas puras y autor de importantes contribuciones a la geometría, el cálculo y la mecánica, entre otras disciplinas.

    Leonhard Euler nació el 15 de abril de 1707 en Basilea (Suiza). Aunque su padre, ministro metodista, lo destinó inicialmente a la carrera eclesiástica, cambió de parecer al descubrir la natural inclinación hacia las matemáticas del joven Leonard, motivo por el que le hizo recibir clases de su amigo, y célebre matemático, Johann Bernoulli. En 1727 Euler se trasladó a San Petersburgo (Rusia) para convertirse en miembro de la Academia de Ciencias de esta ciudad.

    Invitado por Federico El Grande en 1741 a formar parte de la Academia de Berlín, residió en dicha ciudad los siguientes veinticinco años hasta que en 1766, aceptando la invitación efectuada por la emperatriz Catalina II, regresó a Rusia.

    Sin visión en un ojo desde 1735, perdió totalmente la vista hacia 1768. Esto, sin embargo, apenas mermó su ritmo de trabajo. Gracias a una memoria y una capacidad para el cálculo mental muy superiores a lo común, durante los años siguientes continuó investigando y luego dictando a un escribiente sus conclusiones. Falleció en San Petersburgo, el 18 de septiembre de 1783.

    La obra de Euler es tan variada como cuantiosa. En sus libros desarrolló y perfeccionó el cálculo integral, desarrolló la teoría de funciones trigonométricas y logarítmicas, y se esforzó en reducir y simplificar las operaciones analíticas. A él se debe el concepto de función en el análisis matemático. También fue autor de importantes avances en la teoría de las ecuaciones lineales, de gran utilidad a la hora de dar solución a problemas físicos.

    Su empeño en la simplificación y normalización del cálculo lo llevó a crear notaciones de uso común en el día de hoy, como el símbolo e para la base de los logaritmos neperianos, la letra f y los paréntesis para denotar las funciones, las letras a, b y c para denotar los lados de un triángulo, así como A, B y C para referirse a los vértices opuestos.

    Además de las matemáticas abordó también el estudio de la astronomía. Desarrolló una teoría del movimiento lunar mejor que la existente hasta el momento. Aquélla permitió el cálculo de tablas lunares, de gran utilidad para los marinos a la hora de determinar la longitud en el mar.