Bahía de Baffin

    La navegación en la bahía de Baffin, ubicada en los confines septentrionales del océano Atlántico, entraña una gran peligrosidad por la abundancia de icebergs en la estación estival.

    Las aguas de la bahía de Baffin, con una extensión marítima de 689.000 kilómetros cuadrados y una profundidad máxima de 2.100 metros en su zona central, separan Groenlandia de las islas canadienses de Ellesmere, Devon y Tierra de Baffin. El estrecho de Davis, al sur, pone en contacto la bahía con el mar del Labrador. Al oeste y al norte, varios canales la comunican con el océano Glaciar Ártico. De norte a sur, la longitud de la bahía supera los 1.400 kilómetros. Su anchura oscila entre los 110 y los 650 kilómetros.

    El clima de la bahía es polar, particularmente duro en invierno por la acción de los vientos gélidos del nordeste. Las precipitaciones son muy escasas. Las aguas de la bahía permanecen heladas la mayor parte del año. En el corto verano, como consecuencia del deshielo, se forman numerosos icebergs. Dentro de la fauna acuática de la zona destacan las poblaciones de algas, crustáceos y peces. Pueblan su litoral numerosas especies de aves, además de mamíferos como el oso polar y el zorro ártico.

    El navegante inglés John Davis fue en 1585 el primer explorador de la bahía de Baffin. En 1616 se adentró en sus aguas el también inglés William Baffin, quien daría su nombre tanto a la bahía como a una de sus islas (Tierra de Baffin). Ya en el siglo XIX, el explorador John Ross encabezó una fructífera expedición científica a la zona.