¿Qué es el arte?

El arte, como forma de expresión humana, se presenta como un inmenso interrogante entre los diversos lenguajes que el hombre utiliza para decir lo que piensa y lo que siente. Mientras en otras formas expresivas de la libertad humana, como la ciencia o la filosofía, se puede encontrar una definición precisa de su naturaleza, en el caso del arte es posible hallar tal cantidad de matices, diferencias y experiencias enfrentadas, que los expertos se han topado con serias dificultades para dar con una definición plausible.

Lo que es evidente es el hecho de la necesidad de la expresión artística. El hombre necesita expresar lo que piensa y lo que siente a través de pinturas, esculturas, melodías o poemas. No le basta con medir los objetos que encuentra en su vida empleando la ciencia, tampoco con pensarlos siguiendo las leyes de la razón; también necesita inventar, crear, expresar lo más íntimo de su ser y de su existencia. Es posible caracterizar la actividad artística de muchas maneras, pero lo que no se puede negar es su universalidad y su necesidad. Sean cuales sean las circunstancias en las que se desenvuelva, el ser humano seguirá plasmando artísticamente lo que su mundo le sugiere.

El concepto de arte

Pocos son los conceptos que han variado tanto a lo largo de la historia como el concepto de arte. Su significado no ha reflejado tan sólo la idea que cada época ha tenido de la actividad artística, también ha servido para designar, catalogar y caracterizar labores muy distintas, actividades que para la sensibilidad contemporánea nada tienen que ver con lo artístico. Desde la concepción originaria griega hasta la contemporánea, se ha sucedido una serie de apreciaciones que hacen de la evolución del concepto de arte una historia rica y compleja.

Dentro de esta historia ha ocupado un papel fundamental el estudio de lo bello. La estética es la disciplina filosófica que se encarga de analizar la relación entre la belleza y el arte. Sin embargo, no es posible reducir el fenómeno artístico a la producción de objetos bellos. El siglo xx ha demostrado que la intención del arte es más comunicativa que estética. Si bien es cierto que en determinadas épocas el arte ha aparecido siempre ligado a la idea de aquello que se considera bello, muchas experiencias y fenómenos artísticos han demostrado lo contrario. Lo feo, como sucede con las pinturas de Francis Bacon (1909-1992), también puede ser arte; un concepto, como se puede observar en las obras de René Magritte (1898-1967), también puede ser artístico; lo cotidiano, como muestra Andy Warhol (1929-1987) en sus cuadros, es parte fundamental del arte.

Los griegos consideraban que ninguna obra artística alcanzaba la perfección si no se ajustaba a unas determinadas proporciones. La Venus de Milo de la imagen es un claro ejemplo de esta teoría.

El concepto de arte en Grecia. Los griegos fueron los primeros en atender a la naturaleza de la actividad artística. Llamaban al arte techné, que quiere decir «técnica»; es decir, identificaban las artes con la pericia o la habilidad para desarrollar una determinada actividad. La idea de norma o regla estaba pues muy presente en su caracterización del arte. El hecho de que, para los antiguos griegos, bajo toda forma de arte existiera una técnica quería decir que cada objeto fabricado por el ser humano poseía unas reglas internas, unas medidas, unas proporciones que permitían desarrollarlo hasta su perfección. Para los griegos, tan artista era el poeta como el dramaturgo o el carpintero; tanto arte había en un libro bien escrito como en un edificio bien construido o un gobierno bien llevado. Todas las actividades humanas se podían hacer con arte, esto es, con destreza.

Durante los tiempos medievales, el arte permaneció estrechamente vinculado a la religión: se consideraba bella toda obra artística que expresase con claridad un hecho religioso. En la fotografía, detalle de un tímpano de la catedral de Burgos, España.

Desde un punto de vista estético, para los griegos el arte era sobre todo imitación de la naturaleza. Un objeto artístico era bello cuando se asemejaba lo más posible a lo natural, a aquello que imitaba. La perfección de una escultura se encontraba en su capacidad para imitar los modelos vivos en los que se basaba. La idea de belleza se correspondía además con la idea de bien. Cuando el artista conseguía materializar en el objeto artístico la verdad de la naturaleza, cuando manejaba adecuadamente las proporciones ideales, se estaba acercando a la idea de perfección, a la idea de bien.

El concepto de arte en la Edad Media. Durante la Edad Media se produjo una distinción entre los diversos tipos de arte que fue decisiva para entender el significado del concepto en los tiempos modernos. Así, se distinguía entre las artes liberales y las vulgares. Las liberales eran aquellas que podían ser entendidas como específicas del pensamiento: la aritmética, la lógica o la gramática. Las vulgares eran por su parte consideradas como actividades de rango inferior, más emparentadas con la artesanía y con labores que requieren de un esfuerzo físico: la pintura, la escultura o la arquitectura.

En cuanto a la belleza, ésta siguió ligada al concepto de perfección pero a diferencia del mundo clásico, éste sólo se encontraba en el terreno de lo celestial o divino. La belleza en la Edad Media se correspondía con la religiosidad, y cuanto mejor se expresase una realidad religiosa, más bella era la obra de arte.

El concepto de arte en el Renacimiento. El Renacimiento fue una época en la que se pretendió volver a los valores de la Grecia clásica. Todas las expresiones humanas se desvincularon en mayor o menor grado del poder religioso y se comenzó a exigir una autonomía para la creatividad y el genio humanos. En este contexto se reivindicaron las artes que antes eran consideradas menores o vulgares, como la escultura o la pintura, que pasaron a ser denominadas Bellas Artes. En cambio, los oficios como la carpintería, antes ligados a las artes pero que no requerían del ingenio o estaban sujetos a la idea de funcionalidad, es decir, de utilidad, fueron considerados desde una perspectiva más mundana, menos elevada. Se invirtió por tanto la valoración de las labores humanas.

Como sucedía en Grecia, para los autores del Renacimiento la virtud estética se hallaba en la idea de imitación de lo real. El arte era imitación de la naturaleza y sobre todo, indagación en ésta. El artista, a través de la belleza, actuaba como un científico que plasmase en obras de arte la faceta más ideal de la naturaleza.

El concepto de arte romántico. En el siglo xviii se utilizó el concepto de Bellas Artes para referirse a las artes de manera generalizada. Bajo esta categoría se incluían aquellas formas de expresión humana en las que se encontraba un plus de ingenio, creatividad, espontaneidad y libertad. La reivindicación del papel de la imaginación y la sensibilidad hicieron que se crease esta nueva categoría en la que se incluían aquellas formas de expresión artística en las que el hombre pudiera mostrar su capacidad para crear belleza. Así, las Bellas Artes englobaban la pintura, la escultura, la arquitectura, la poesía, la música y la danza. El arte surgió a partir del siglo xviii no sólo como una actividad humana más, sino como aquella actividad que permite conocer el mundo con mayor profundidad. El artista romántico no sólo expresa su subjetividad, sino también la esencia del mundo.

A lo largo de este periodo surgió asimismo la figura del genio. El genio romántico era un ser privilegiado, arrebatado por el sentimiento de lo bello, capaz de acceder a verdades superiores gracias a sus experiencias estéticas. Con el genio, el arte pasó de ser un reflejo de la naturaleza a ser el reflejo de la intimidad del artista.

El concepto de arte a partir del siglo xx. Desde finales del siglo xix y principios del xx, una serie de revoluciones de orden político, social, científico y filosófico generaron una nueva imagen del mundo. A partir de ese momento, la nueva concepción de lo humano conlleva una reinvención de los viejos conceptos con los que operaba hasta entonces el hombre. El de arte se verá profundamente transformado por un conjunto de vanguardias que, con el ánimo de transformar el mundo, pedirán para la actividad artística una independencia absoluta. A partir del siglo xx, el arte será todo aquello que la sociedad quiera que sea arte. Las expresiones artísticas se diversifican tanto que es ya difícil definir un concepto al que se exige la flexibilidad necesaria para acoger todas las nuevas formas expresivas. Arte sigue siendo un cuadro, una escultura o una obra de teatro; pero también la fotografía, el cine, el cómic, un happening, el body art o incluso, el urinario que Marcel Duchamp (1887-1968) coloca en mitad de una sala de exposiciones parisina.

Los románticos enfatizaron el papel del creador artístico como el de un genio, un ser privilegiado capaz de sentir y expresar emociones más intensas que el resto de los mortales. La imagen muestra un detalle de la Escena primera de El oro del Rin, del francés Henri Fantin-Latour, que recrea la obra musical homónima de Richard Wagner.

La belleza deja de ser la esencia del arte. No se crea para producir sólo placer estético, se crea para producir también desasosiego, miedo, interés, para despertar interrogantes acerca de la existencia o para provocar. El arte se vuelve totalmente autónomo y no necesita referencias. Se trata de la absoluta libertad del creador frente al mundo. Si hasta el siglo xix el arte tenía que seguir las leyes dictadas por la naturaleza, la religión o la ciencia, ahora el arte sólo toma como referencia al propio arte. El arte se legitima a sí mismo, se hace válido por el simple hecho de ser arte. Un cuadro, por ejemplo, es ahora la máxima expresión de la libertad.

Los artistas del siglo XX rompieron todos los moldes anteriores en pos de la creación de obras tan sumamente personales como estéticamente revolucionarias. Una de las figuras señeras de la centuria fue el español Pablo Picasso, cuyo cuadro, Las señoritas de Avignon, reproduce la fotografía.

Una definición de arte

El arte aparece pues como un fenómeno complejo, cambiante y fundamental para conocer la naturaleza del ser humano. Ahora bien, ¿qué es entonces el arte? ¿Qué es lo que se puede decir en claro de él una vez se entienden las diversas etapas históricas en las que se ha intentado definir la actividad artística?

En primer lugar hay que entender que el arte es una actividad creativa completamente libre, voluntaria, diametralmente opuesta a la actividad de la naturaleza o los animales, cuyos actos responden la mayoría de las veces a un claro determinismo, son actos mecánicos que tienen su origen en el instinto. El arte es por el contrario libertad, parte de una decisión: se elige pintar una figura o escribir sobre un determinado objeto no porque lo dicte ninguna clase de ley, sino porque el ser humano es libre de imaginar los objetos que le cautivan.

En segundo lugar el arte supone la representación material de sentimientos e ideas. La obra artística implica traer a la realidad lo que sólo es en principio idea, sentimiento, imaginación o posibilidad en la mente del creador.

En tercer lugar el arte es un lenguaje, un código autónomo de signos que se organiza según una serie de leyes internas que permiten que aquél sea reconocible. El arte no es mera anarquía, no es libertinaje. Si lo fuese no se podría entender el significado de una obra ni podría ser apreciado su valor. Así pues, los códigos de la obra de arte constituyen un lenguaje que parte del contexto socio-cultural y desemboca en él. El artista busca ante todo la comunicación con lo que le rodea.

En definitiva, el arte es aquello que la sociedad conviene en llamar arte. Cada época y cada sociedad generan su propia manera de entenderlo, con lo que reinterpretan la historia de los productos artísticos. El arte consiste en la producción de objetos significativos antes que bellos, objetos que despiertan el sentimiento y la imaginación, que aparecen ante el espectador llenos de sentidos inesperados, alejados de lo ordinario.

La función del arte

Son muchos los artistas y especialistas que insisten en que uno de los elementos que definen el arte es precisamente su carácter no funcional. El siglo xx trajo consigo una serie de teorías que liberaban a la actividad artística de cualquier forma de vinculación social, mercantil o religiosa. Sin embargo, esta caracterización se muestra ingenua desde el momento en que se consideran los diferentes contextos en los que se han desarrollado las grandes obras artísticas. Todas poseen una intención funcional. El arte sirve para muchas cosas, quieran o no los propios artistas o los nuevos teóricos. La Capilla Sixtina de Miguel Ángel (1475-1564) fue creada a partir de unas ideas artísticas de su creador pero hubiera sido a su vez imposible sin el respaldo económico ofrecido por un mecenas (en este caso el Papado) que tenía unos intereses políticos.

La actividad artística aparece siempre rodeada de una serie de propósitos más o menos explícitos, que si bien pueden pasar desapercibidos en el momento en que fue realizada la obra, sí que suelen resultar mucho más evidentes una vez ha transcurrido el tiempo y la historia del arte viene a interpretarla. Para entender las funciones que rodean a una obra de arte es del todo necesario atender al contexto social en el que se desarrolló la actividad del artista, además de las peculiaridades de su temperamento.

La función estética. Hasta finales del siglo xix se consideraba que la principal y casi exclusiva función de la obra de arte era la de producir en el espectador la sensación de hallarse ante algo bello. Se pensaba en la belleza como si fuese un lujo que la actividad artística debía sugerir. Sin embargo, en la historia del arte se pueden encontrar innumerables ejemplos de grandes obras que, lejos de buscar este ideal, buscan sensaciones muy diferentes. El grito, del pintor noruego Edvard Munch (1863-1944), es todo menos un cuadro que exprese los ideales de belleza que los renacentistas le pedían a toda obra artística. Lo mismo se puede decir de las pinturas negras de Francisco José de Goya y Lucientes (1746-1828), que expresaban el horror de la guerra o las pesadillas de la imaginación.

La función utilitaria. Existen formas de arte que son claramente útiles. Grandes obras artísticas tienen una función social evidente, como es el caso de la arquitectura. Muchas pinturas sirven para decorar los palacios de los reyes y los aristócratas, y obras tan célebres como las pirámides de Gizé, no son sino edificios funerarios. Todas ellas cumplen con una función, tienen una utilidad, ya sea decorar y mostrar el esplendor de la corte, ya sea enterrar a los muertos.

La función didáctica. Otra función habitual en el arte es la educativa. Se emplea sobre todo en aquellas sociedades en las que no existe un nivel cultural muy desarrollado, principalmente para suplir las expresiones conceptuales y verbales, que requieren de una mayor formación por parte del espectador. Así, durante la Edad Media las iglesias se llenaban de imágenes que representaban pasajes bíblicos para educar al pueblo en la fe cristiana. Es cierto que también tenían una función ritual, religiosa, pero su principal fin era esencialmente didáctico.

La función persuasiva. En muchas ocasiones la expresión artística es utilizada para inducir al espectador a realizar algo. La publicidad está llena de imágenes sugestivas que no tienen otro fin que el de captar la atención del receptor y revestir un producto cualquiera de unos atributos exagerados, mágicos. Todas las empresas deben hacer uso de recursos artísticos para embellecer y hacer más atractiva su imagen. Las grandes entidades financieras realizan incluso grandes exposiciones de obras artísticas con el fin de vincular su imagen a la cultura y la belleza.

La función ideológica. Fuertemente ligada a las funciones didáctica y persuasiva aparece la función ideológica. Los pueblos y Gobiernos intentan hacer más efectivo su funcionamiento utilizando diversas formas artísticas. Así, la cineasta alemana Leni Riefenstahl (1902-2003) rodó muchos de los documentales que pretendían ensalzar las virtudes del nazismo y la raza aria mientras que Vladímir Maiakovski (1893-1930) ensalzó la Revolución soviética de 1917. A su vez, Fiódor Dostoievski (1821-1881) puso su obra a disposición de Dios y el zar ruso mientras que Emile Zola (1840-1902) denunció con su obra la corrupción del Gobierno francés.

La tradicional concepción del arte como algo estéticamente bello se rompió en los comienzos de la pasada centuria, cuando la visión distorsionada del mundo y de la vida comenzó a ser objeto de reflexión artística. El grito, obra expresionista del noruego Edvard Munch, es un ejemplo de las nuevas tendencias.

Tipos de arte

Igual que sucede con el concepto de arte, es difícil establecer una tipología de las expresiones artísticas sin tener que enfrentarse a un sinfín de teorías, épocas, corrientes y estudios. El pensador alemán Gotthold Ephraim Lessing (1729-1781) fue uno de los primeros en mostrar interés por desarrollar una tipología de las actividades artísticas. Desde su propuesta de mediados del siglo xviii se han desarrollado innumerables intentos de establecer una tipología definitiva; sin embargo, cada época ha terminado entendiendo las artes de una manera distinta.

Actualmente, la tipología más aceptada es aquella que divide las artes según se centren en lo espacial o en lo temporal. Así, es posible hablar de artes espaciales, temporales y mixtas.

Artes espaciales. También llamadas «artes visuales», se caracterizan por tener una ubicación espacial, por estar en un lugar concreto, y por ser atemporales, es decir, por no desarrollarse en el tiempo. Se incluyen en este grupo las artes plásticas, como la pintura, la escultura y la arquitectura. Sin embargo, hay que decir que durante el siglo xx se han desarrollado formas de pintura y escultura que introducen la variable del tiempo. El cubismo, por ejemplo, pretende sugerir movimiento en el espacio y en el tiempo utilizando diversos planos geométricos.

Artes temporales. Las artes temporales implican un desarrollo de lo que sucede en la obra dentro de un margen de tiempo. Son artes temporales la música o la literatura. En una novela la trama se desarrolla dentro de un periodo definido de tiempo. En Cien años de soledad, del escritor colombiano Gabriel García Márquez (n. 1927), la familia Buendía cambia a través de diversas generaciones. En una pieza musical, las notas que componen la melodía sólo tienen sentido dentro de una estructura temporal. Cada nota adquiere sentido y valor sólo si es puesta en relación con las que la anteceden y la siguen.

Catedral de Brasilia, erigida por el brasileño Oscar Niemeyer. Junto a la pintura y la escultura, la arquitectura es una disciplina artística encuadrada dentro de las artes espaciales o «visuales».

Artes mixtas. Son aquellas obras artísticas en las que se mezclan las dos dimensiones: la temporal y la espacial. Un ejemplo de este tipo de arte es el teatro. En él aparece tanto un plano temporal, el propio de toda obra literaria, como el espacial, ya que es representada en un espacio físico.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta tipología de las artes es sólo una aproximación simplificada al complejo mundo de las expresiones artísticas. Cada pocos años aparecen nuevas matizaciones que relativizan todo el trabajo conceptual desarrollado hasta ese momento, y sobre todo hay que tener muy presente que en la Historia del Arte se termina concediendo mayor importancia a las razones íntimas, subjetivas, que llevaron al artista a concebir sus obras.