La notación musical

La música ha sido transmitida hasta muy avanzada la historia solamente por medios orales a través de las generaciones. Hacia el siglo V, sin embargo, surgió la necesidad de registrar la música como medio para unificar los cantos empleados en las liturgias cristianas. Las primeras transcripciones musicales constituían meras anotaciones mnemotécnicas, con las que se proporcionaba al cantante de oficios religiosos una idea de la melodía por si acaso la memoria flaqueaba. Esta primitiva pauta musical, llamada neuma, consistía en una línea horizontal sobre la cual se dibujaban vagamente los movimientos melódicos. A esta línea se fue añadiendo una segunda, y más tarde una tercera y una cuarta. El monje benedictino Guido d’Arezzo (h. el 995-1050) utilizó ya pautas de cuatro líneas. La actual notación musical es el resultado de la lenta evolución de la vieja técnica de neumas, y se llegó a un acuerdo general sobre su uso en torno al siglo xvi.

La transcripción de los sonidos

Las formas que adopta la música para la unificación de la trascripción de los sonidos son, por un lado, las figuras y los silencios; por otro, el pentagrama. Las figuras son los signos que representan la duración de los sonidos (redonda, blanca, negra, corchea, semicorchea, fusa y semifusa) que se colocan en el pentagrama y que representan notas.

Las notas musicales

La música occidental utiliza una escala natural de siete grados o notas correlativas denominada escala diatónica. Dichas notas se designan según el sistema silábico de tradición latina: do, re, mi, fa, sol, la y si, y termina con un nuevo do. En Alemania y los países anglosajones, se utiliza el sistema alfabético, en el que esta escala es C, D, E, F, G, A y B. Esta escala, que se corresponde con las teclas blancas del piano, se puede ir repitiendo a distintas alturas para generar sonidos más o menos graves.

Entre nota y nota se encuentran otras que, visualmente, se corresponderían con las teclas negras del piano (entre dos teclas blancas se halla siempre una negra). Estas notas reciben el nombre de bemoles y sostenidos y se encuentran situadas en una altura intermedia entre las dos blancas. De esta forma, entre el re y el mi se encuentra el mi bemol; entre el sol y el la se halla el sol sostenido, y así sucesivamente.

Los bemoles y sostenidos no son realmente lo mismo, aunque en un piano son difíciles de distinguir para el profano. Por ello, suelen ser consideradas como equivalentes y, en dicho instrumento, el do sostenido y el re bemol (dos notas distintas), se tocan con la misma tecla: la negra que está situada entre las teclas blancas del do y del re. En un violín, en cambio, sí que es posible distinguir los bemoles de los sostenidos, siendo los primeros más graves. El conjunto de las siete notas de la escala diatónica y sus interpuestas, bemoles y sostenidos, se denomina escala cromática.

La escala cromática y las teclas del piano. Observa que entre mi y fa no hay una tecla negra ya que el intervalo entre ambas notas no es un tono completo como en las demás sino un semitono; el mi sostenido equivale así al fa mayor.

El pentagrama

La notación en altura de las notas musicales se realiza mediante un sistema de cinco líneas paralelas o pautas que se denomina pentagrama. Entre ellas se sitúan cuatro espacios.

Para transcribir las notas de la escala natural a un pentagrama hay que designar la altura de una de ellas, a partir de la cual se ordenan las demás. Esto se realiza mediante el uso de las claves. Las claves más utilizadas son la clave de sol o de tiple, que fija la altura de la nota sol en la segunda línea, y la clave de fa en cuarta, también llamada de bajo, que fija la altura de la nota fa en la cuarta línea.

Ambos pentagramas componen el llamado gran pentagrama, en el que el do central del piano (256 Hz) se coloca en medio. Algunos instrumentos como la viola utilizan la clave de do en tercera, también conocida como de contralto. De más rara aparición son las claves de fa en tercera, do en cuarta, do en segunda y do en primera.

Las notas muy agudas y muy graves requieren el uso de líneas adicionales por debajo y por encima del pentagrama. Si el número de líneas es excesivo y dificulta la lectura, se utiliza el signo de 8.ª colocado por encima o por debajo del pentagrama, que indica que las notas representadas deben ser tocadas una octava más aguda o más grave respectivamente.

La clave de sol y la de fa son las más utilizadas. La primera se marca situando el comienzo de la figura que representa la clave sobre la segunda línea. La clave de fa sitúa su inicio sobre la cuarta línea del pentagrama. En ambos casos, el resto de las notas se sitúan sobre el pentagrama de acuerdo con la posición de la clave.

Figuras y silencios

Las notas, o mejor dicho, la duración de los sonidos que representan, se expresan mediante las figuras, y las pausas mediante los silencios. Las figuras musicales constan de tres elementos, la plica, la cabeza y el corchete. Cuando se transcriben las notas al pentagrama se deben tener en cuenta ciertas normas de ortografía musical. Las notas que se sitúan por encima de la tercera línea llevan la plica hacia abajo, y las que se sitúan por debajo la llevan hacia arriba. La nota que se sitúa en la tercera línea puede llevarla hacia arriba o hacia abajo.

Cuando aparecen varias figuras con corchete seguidas, se unen en grupos uniendo sus corchetes. En un grupo de notas que unen sus corchetes puede hacerse una excepción si se tiene en cuenta el registro general de las notas. Además, si la plica está hacia arriba, la cabeza queda a su izquierda, y si la plica está hacia abajo a su derecha. El corchete, en cualquier caso, siempre se traza a la derecha de la plica y la ligadura uniendo las cabezas de las notas, no de las plicas. 

Es importante tener en cuenta que las figuras no se corresponden con las notas sino con su duración. La situación de la figura con respecto a la clave (y la línea del pentagrama) da la nota de la que se trata: do, re, mi, etc.; la figura, ya sea blanca, negra, corchea, etc., dará su duración.

Existen otras notas de diferente duración, como la cuadrada (su duración es el doble que la redonda), garrapatea (la mitad de una semifusa) y semigarrapatea (la mitad de una garrapatea), que se encuentran claramente en desuso.

Partes de la corchea. Su disposición vertical dependerá de la línea del pentagrama sobre la que se sitúa.

La prolongación del valor de una nota se puede realizar mediante tres elementos. La ligadura permite unir la duración de dos figuras de la misma altura y consiste en una línea curva que une las cabezas de una o varias notas. El puntillo es un pequeño punto que se coloca a la derecha de una figura y prolonga su duración la mitad de su valor. Equivale a ligar la nota con otra de la mitad de valor. Un segundo puntillo aumenta la duración de la figura la mitad de la que añade el puntillo. Por su parte, el calderón se representa por un pequeño arco superpuesto a un punto que se coloca encima de la figura y produce una suspensión momentánea del movimiento cuya duración es discrecional.

Figuras y silencios de la notación musical y su duración respectiva

El compás y la ordenación rítmica

Las figuras musicales se agrupan en unidades de tiempo iguales que se conocen como compases, que proporcionan un patrón rítmico a la sucesión de notas. Los compases se separan en el pentagrama entre sí por medio de una línea llamada barra de compás. Cuando las barras separan partes de una obra o cambios de tonalidad son dobles. La barra doble cuya segunda línea es de mayor grosor que la primera indica fin de obra.

Formas de prolongar el valor de una nota.

Si el ritmo sigue la relación de un tiempo fuerte y otro débil, el compás es de dos tiempos o binario. Esto se indica al comienzo del pentagrama, después de la clave, con un quebrado cuyo numerador es 2; el denominador es un número que representa qué tipo de figura ocupa cada parte del compás. Este número quebrado es la medida del compás.

En estos compases el pulso fuerte ocupa el primer tiempo. Los compases de tres tiempos poseen dos débiles por cada tiempo fuerte, y los cuaternarios son un tiempo binario doble que posee un acento secundario en el tercer tiempo. Ciertos compases utilizan otra nomenclatura tradicional: el compás de 4/4 se puede representar por una letra mayúscula C, y el de 2/2 por el mismo símbolo atravesado por una línea vertical. 

Diferentes tipos de barras de separación de compases en una composición musical.

Según el número de partes o pulsos que tiene cada compás es habitual distinguirlos entre compases perfectos y mixtos o de amalgama. Los compases perfectos son aquellos que se pueden dividir en mitades o en tercios iguales. Dentro de los compases perfectos se distinguen binarios (aquellos que tienen dos pulsos), ternarios (los que tienen tres) y cuaternarios (los que tienen cuatro). Cada uno de los pulsos puede, a su vez, subdividirse en cierto número de fracciones, y así tenemos los de subdivisión binaria y ternaria. De esta forma, los compases pueden ser binarios de subdivisión binaria (2/2, 2/4, 2/8), binarios de subdivisión ternaria (6/4, 6/8), etcétera.

Signos de expresión, articulaciones y tonalidad

La suavidad o fuerza con que suena una nota o frase musical se señalan mediante el matiz y la expresión musical. Las indicaciones de matiz son expresiones tomadas, cómo no, del italiano y aparecen normalmente en la parte inferior del pentagrama. Otras indicaciones de matiz son dinámicas, es decir, representan un aumento o disminución gradual del sonido.

Tabla 1. Indicaciones de matiz dinámicas.

A menudo las indicaciones crescendo y decrescendo se suelen sustituir por los llamados reguladores.

La manera con que se debe atacar una nota o frase musical se indica también mediante ciertos signos o acentos que se colocan sobre las notas o frases musicales, y que constituyen las llamadas articulaciones.

Intervalos y alteraciones

La diferencia en altura o distancia de dos notas cualesquiera se denomina intervalo. El intervalo más pequeño que existe en la música occidental es el semitono. En la escala de las teclas blancas del piano, los intervalos mi-fa y si-do son de semitono, y el resto son de un tono. Las teclas negras del piano corresponden a sonidos alterados, que se representan con los siguientes signos de alteración: sostenido, que sube un semitono el valor de la nota; doble sostenido, que aumenta un tono (dos semitonos) el valor de la nota; bemol, que desciende un semitono la altura de la nota; doble bemol, que desciende un tono el valor de la nota, y becuadro, que anula la alteración anterior. Las alteraciones afectan solamente a la altura en que aparecen y su efecto se mantiene hasta que finaliza el compás, a no ser que se indique otro accidente.

Las escalas

La música occidental tiene su origen en los usos musicales de la Grecia antigua, que estaba basada en un tipo de ordenamiento de las notas musicales de una octava llamados modos. Éstos resurgieron en pleno medievo convertidos en los modos eclesiásticos o gregorianos. Hacia el siglo xvi se aceptaron los modos jónico y eólico y los restantes cayeron en desuso. El primero se convirtió en modelo para la escala mayor, y el segundo para la escala menor.

Indicaciones de las alteraciones musicales sobre el pentagrama.

Una escala es una forma de ordenar las notas; en la música occidental, también se denominan octavas. La escala mayor dispone las siete notas con los intervalos de las teclas blancas del piano. Si se desea obtener la escala mayor tomando como base o sonido fundamental cualquier otra nota, debe alterarse alguna o varias notas. Cada una de las notas o grados de la escala recibe un nombre específico: tónica (i), supertónica (ii), mediante (iii), subdominante (iv), dominante (v), submediante (vi) y sensible (vii).

La escala menor posee también siete notas, pero con una interválica diferente. Procede directamente del modo eólico, y al igual que la escala mayor, para obtener una escala menor sobre cualquier otra nota fundamental deben alterarse las notas. Las tonalidades mayor y menor que tienen las mismas notas alteradas se denominan relativas.

Armadura. La música tonal, que es la mayor parte de la música culta occidental entre los siglos xvi y xix, y una gran parte de la música actual, se basa en el funcionamiento jerárquico de las notas de las escalas mayor y menor en torno a un sonido principal, el de la nota tónica. Las alteraciones que presentan las escalas mayor y menor de cada tónica se conocen como las alteraciones propias, y se distinguen de las accidentales, que son las que, por motivos melódicos o armónicos, pueden parecer eventualmente a lo largo de una obra. Para evitar la reiteración de las alteraciones propias a lo largo de la partitura se colocan éstas al inicio de la misma, inmediatamente después de la clave y antes de la indicación del compás. Estas alteraciones propias se conocen como la armadura de la obra e indican una tonalidad mayor y su menor relativa.  

Otras escalas

Una escala no es sino una ordenación de las notas, y por tanto existe gran variedad de ellas, además de las escalas mayor y menor. La escala menor ha experimentado, por motivos armónicos, una serie de modificaciones, de forma que se puede hablar de tres escalas menores. La ya descrita constituye la llamada escala menor natural pero también existen las llamadas escala menor armónica y escala menor melódica basados en la alteración ascendente de la séptima y sexta nota o grado respectivamente.

En gran número de obras, tanto en el contexto de la música culta como en el jazz, el blues y la música tradicional, aparecen otro tipo de escalas. La escala pentatónica es una de las más antiguas, pues aparece ya en Asia menor en el siglo xx a.C. Está presente en muchas músicas tradicionales, sobre todo en Asia, así como en la música tradicional irlandesa. La escala hexágona aparece ya en episodios de ciertas obras del siglo xx, y está formada por seis notas a intervalos de tono. Por otro lado, la escala de blues es una escala pentatónica menor con una nota extra o cromática. Es muy versátil y constituye la base del blues y el rock. Por último, la escala cromática consiste en la ordenación de las doce notas en semitonos. Constituye la base de la música dodecafónica, cuyas melodías se construyen ordenando con ciertas reglas estos sonidos en series. Es normal representar los sonidos alterados ascendentemente cuando la escala asciende y descendentemente cuando la escala desciende.